Sociedad

Cuando llegaron los cuáqueros

Alejandra Zúñiga
azuniga@nacion.com

La localidad de Monteverde, en Puntarenas, fue fundada por un grupo de cuáqueros estadounidenses que buscaban la paz y hallaron un paraíso natural.

ace medio siglo, tres cuáqueros subieron a caballo por las montañas al noroeste de Guacimal, Puntarenas. Luego de sortear un camino empinado y angosto, encontraron lo que para ellos sería la "tierra prometida": un paraje verde, cubierto de bosque y neblina, que pronto se convertiría en su hogar.

Además:
  • Fe y frutos
  • Una hora de quietud
  • Cuatro pilares
  • Avena de otro costal
  • Así nació Monteverde, hoy distrito del cantón central de Puntarenas, famoso por su ecología, su fábrica de quesos y la particular historia de su fundación. Y es que fueron familias provenientes de Iowa y Alabama, Estados Unidos, las que primero se asentaron ahí.

    Cuáqueros o quakers, en inglés, es el nombre utilizado para designar a los miembros de la Sociedad Religiosa de Amigos, una rama del cristianismo que surgió en Inglaterra a mediados del siglo XVII y que se caracteriza por la ausencia de dogmas y de estructura eclesiástica.

    Los tres pioneros que descubrieron Monteverde el 19 de abril de 1951 (John Campbell, Hubert Mendenhall y Howard Rockwell) formaban parte de un grupo de siete familias de 44 miembros en total que habían decidido emigrar de Estados Unidos y establecerse en Costa Rica. ¿La razón? Desligarse de la tradición militar de su país y vivir en un ambiente de paz.

    Todo empezó en 1948 cuando cuatro jóvenes miembros de la comunidad cuáquera de Fairhope, Alabama, se rehusaron a enlistarse en el ejército.

    Las raíces de dicha negativa se encuentran fuertemente arraigadas en la tradición de ese grupo religioso.

    Para los cuáqueros, la paz es un pilar fundamental, igualmente lo es la no-violencia en la solución de toda clase de conflictos.

    "No queríamos ser parte de una institución con la cual discrepamos; no estábamos dispuestos a participar en la preparación de guerras", recordó Marvin Rockwell, uno de los que fueron arrestados y enviados a la prisión federal de Tallahassee, Florida, por su posición.

    Rockwell, quien aún vive en Monteverde, tenía en ese entonces 26 años y recuerda con absoluta claridad las palabras del juez que los condenó en octubre de 1949:

    "Nos dijo que quienes nos oponíamos a las leyes del país y a su gobierno, mejor saliéramos de él. Creo que esto contribuyó a que germinara en nosotros la idea de emigrar".

    Cuatro meses más tarde, los hermanos Howard Jr. y Leonard Rockwell (sobrinos de Marvin) y Wilford Wolf Guindon fueron excarcelados bajo libertad condicional. En ese momento surgió con más fuerza en la comunidad cuáquera la idea de buscar otro país dónde vivir.

    "Sentíamos que con nuestros impuestos estábamos involuntariamente contribuyendo al aparato militar. Otros queríamos que nuestros hijos crecieran en un ambiente que pusiera menos énfasis en las cosas materiales", escribió Cecil F. Rockwell (hermano de Marvin), en el álbum del cincuentenario de Monteverde.

    Así empezaron a explorar y a descartar opciones: Canadá era muy frío; Australia y Nueva Zelanda quedaban demasiado lejos; en México existían restricciones respecto a la propiedad de tierras. Entonces, ¿qué tal Centroamérica?

    Los esposos Mildred y Hubert Mendenhall lograron viajar a Costa Rica en mayo de 1950. "De inmediato nos impresionó la atmósfera relajada y amigable de esta pequeña democracia. Prevalecía un aire de alegría (Ö) No había soldados pues el ejército había sido abolido dos años antes por José Figueres al final de una revolución".

    Un segundo grupo viajó dos meses después y, tras una labor de reconocimiento, regresaron a Estados Unidos y expusieron sus impresiones al resto de la comunidad. Tras muchas deliberaciones, tomaron la decisión de emigrar a Costa Rica.

    Para Lucille Lucky Standing, la prometida de Wilford Guindon (uno de los que habían sido arrestados), esto significó un cambio radical en su plan conjunto de vida. Ambos se habían conocido en un colegio cuáquero de internos, en Ohio, y planeaban casarse una vez que ella (un año menor que él) se graduara.

    "Pensábamos vivir en Fairhope, ya él había conseguido una casa, muebles y cocina, cuando el grupo decidió emigrar. Wolf me lo explicó en una carta y yo naturalmente le dije que adónde él fuera, yo iría. No recuerdo haber sentido miedo", rememoró.

    Se casaron el 14 de octubre de 1950 y, un mes más tarde, se trasladaron a Costa Rica. Ya otras familias del grupo habían iniciado el trayecto por tierra y otros más se habían movilizado en avión.

    Apenas se instalaron en San José, empezó el proceso de búsqueda de terrenos, que se prolongó durante seis meses. Los cuáqueros buscaban un terreno suficientemente amplio para albergar a toda la comunidad, propicio para las labores agrícolas, y de altura para evitar enfermedades asociadas con el trópico.

    Consideraron propiedades en el valle de El General y cerca de la frontera con Panamá, pero ninguna les sirvió. Cuando ya empezaba a generarse una crisis dentro del grupo, apareció un abogado que les ofreció un terreno a 1.400 metros de altura, en las cercanías de Guacimal.

    En abril de 1951, John Campbell, Hubert Mendenhall y Howard Rockwell se encaminaron hacia el sitio con la esperanza de encontrar por fin su hogar. Y así sucedió.

    Luego de su visita, los cuáqueros decidieron comprar 3.000 manzanas de terreno por ¢400.000. Había nacido Monteverde.

    Lo que siguió fue una historia de espíritu pionero, trabajo arduo y un sinfín de obstáculos qué superar. Ancianos, adultos y niños empezaron a trasladarse montaña arriba con todas sus pertenencias. Llegaban hasta Guacimal en un camión de una tonelada y media y en dos jeeps, y a partir de ahí continuaban a caballo y en carreta por un camino difícil y empinado.

    "Recuerdo subir por ese camino tan terrible en un jeep. Estaba oscuro e iba con mis tres hijos, el de dos años en mi regazo, y a veces teníamos que bajarnos porque no lograba subir", recuerda Mildred Mendenhall.

    A pesar de que en el sitio ya habían vivido algunos precaristas, los cuáqueros prácticamente tuvieron que empezar de cero. Una vez que dividieron la tierra (dejaron 1.000 manzanas sin tocar para proteger las fuentes de agua), se instalaron en tiendas de campaña y empezaron a formar su comunidad.

    Cultivaron vegetales y frutas; compraron vacas lecheras; aserraron madera para construir sus casas. Construyeron pozos, experimentaron con recetas de cocina, confeccionaron su propia ropa.

    Lucky Guindon, quien tuvo siete de sus ocho hijos en su casa y aún vive en el mismo lugar, cuenta que compraba la tela de mezclilla en San José para confeccionar sus propios jeans. "Ahora miro atrás y pienso: '¿Cómo logramos todo eso?' Había tanto qué hacer, qué cocinar, qué lavar, qué coser. Recuerdo que en las noches, cuando los niños estaban dormidos, aprovechaba, por ejemplo, para preparar la manteca y era un proceso largo y cansado".

    Poco a poco, la comunidad fue avanzando: construyeron una pequeña planta hidroeléctrica, instalaron un trapiche, una escuela y una pulpería, y arrancaron con una fábrica de quesos en 1954, pues algunos de ellos ya tenían experiencia como granjeros en Estados Unidos.

    La empresa Productores de Monteverde S.A. produjo sus primeros quesos el 8 de abril con 20 galones de leche provenientes de fincas cuáqueras y del resto de la zona. Cada día se producían unos 9 kilos de queso, principalmente cheddar, que se distribuían en San José.

    Hoy, la empresa pertenece a unos 500 accionistas (en su mayoría productores de leche y empleados) y mantiene su planta en Monteverde.

    Una "segunda ola" de colonos arribó a la comunidad en la década de 1970. Algunos eran cuáqueros, aunque de origen diferente a los del primer grupo; otros eran biólogos interesados en la riqueza natural de la zona.

    Entre ellos se encontraba George Powell, estudiante de doctorado de la Universidad de California-Davis, quien contribuyó a establecer la actual reserva biológica Monteverde, propiedad del Centro Científico Tropical.

    Al tiempo que los científicos estudiaban la extraordinaria biodiversidad de Monteverde, los turistas empezaron a descubrir este paraje. En la actualidad es una de las reservas más visitadas del país, según datos del Instituto Costarricense de Turismo (ICT).

    A los visitantes de temporada se han unido artistas, pensionados, voluntarios y estudiantes que hicieron de esta comunidad una muy diversa.

    ¿Qué opinan de ello los cuáqueros originales que aún viven en Monteverde? Para Marvin Rockwell, el panorama ha cambiado de forma radical: "Aunque ahora tenemos muchas más comodidades, la comunidad no se siente tan estrecha como antes, porque ya no somos tan interdependientes".

    Rockwell, quien se casó con la costarricense Flory Salas y tiene cuatro hijos (ninguno de los cuales vive en Monteverde), siente a veces que hay demasiados visitantes, pero opina que, por otro lado, estos turistas pueden adquirir ideas sobre lo que es posible hacer en términos de conservación y, tal vez, imitar esas acciones en sus países.

    Para Lucky Guindon, es difícil aceptar que quedaron atrás los tiempos cuando conocía a todos los habitantes de Monteverde, y sabía quiénes vivían en cada casa.

    Sin embargo, cinco de sus ocho hijos aún viven en la localidad, incluso bastante cerca de ella y su esposo.

    Su hija Melody, por ejemplo, se casó con un costarricense y trabaja como profesora de preescolar; su hijo Ricardo también contrajo matrimonio con una tica y trabaja como guía turístico en la reserva.

    A pesar de tantos cambios, se mantiene incólume el devocional semanal llamado meeting, que celebran los domingos y los miércoles. Esta ceremonia religiosa se considera el corazón de la comunidad cuáquera y una forma de conservar la unidad.

    También se sigue realizando el tradicional square dance (baile folclórico de ciertas comunidades sureñas de Estados Unidos) y los juegos de Scrabble todos los viernes en la casa de Dorothy Rockwell, hermana de Marvin.

    "Nosotros no nos vemos como pioneros", comenta Lucky Guindon.

    "Simplemente teníamos un trabajo qué hacer, y lo hicimos. Siempre he sentido que este es mi hogar, desde la primera vez que vine, y nunca me he arrepentido de ello".


    Fe y frutos

  • "Cuáqueros" es el nombre más utilizado para describir a los 215.000 miembros de la Sociedad Religiosa de Amigos (Religious Society of Friends) que existen alrededor del mundo. También se emplea el término "Amigos" para referirse a ellos.

  • Surgieron a mediados del siglo XVII, bajo el liderazgo de George Fox (1624-1691) y como reacción ante la jerarquía y las imposiciones de la Iglesia de Inglaterra.

  • Los primeros cuáqueros intentaron practicar una forma de cristianismo más apegada a su forma original. Creían en una relación más personal con Dios, sin que mediara una estructura religiosa.

  • El término "cuáquero" deriva de su palabra correspondiente en inglés (quaker). Existen dos versiones sobre su origen. Una cuenta que los primeros cuáqueros temblaban (quaked) cuando hablaban durante sus servicios religiosos; y la otra proviene del término que usó un juez de apellido Bennett cuando George Fox fue enjuiciado por blasfemia en 1673.

  • A diferencia de otras religiones, los cuáqueros no tienen un credo ni una estructura eclesiástica. La premisa de su fe es que "Dios existe en cada persona", por lo que no tienen sacerdotes ni otras formas de autoridad religiosa. Tampoco celebran sacramentos ni consagran edificios.

  • Para ellos, Dios se manifiesta a cada ser humano, solamente hay que aquietarse para escucharlo. De ahí que las reuniones silenciosas o meetings que realizan semanalmente continúan siendo pilar de la vida cuáquera.


    Una hora de quietud

    Al principio la idea sonó como un reto. ¿Sería posible mantenerse en silencio durante una hora sin interrupción? ¿En qué había que pensar? ¿Y si resultaba insoportablemente aburrido?

    Con algunas dudas pero mucha curiosidad, ingresé al meeting dominical de Monteverde este 28 de julio.

    Para los cuáqueros, esta reunión silenciosa es el eje de su vida espiritual. Ellos parten de que Dios existe en cada persona, pero para sentir su presencia, hay que guardar silencio. Solo al mantener la quietud, el individuo puede escuchar su voz interna.

    Los meetings se llevan a cabo los miércoles y domingos en un aula de la escuela de Monteverde, y cualquier persona puede asistir. Es un edificio de madera, con bancas también de madera colocadas en semicírculo mirando a la puerta principal. Me senté en una de ellas y de inmediato me entregaron un folleto con una breve explicación sobre la actividad:

    "No tenemos oficiante designado para que hable u ore en momentos determinados, porque cualquiera puede hacerlo cuando se sienta movido por el espíritu de DiosÖ Nadie empezará el meeting ni lo dirigiráÖ"

    Entonces, ¿cómo saber cuándo inicia y cuándo termina?, me pregunté. Por el momento, quienes iban ingresando se unían a los cantos religiosos. No había instrumentos musicales y simplemente quien quería una canción específica, la pedía.

    A las 10:30 en punto, se cerraron los libros de canto y empezó la hora silenciosa. Éramos unas 40 personas entre adolescentes, adultos y ancianos. Algunos cerraron sus ojos; otros los mantuvieron abiertos. Predominaba la vestimenta informal: jeans, sandalias, botas, chaquetas.

    Afuera solo se escuchaba el viento, el canto de los pájaros y alguno que otro ladrido. Adentro, silencio absoluto, excepto por estornudos esporádicos, un par de carraspeos y un muchacho que no paró de morderse las uñas.

    Aunque se trata de una reunión silenciosa, aquellas personas que sienten la necesidad de expresarse, pueden hacerlo.

    En esta oportunidad, solo dos miembros de la congregación participaron de manera muy emotiva.

    El tiempo pasó sorpresivamente rápido. Cuando menos lo esperaba, la gente empezó a saludarse y a estrecharse las manos. Había concluido el meeting.


    Cuatro pilares

  • Los cuáqueros han desarrollado "testimonios" de fe que podrían considerarse como los equivalentes de credos en otras iglesias. Los cuatros principales son:

    Igualdad: Si todos los individuos tienen a Dios en ellos, ¿cómo puede existir alguien superior al otro? Debido a esto los primeros cuáqueros se negaban a quitarse el sombrero frente a las autoridades y por la misma razón lucharon contra la esclavitud en Estados Unidos.

    Paz: Como resultado del principio de que Dios existe en cada persona, los cuáqueros se oponen a la violencia y la guerra. Buscan métodos pacíficos para resolver todas las formas de conflicto.

    Integridad: La persona necesita estar en armonía consigo misma y vivir de acuerdo con sus creencias. También se concede gran importancia al concepto de comunidad y al servicio dentro de esa comunidad.

    Simplicidad: Ellos afirman que es difícil escuchar al Espíritu Divino cuando este se ahoga entre las complicaciones mundanas. Si el individuo invierte demasiado tiempo y energía en preocuparse por las posesiones materiales, habrá menos posibilidad de introspección. Esta es la razón por la cual los cuáqueros evitan todos los excesos.


    Avena de otro costal

  • Debido a que la ciudad de Filadelfia y el estado de Pensilvania, en Estados Unidos, fueron fundados por cuáqueros, existen muchos pueblos y negocios cuyo nombre incluye la palabra "quaker". Es el caso de la localidad de Quakertown.

  • La imagen de los envases de la avena Quaker Oats los persigue. Sin embargo, los cuáqueros de hoy no visten a la usanza de sus antepasados y no usan sombreros de ala ancha ni prendas negras. Su ropa es, por lo general, sencilla pero sin características inusuales.

  • "A veces bromeamos con que los turistas esperaban vernos a la par de la fábrica de quesos, con sombreros y un rótulo que dijera: 'Somos cuáqueros'". Pero eso es solo un estereotipo, nosotros no vestimos así", recalca Lucky Guindon, vecina de Monteverde.

  • También los cuáqueros tienden a ser confundidos con los amish, grupo religioso desciendiente de los menonitas. A diferencia de los cuáqueros, los amish se mantienen separados del mundo moderno y siguen estrictas normas con respecto a su vestimenta. Además, no usan automóviles ni artefactos eléctricos.

    Fuente: Página web del Centro de Información Cuáquera, de Filadelfia, Pensilvania (www.quakerinfo.org)


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