Religión

Por la señal de la Santa Cruz...

Randall Corella V.
rcorella@nacion.com


Cientos de astillas del madero en que Jesús fue crucificado son objeto de culto en muchos rincones del planeta.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Una mano va de arriba abajo y de derecha a izquierda, para dibujar en el aire la señal de la cruz. Años después de la crucifixión de Jesús, aquel madero que soportó el cuerpo del Nazareno durante su agonía fue desenterrado del Gólgota; sus astillas llegaron a muchos rincones del mundo y su figura se convirtió en un signo de triunfo para los cristianos.

Hoy una cruz destaca en la parte alta de los templos o pende del cuello de algunos creyentes, como uno de los pocos símbolos universales que es común a todas las confesiones cristianas. Para muchos fieles, con la muerte de Jesús aquel "árbol siniestro", compuesto por dos trozos de madera cruzados perpendicularmente, pasó a ser la prueba más grande del misterio de la salvación eterna, traída al mundo por el hijo de Dios.

Por eso, hasta la fecha, decenas de astillas del sagrado madero son veneradas en basílicas, catedrales e iglesias del mundo, aunque ciertos escépticos todavía dudan de la autenticidad de estas reliquias, dada la gran cantidad de trozos distribuidos en el planeta.

Precisamente, a partir del siglo III tuvo lugar un insólito tráfico de objetos sagrados. Paños de la Verónica, plumas de las alas de los ángeles, dedos de santos, huesos de mártires, túnicas, sandalias y hasta el prepucio de Jesús, supuestamente sacados de alguna parte, recibieron adoración en diferentes iglesias del mundo y alimentaron la ambición de los coleccionistas.

Como era de esperar la Santa Cruz no escapó de ese interés colectivo. La historia relata que en el año 325 y después de haberse convertido al cristianismo, Santa Elena, madre del emperador Constantino, se dirigió a Tierra Santa con la consigna de encontrar las reliquias del Salvador.


"Algunos escépticos creen que si se juntaran todos los trazos de la Cruz de Cristo, alcanzaría para formar un bosque".

Durante varios meses estuvo en el monte Gólgota y tras demoler un templo dedicado a los dioses del Imperio Romano, guiada por inspiración divina señaló el lugar donde se enterró el letrero que Poncio Pilatos mandó a colocar en la parte alta de la cruz de Cristo. Apenas reinició la excavación halló tres cruces.

"Parece que para averiguar en cuál madero falleció Jesús, llevaron enfermos y los fueron pasando por cada una de las cruces. Cuando tocaron una en especial todos quedaron sanados: esa fue la prueba fehaciente de que se trataba de la 'Vera Cruz' o la cruz verdadera", explicó el canónigo prefecto Bernardo Mora, sacerdote de la Catedral Metropolitana.

Una vez autentificado el hallazgo, la emperatriz dividió la cruz elegida en tres partes: el trozo principal se quedó en Jerusalén, el segundo fue enviado a Constantinopla y el tercero, lo llevó personalmente a Roma. Poco después muchos pequeños trozos obtenidos de la pieza guardada en Tierra Santa, fueron dispersados como regalo a reyes e iglesias.

En el año 326, la misma Santa Elena mandó construir una Basílica de la Santa Cruz en Jerusalén y otra en Roma, para guardar las reliquias del sagrado madero.

Sin embargo, el 20 de mayo del 614, los persas entraron en Jerusalén. Destruyeron la ciudad, mataron casi 30.000 cristianos y se llevaron el Lignum Crucis.

Hasta en Costa Rica

Pasaron 11 años hasta que el emperador de Heráclito I mató al jefe de los persas, en el valle del Tigris, y recuperó la cruz, para traerla de vuelta a Jerusalén.

"La historia agrega que el mismo Heráclito I cargó la cruz con solemnidad para ingresarla a la Catedral en Jerusalén. Desde entonces comenzó a celebrarse en todo el mundo católico la invención de la cruz el 3 de mayo y la exaltación de la cruz el 14 de setiembre, para conmemorar la fecha en que el Santo Madero regresó a Tierra Santa", explicó Mora.

Minúsculas astillas de las Santa Cruz han llegado a muchos rincones del planeta. Se cree que en el Monasterio de Santo Toribio, en Liébana, España, existe el trozo más grande del sagrado madero (63 centímetros de largo por 39,3 de ancho).

Un recuento del escritor español Juan Eslava Galán, determinó que actualmente los trozos más importantes de la Santa Cruz son celosamente guardados en Roma, Jerusalén, París, Bolonia, Madrid, Segovia y Santander. Otros pedazos cruzaron el Atlántico y se alojaron en Cuba, en el templo parroquial de Baracoa.

Dos pequeñas astillas llegaron hasta nuestro país, para ser resguardadas con celo dentro de la Catedral Metropolitana. Una de ellas está dentro de una medallita; la otra en una cruz de 25 centímetros.

"Cada uno de los pedazos es minúsculo. Fueron traídos al país por el obispo Bernardo Augusto Thiel, quien junto con el canónigo Víctor Manuel Arrieta los consiguió gracias los contactos que ambos tenían en la Basílica de la Santa Cruz de Jerusalén, a principios del siglo pasado", detalló Mora, custodio de estos singulares recuerdos.

De acuerdo con el prefecto, hasta hace algunos años estas reliquias eran expuestas en la celebración del 3 de mayo; sin embargo, la fiesta de la Cruz dejó de realizarse en los últimos lustros.

¿Verdadera?

Hace un año, cuando la BBC publicó una investigación sobre el rostro de Jesús, la polémica sobre la validez de las reliquias volvió al primer plano.

En marzo del 2001, el estudioso alemán Michael Hasemann, afirmó en la presentación de su libro Titulus Crucis(el INRI de la iconografía cristiana), que el trozo del sagrado Madero y el segmento del letrero conservados en la basílica romana de la Santa Cruz de Jerusalén son verdaderos. Hesemann aseguró que la prueba del Carbono 14 ubicó las reliquias en el siglo I de nuestra era.

Ya en 1870, el francés Rohault de Fleury hizo un catálogo con todas las reliquias de la Vera Cruz, incluso aquellas que se daban por perdidas.

Rohault las midió y estimó el volumen total, para descubrir que si los fragmentos estuvieran juntos, no alcanzarían un tercio de las dimensiones supuestas para la cruz.

Como respuesta a los escépticos, en 1985, el médico forense Pierluigi Baima Bollone, director del Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Turín, aseguró en su libro L' impronta di Dio(La huella de Dios) que las reliquias distribuidas por el mundo, pueden tener un alto grado de autenticidad.

Baima Ballone partió de las medidas del brazo horizontal de la supuesta "cruz del buen ladrón", venerada en Roma. Este madero mide 178 centímetros de largo por 13 de alto y otros 13 de ancho.

"Las medidas corresponden a 30 millones de milímetros cúbicos de madera. Si el brazo horizontal de la cruz de Jesús hubiera tenido dimensiones parecidas, solo con él se habría podido obtener 10 millones de pequeños fragmentos de 3 milímetros cúbicos, cada uno", detalló el médico en su obra.


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