Personaje

El señor de los bingos

Yuri Lorena Jiménez
yjimenez@nacion.com

Durante 30 años, Luis Humberto Ramírez fue una de las figuras más conocidas de la televisión nacional. Hoy es dueño de una boyante empresa de bingos.

Las huellas del tiempo apenas han acentuado sus facciones. Sus reconocidas manías (como la forma en que manipula los lentes con sus manos mientras conversa) remiten a las incontables ocasiones en que se proyectó a través de la pantalla del televisor.

Mientras la mayoría de sus colegas se mantienen aún activos en la tevé y otros más han fallecido, Luis Humberto Ramírez Sáenz hizo casa aparte desde 1995, cuando decidió que era hora de retirarse para dar cabida a nuevas generaciones y se dedicó de lleno a la empresa Bingos de Costa Rica, que había fundado en 1981 junto a su hijo, Luis Guillermo Ramírez.

Hoy, con 66 años, su vida discurre en medio del trabajo que le implica la realización de 300 bingos al año no solo en Costa Rica, sino también en Centroamérica. Y es que la fama de sus actividades se extendió a todo el istmo desde hace varios años.

Si bien el volumen de trabajo es cuantioso, ni siquiera se puede comparar con el que manejó a partir de 1969, cuando debutó en un programa deportivo en canal 7 junto con Mariano Sanz y Rodrigo Sánchez (ya fallecido). Desde entonces no solo se convirtió en hombre de televisión sino también de radio, de empresas, de política y, claro, de familia.

La factura por considerarse un "puedelotodo" le llegó en 1981, año en que sufrió dos infartos (uno en febrero y otro en octubre). Esto le cambió por completo la vida y propició un cambio de actitud que, a la postre, le ha permitido llegar a un atardecer reposado.

"Yo había perdido totalmente la perspectiva, hay un momento de la vida en que uno piensa que puede y debe hacerlo todo y eso es totalmente falso. Cuando se madura, la experiencia le va marcando el ritmo y se encarga de enseñarle a uno que hay que priorizar. También le enseña qué es lo realmente importante", reflexiona Luis Humberto con su inconfundible voz.

La vorágine de su trabajo se había iniciado con fuerza en 1971, cuando fundó el programa que lo dio a conocer y por el que más se le recuerda: Seis deportivo. Al principio se transmitía los lunes en un horario de cinco horas continuas (de 9:00 a. m. a 2 de la tarde). Dos años más tarde y a raíz de la aceptación que tenía entre el público, el canal decidió trasladarlo para los domingos.

"Fuimos los primeros en sacar transmisiones deportivas los domingos, pero eso nos costó que nos llamaran locos y herejes, porque en esos tiempos la gente dedicaba prácticamente todo el día a ir a las misas", asegura.

Nacido de nuevo

Pero la fórmula no solo dio resultado sino que se extendió por 14 años. El logro profesional del que más se enorgullece es el de haber narrado y comentado siete campeonatos mundiales de futbol consecutivos, a partir de Alemania 74. Incluso, en el de Argentina 78 fue su narración la que escucharon miles de aficionados en toda Centroamérica, pues canal 6 negoció con las televisoras del área y la locución se centralizó aquí. "Eran tres juegos diarios todos los días. De Argentina solo llegaba el sonido ambiente y yo me encargaba del resto".

Por esos años también trabajaba como comentarista en radio Monumental, se desempeñaba como alcalde en Cartago y, como si fuera poco, había decidido empezar con el negocio de los bingos, que surgió por casualidad y que, jamás imaginó, le daría la oportunidad –muchos años después– de "pensionarse" de la televisión para vivir su madurez holgadamente.

"Don Rodrigo Fumero, que en paz descanse, me dijo que tenía un bingo con todos los aparatos, que de esa forma le habían pagado una deuda y que no sabía qué hacer. Entonces le entré al negocio pero era prácticamente una extra, porque al principio hacíamos cuatro bingos por año", cuenta Ramírez.

Como él mismo dice, con semejante tren de vida "es lógico que reventara por alguna parte".

Aquella noche de febrero de 1981, recuerda que venía de trabajar pasada la 1 de la madrugada. Entonces le empezó un cólico muy fuerte en el pecho que pronto le provocó náuseas y un copioso sudor. Como pudo, llegó al hospital San Juan de Dios, donde le diagnosticaron lo que a esas alturas ya presentía.

Las circunstancias de sus infartos también tuvieron su tinte de ironía. Uno de sus grandes compañeros en la televisión fue el inolvidable Carlos Alberto Patiño, "un hombre al que Costa Rica le debe un gran homenaje".

Pero lo que muchos no sabían es que Patiño y Ramírez habían cultivado una entrañable amistad desde que eran un par de chiquillos, estudiantes del San Luis Gonzaga, en Cartago, donde ambos nacieron.

De hecho, se graduaron juntos de bachilleres junto con otros dos futuros integrantes de la farándula nacional: Nelson Brenes y Jimmy El Gato Avendaño (este último ya fallecido).

El caso es que Luis Humberto recuerda vívidamente cómo Patiño estuvo incondicionalmente a su lado en el hospital, e incluso se ofreció a sustituirlo en caso de que tuviera que cantar algún bingo por esos días, pues justo fue en aquel año cuando Ramírez se vinculó a lo que entonces era una pequeña empresa.

A pesar del reservado pronóstico que obtuvo Luis Humberto a raíz de sus dos ataques cardíacos, él sobrevivió y logró hacer una vida normal. Patiño, en cambio, fallecería un año después, en diciembre de 1982... víctima de un infarto.

Fue por esa época que se decidió a encontrar la fórmula que le permitiera continuar con el trabajo que tanto amaba sin dejar la vida en el intento.

"Yo estoy plenamente convencido de que para mantenerme en forma, después de 66 años, 5 hijos, 8 nietos y dos bisnietos, es porque realmente hallé el secreto para vivir más y mejor: una alimentación sana hace la diferencia en calidad y en cantidad de vida", dice enfatizando cada palabra.

Su fórmula dio resultados porque fue después de sus quebrantos de salud cuando logró posicionarse como uno de los comentaristas y narradores más cotizados en el área de deportes, y más adelante, su dominio frente a las cámaras lo llevó también a trabajar en programas de concursos o a animar los más importantes reinados de belleza en el país.

Sus compañeros de trabajo durante todos esos años fueron todas las figuras que han desfilado por la televisión nacional. "Todos; fui compañero de todos", asegura antes de enumerar: "Pilo (Manuel Antonio) Obando, Luis Gerardo Rojas, Inés Sánchez, Luis Fernando Crespi, Carlos Alberto Patiño, Carmencita Granados, Parmenio Medina, Rodrigo Sánchez, Danilo Arias Madrigal, Nelson Hoffman, Silvia Blanco, Faride Nasralah...".

Incluso destaca la amistad que forjó con el actual presidente Abel Pacheco, pues trabajaron juntos durante muchos años en canal 6. "Es un hombre con el que uno puede conversar las horas que quiera, un conversador incansable. Yo lo quiero mucho", afirmó.

El cartón ganador

Como si hubiera quemado toda la pólvora que alguna vez lo ubicó entre los infaltables de la televisión, hoy Luis Humberto Ramírez se mantiene totalmente alejado de ese mundo. Pero de sus palabras se desprende que no median razones de hastío, ni mucho menos de resentimiento.

Parece más bien haber asumido una lección de vida: "Estoy convencido de que uno en esto tiene su ciclo. Ya cuando este se va cerrando, la gente llega a cansarse y empiezan a ver defectos que antes nunca vieron, que qué raro que hace el ojo fulano, etcétera. Uno tiene que salirse antes de que eso pase" afirma Ramírez, a quien el retiro le quedó "de película" porque coincidió justo con la época de mayor expansión de Bingos de Costa Rica.

A pesar de que sigue siendo un gran aficionado al deporte y de que en su juventud hasta jugó como centro delantero con Cartago, en primera división, ahora apenas si saca el tiempo para ver un partido por televisión.

Casado dos veces y divorciado en ambas ocasiones, ahora reside con su hija Silvia Alejandra, quien es médico.

Y aunque las circunstancias son totalmente diferentes, sigue transmitiendo pasión por medio del micrófono, ahora a través de los bingos que anima y que, según cuenta, requieren no solo de la fisga del animador, sino también de una gran logística previa de la que él se encarga personalmente.

"Sé que en el pasado más de uno ha dicho: '¡No ves: Luis Humberto pasó de transmitir mundiales a cantar bingos!'. Yo digo que lo importante es que, haga lo que uno haga, hay que hacerlo con pasión. Además a mí me da mucho gusto poder ayudar, por ejemplo, a escuelitas humildes, donde hemos ido montones de veces prácticamente de gratis. Eso me llena mucho", afirma Ramírez.

Y es que, según sus palabras, a la hora de cantar sus bingos "no le zafamos el bulto a nada". Dice que convierten el juego de azar en un espectáculo ameno y divertido.

"Ahhhh, nosotros hacemos concursos y ahí sale el más panzón, el más salado, el más suertero. O le damos premios al primero que lleve alguna cosa que se nos ocurra. Por ejemplo el otro día pedimos un euro pensando que nadie tenía ¡y apareció un señor con un montón!".

El otrora hiperactivo Luis Humberto Ramírez ha encontrado gran placidez en sus tres pasatiempos favoritos: la música clásica, los crucigramas y un juego de solitario que él mismo inventó.

Hay quien ha dicho que Luis Humberto Ramírez se convirtió en millonario con su empresa.

Acerca de este comentario, reflexiona brevemente y concluye con parsimonia: "Mire, hace unos siete años le escuché decir a un hombre de Alajuela, de esos que todavía andan descalzos, una frase que desde entonces hice mía: 'Si usted tiene salud y trabajo, entonces es millonario. Y si usted tiene salud, trabajo y no tiene deudas, considérese entonces multimillonario".


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