Historia

El correo que cambió la historia

Ignacio Santos P.
isantos@teletica.com


Las ilustraciones que acompañan a este reportaje son recreaciones en una prolija investigación histórico, Esta es la plaza mayor de Ciudad de Guatemala, en Antigua, de donde partieron, en setiembre de 1821, diversos emisarios a caballo con el acta de la independencia para cada provincia del itsmo.

El sábado 13 de octubre de 1821 comienza como un día ordinario en la más aislada provincia del antiguo Reino de Guatemala, pero terminará como el más importante desde que Cristóbal Colón, en setiembre de 1502, pisa las tierras de lo que se llamaría Costa Rica. Aquella mañana, un hombre, a caballo, parte de la joven ciudad de San José hacia la vieja metrópoli, Cartago, seis leguas al este. Los sencillos labriegos que lo ven galopar por el Camino Real –un poco más que un trillo– ni se imaginan que lleva un documento que cambiará la historia de la apacible provincia, provocará una agitación nunca vista y engendrará la primera guerra civil...

Además:
  • Días nublados
  • Curiosidades
  • Independencia express

    Infográfico:

  • La ruta del acta
  • En 1821, los casi 60.000 habitantes de la provincia más indigente de todo el Imperio español –como la describe pocos años antes el gobernador Tomás de Acosta– sobreviven gracias a lo que cultivan y a un incipiente comercio.

    No hay un solo médico, menos una farmacia; no se publica nada, porque no hay ni una imprenta y solo unos cuantos costarricas saben leer y escribir; los escasos "caminos" –para no decir "senderos"– son precarios en verano e intransitables en invierno; no existe moneda acuñada y aún el grano de cacao se utiliza como dinero.

    Años antes, un gobernador cuenta que "las gentes son tan pobres que tienen que prestarse la ropa para ir a misa".

    La insignificancia de la Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Cartago contrasta con las ínfulas aristocráticas y los aires monárquicos que soplan por la aletargada capital. Pero la "quietud sepulcral" de la vieja metrópoli se romperá ese 13 de octubre...


    "La libertad no es más que una oportunidad de ser mejores".
    Albert Camus

    El jinete llega a Cartago al mediodía. Sin demora, busca al coronel español don Juan Manuel de Cañas, Jefe Político Subalterno de la Provincia y ferviente defensor de la Madre Patria, y le entrega el correo extraordinario procedente de Guatemala.

    "Quedó profundamente sorprendido y no atinó qué hacer –cuenta Carlos Monge Alfaro en su Historia de Costa Rica–. Al fin, tomó el camino lógico, cual era el de reunir al pueblo en la plaza principal de Cartago. Acudieron las autoridades civiles, militares y eclesiásticas, así como los labradores. Con el alma en un hilo, nerviosos e inquietos, acudieron al llamado del gobernador. Desde hacía mucho tiempo no se les convocaba a Cabildo Abierto. ¿Qué había ocurrido? ¿Eran buenas o malas noticias?"

    Una bomba...

    Mientras en otras regiones de América los movimientos libertarios duran décadas y épicas batallas cobran decenas de miles de vidas... a Costa Rica la Independencia le llega de sorpresa y por correo.

    Una erupción del Irazú habría provocado menos desasosiego entre los cartagos. Sin pedirla ni esperarla, sin valorar su significado y ni remotamente atisbar cómo podría alterar sus monótonas vidas, perplejos, escuchan la lectura de un documento que, en cuestión de minutos, cual devastador terremoto, echa por el suelo tres siglos de dominación española.

    Aflicción
    "Ante la angustia por la inesperada noticia, los hombres más influyentes suplican al cura una misa de rogación a la Virgen".

    En aquellos días, Cartago tiene alrededor de 15.000 habitantes, siete iglesias modestas y varias manzanas de casas de adobe, de un piso, con ventanas de madera y suelos de ladrillo cocido, cuando no de tierra. John Hale, un inglés que nos visita en esa época y a quien se tiene como el primer mortal que desciende al cráter del volcán Irazú, reporta que la ciudad ocupa una milla de terreno, "las tierras, las casas y la vida son notoriamente baratas, y los habitantes muy afables y corteses". Pero en esa ciudad, donde años y décadas pasaban con modorra, ese sábado cambiará la historia...

    "Los prohombres de Cartago escucharon en profundo silencio y con el alma en un hilo la lectura del acta de Guatemala, que caía como una bomba en la quietud sepulcral de la vieja metrópoli –dice don Ricardo Fernández Guardia en su libro La Independencia–. Tan estupenda novedad causó verdadero asombro en el auditorio, que no estaba preparado para recibirla".

    Los desconcertados cartagos reciben dos documentos que, en vez de aclarar la situación, provocan más dudas. En primer lugar, el Acta de Independencia procedente de Guatemala, donde se acuerda crear un Congreso con representantes de las provincias para "decidir el punto de la independencia y fijar, en caso de acordarla, la forma de gobierno". En segundo lugar, la proclama de la Diputación Provincial de León –instancia de la que depende Costa Rica–, en que se acuerda la independencia de Guatemala, pero se deja en suspenso la de España "hasta tanto que se aclaren los nublados del día". Ambos documentos, en vez de despejar el horizonte, lo encapotan aún más.

    El primero en hablar ese mediodía de octubre de 1821 es el hombre fuerte de Cartago. Don Juan Manuel de Cañas, quien deja el ombligo en Jerez de la Frontera, tiene alrededor de 60 años y es un hombre autoritario y de malas pulgas. Comprende que la posición de León es la más afín a los intereses de la Corona española, la apoya y propone pedir instrucciones al Congreso que reside en Madrid para que "nos remitan instrucciones que sirvan de arcoíris de la paz en tan lúgubre situación".

    Sin ninguna discusión, ese 13 de octubre de 1821, los 18 hombres más influyentes de la capital, acuerdan "en un todo sujetarse a lo determinado por la Diputación Provincial de León". Lo que ignoran en ese momento es que, dos días antes, el 11 de octubre, los leoneses ya habían disipado los nublados y proclamado la total independencia de España. La decisión que sirve de base a los costarricenses ese 13 de octubre ya estaba anulada, pero el nuevo acuerdo de León llegaría a Cartago hasta dos semanas después...

    Finalmente, consta en el Acta que se firma a las 3 de la tarde que, "ante la angustia por la inesperada noticia", le suplican al cura una misa de rogación a la Virgen "para que los ilumine en sus determinaciones en época tan lamentable".

    Cañas debe considerarse satisfecho con la decisión de los cartagos que dejan "en veremos" la independencia de su querida Madre Patria. Al otro día, el domingo bien temprano, marcha a San José, Alajuela y Heredia para convencer a los Ayuntamientos de la conveniencia de imitar a León y no proclamar la independencia de España "hasta que se aclaren los nublados del día". Pero, aprovechando la ausencia del autoritario Cañas, los cartagos se desdicen totalmente de lo convenido en el Cabildo Pleno del 13 de octubre...

    "Pacíficos espectadores"

    Juan Manuel de Cañas reunió al pueblo en la plaza de Cartago. ¿Qué habría ocurrido?, se preguntaban, pues hacían mucho no se convocaba a Cabildo Abierto. (Foto: Byron Moreno y Freddy Solís/La Nación.

    El lunes 15 de octubre, 48 horas después del acuerdo comentado, los cartagos deciden no tomar partido ni por España, ni por Guatemala, ni por León. En sesión extraordinaria del Ayuntamiento acuerdan solo acusar recibo de las Actas, e informan a los otros Ayuntamientos de la Provincia que:

    "Hemos retractado hoy nuestro voto resistiendo absolutamente de tomar partido, previniendo que por ahora no se haga novedad alguna en el particular, y que se conteste a una y otra autoridad (Guatemala y León) el recibo de los papeles... Mientras que el tiempo decide la suerte seremos nosotros unos pacíficos espectadores de sus resultados... Es claro que de nuestra indiferencia ahora ninguna responsabilidad puede resultarnos y de tomar partido, mucha".

    Esta decisión de Cartago es respaldada por San José y Alajuela. Heredia se mantiene firme a lo decidido por León.

    Un siglo después, Cleto González Víquez, dos veces Presidente de la República y gran conocedor de la historia patria, describe la orfandad en que se encontraba la Costa Rica de 1821; sin soldados para defender sus vidas y humildes haciendas; más que descuidada, olvidada; con pobladores incultos y pobres que nunca sufrieron las vejaciones que los españoles realizaron en otras regiones del imperio, y con autoridades civiles y religiosas fieles al régimen imperante.

    Ante este cuadro, don Cleto pregunta: "¿Qué de extraño que nuestros antepasados, que ni anhelaban la independencia ni estaban preparados para tomar en sus manos el Gobierno, observasen entonces una conducta vacilante y aún medrosa?"

    La suerte, echada

    Para tratar de poner la casa en orden, los josefinos proponen la creación de una Junta Provisional de Gobierno. Por su parte, cuando Cartago solicita a cada uno de los Ayuntamientos que envíen legados o representantes para esa Junta, surge la polémica de si deben ser los ayuntamientos o el pueblo quien los elija, y en esas discusiones están cuando llega otro correo extraordinario...

    La noche del 28 de octubre llega a San José un Acta de la Diputación Provincial de León que despeja totalmente los nublados.

    Los leoneses proclamaban la absoluta independencia de España y, acto seguido, se suman al Imperio de Iturbide.

    Advertencia
    En el Cabildo del 13 de octubre en Cartago, Juan Manuel de Cañas pidió al pueblo "no circular expresiones que perturben la paz del vecindario".

    Los josefinos, por su parte, proclaman la independencia, se someten a las órdenes de la Junta de Legados que habían propuesto, y se lanzan a las calles a celebrarla. La suerte está echada.

    Los josefinos, preocupados por la reacción del impulsivo Juan Manuel de Cañas, envían un emisario para advertir de la buena nueva a Cartago. Enterado don José Santos Lombardo, llama a un grupo de vecinos y, a las 3 de la mañana, sin la menor oposición, toman el mísero cuartel de la vieja metrópoli y ponen a buen recaudo el precario armamento.

    Horas después, presidiendo el Cabildo Extraordinario y Abierto de Cartago el resignado Jefe Político, don Juan Manuel de Cañas, se acaban las dudas, temores y vacilaciones y, con la presencia de los legados de los otros ayuntamientos, se acuerda sin ninguna polémica y por unanimidad:

    "1. Que se publique, proclame y jure solemnemente el jueves primero de noviembre la Independencia absoluta del Gobierno Español.

    2. Que absolutamente se observarán la Constitución y leyes que promulgue el Imperio Mexicano, en el firme concepto de que en la adopción de este plan consiste la felicidad y verdaderos intereses de estas Provincias".

    Ese mismo día, 27 hombres firman el Acta que algunos consideran –debatible– como la de la Independencia de Costa Rica, y para demostrar el júbilo "del público en señal de reconocimiento de nuestra libertad e independencia del Gobierno español", acuerdan iluminar durante tres noches las calles de la ciudad, así como pagar la música y una misa solemne para el 1° de noviembre, para evidenciar "que este Ayuntamiento ha recibido en su seno patriótico la nunca bien ponderada libertad".

    Pasadas las fiestas con dianas, salvas de artillería y aguardiente, el 12 de noviembre se constituye en Cartago la Junta de Legados de los Pueblos, o Junta Interna Gubernativa de la Provincia, bajo la presidencia del presbítero Nicolás Carrillo, representante de Escazú. Entre sus primeras decisiones está aceptar la renuncia del Jefe Político subalterno don Juan Manuel de Cañas; proclamar a Costa Rica como Diputación independiente de León, y acordar la redacción de lo que será nuestra primera Constitución: el Pacto Social Fundamental de la Provincia, mejor conocido como Pacto de Concordia. Eso sí, nos independizamos del poderoso Imperio Español, pero nos sometemos al improvisado Imperio de Iturbide...

    ¿Acaso una maldición?

    (A modo de epílogo)

    El acta del 29 de noviembre, la Junta de Legados y el Pacto de Concordia, son el comienzo de un largo camino que no acaba...

    Vendrán tiempos difíciles. La primera guerra civil –en abril de 1823– enfrenta a imperialistas y republicanos.

    Dos meses después cae el Imperio de Iturbide y, durante casi dos décadas, seremos parte de la difusa República Federal Centroamericana. Braulio Carrillo proclamará el Estado libre e independiente en 1838 –para algunos la verdadera Independencia– y sentará, con mano dura, las bases de la incipiente nación.

    Reafirmarán la Independencia en la revuelta contra Francisco Morazán. En 1848, José María Castro Madriz proclamará la República, será dos veces Presidente, y las dos será obligado a renunciar.

    En 1856, la Campaña Nacional contra los filibusteros consolidará la vocación de nación, aunque sus principales héroes, don Juanito Mora y el general Cañas, terminarán fusilados cuatro años después. Tomás Guardia gobernará, durante más de una década, sobre vidas y haciendas.

    La segunda mitad del siglo XIX estará plagada de golpes de estado y fraudes electorales que continuarán en las primeras décadas del siguiente siglo. Para Cleto González Víquez, nuestra democracia será "una grata ilusión y una dulce mentira".

    Comienza el siglo XX y don Ricardo y don Cleto dejarán hacer y dejarán pasar...

    Llegan los años 40 y, desde trincheras diferentes, Rafael Ángel Calderón Guardia y José Figueres Ferrer engendran, con desgarramientos, una nueva sociedad más justa y democrática.

    Pasa el tiempo, surgen nuevos problemas, vendrán otro Figueres y otro Calderón, ahora en la misma trinchera, y terminarán el siglo, sin pena, pero sin gloria.

    Al comienzo del tercer milenio, ¿quién puede juzgar como pusilánimes o serviles a los costarricas que en 1821 reciben, sin merecer, la independencia?

    Acaso hoy –se preguntará algún lector–, dos siglos después, ¿no sigue vigente la maldición de evadir decisiones "hasta tanto se aclaren los nublados del día"?


    Días nublados

    Un día como hoy, pero en 1821, en el Palacio de Gobierno de Guatemala, los 56 hombres más influyentes de la ciudad se reúnen para conocer las noticias que llegaban de México, donde Agustín Iturbide, un militar que –después de combatir a los patriotas mexicanos– cambia de bando, propone la creación de un imperio y ofrece la corona al rey Fernando VII u otro miembro de la casa reinante.

    Esto se conoce como el Plan de Iguala y, en el fondo, lo que procura es pasar de súbditos a socios del imperio español.

    Después de una intensa polémica, al filo de la medianoche redactan el histórico documento que, con gran vaguedad, proclama, a "medias tintas", la independencia de España.

    El Acta de Independencia, en su cláusula I dice que la voluntad del pueblo de Guatemala es independizarse, "sin perjuicio de lo que determine sobre ella el Congreso que debe formarse".

    Previsible
    "Si Guatemala proclama una independencia ambigua, ¿qué podemos esperar en las provincias subordinadas?

    Asimismo, la cláusula II pide a las Provincias elegir representantes a ese Congreso que se formará para –óigase bien– "decidir el punto de independencia y fijar, en caso de acordarla, la forma de gobierno y la ley fundamental que deba regir". Por lo tanto, dentro de las potestades del mentado Congreso está la posibilidad de "no acordar" la independencia, y aquí no pasa nada.

    Si Guatemala proclama una independencia ambigua, ¿qué podemos esperar en las provincias subordinadas?

    El 27 de setiembre, la noticia llega a León, sede de la Diputación Provincial y ante la que se acreditaban los representantes de las Provincias de Nicaragua y Costa Rica. La Diputación de León, enemistada por años con Guatemala e influenciada por las autoridades españolas de la ciudad, acuerda un día después independizarse de Guatemala y, con respecto a España, acuñan la histórica frase de "los nublados". Los leoneses resuelven:

    1. La absoluta y total independencia de Guatemala, que parece haberse erigido en soberana.

    2. La independencia del gobierno español, hasta tanto se aclaren los nublados del día, y pueda obrar esta Provincia con arreglo a lo que exigen sus empeños religiosos y verdaderos intereses.

    3. Que en consecuencia continúen todas las autoridades en el libre ejercicio de sus funciones con arreglo a la Constitución y a las leyes.

    La frase de "los nublados" se le atribuye al obispo de León, fray Nicolás García Jerez, ferviente monárquico y quien presume que la sorpresiva independencia será flor de un día.

    El Acta de Guatemala y la de León son leídas en el Cabildo de Cartago el 13 de octubre de 1821. Pero el correo extraordinario traía dos más: una carta del Capitán General Gabino Gaínza, donde comenta los acontecimientos del 15 de setiembre en Guatemala, y un oficio del Ayuntamiento de Guatemala, en que se solicitaba al de Cartago seguir su proceder.

    De lo que no se enterarían los cartagos hasta el 28 de octubre es que la Diputación Provincial de León, después de la famosa "Acta de los Nublados", resuelve, el 11 de octubre, que:

    "Se proclame y jure pública y solemnemente la independencia absoluta del gobierno español en los mismos términos que la propone en su plan don Agustín Iturbide y bajo los auspicios del ejército imperial".

    Esta Acta aclara el panorama. Llega a Cartago el 29 de octubre, y con base en ella el Ayuntamiento –con la presencia de los representantes de todos los demás– acuerda la independencia absoluta del Gobierno español y observar la Constitución y las leyes que promulgue el Imperio Mexicano.

    La independencia es confusa desde su origen. En Guatemala se condiciona a la voluntad del Congreso que se convoca con representantes de todas las provincias. En León, se posterga hasta que se aclaren los nublados del día.

    Los costarricas, los últimos del Reino en conocer las nuevas noticias, deciden solo acusar recibo de dos actas que, lejos de despejar el horizonte, lo preñan de nubarrones.


    Curiosidades

    Acta perdida

    El Acta de Independencia original del 15 de setiembre de 1821 desaparece durante más de un siglo. No fue sino hasta 1933 cuando el director de los Archivos Nacionales de Guatemala da con ella. Don Rafael Obregón Loría, advierte que "el texto de las copias que conocíamos presenta algunas pequeñas diferencias con el original".

    Rafael Francisco Osejo.

    ¿Y la cláusula 9?

    Quien revise el Acta de Independencia constatará que, al terminar la cláusula 8, sobre la creación de una Junta Provincial consultiva, salta a la 10... ¿Qué pasó con la cláusula 9? Simplemente, se atribuye a un error de quien redacta el documento.

    El nica patriota

    Aunque se le ha llamado desde "traidor a la patria" hasta "uno de los hombres más decisivos en la evolución de Costa Rica", Rafael Francisco Osejo es uno de los hombres más ilustrados de la época y uno de los principales impulsores de la independencia plena y la creación de un Estado soberano. También, Osejo defiende que los representantes de la Junta de Legados deben ser electos por el pueblo, y no por los pocos miembros de los Ayuntamientos. Según Ricardo Fernández Guardia, antes del 13 de octubre de 1821, "tan solo unos pocos hombres soñaban con ella en secreto... El oráculo de este puñado de patriotas era el bachiller don Rafael Francisco Osejo, natural de León de Nicaragua, quien había sido contratado en 1814 por el Ayuntamiento de la ciudad de San José como profesor de filosofía en la Casa de Enseñanza de Santo Tomás, fundada y sostenida por el vecindario. Muy inteligente y bastante instruido, pero a la vez intrigante y turbulento".

    Gabino Gaínza.

    Para don Hernán Peralta, es "el intrigante más insigne que ha pisado tierra de Costa Rica", pero reconoce que "era un tipo interesante, complejo, hasta cierto punto atractivo, pues su prédica separatista y republicana, no obstante la falsedad del sujeto, contribuyó a asegurar en el ánimo de los costarricenses la convicción del gobierno propio, en momentos en que esta convicción era contradicha con argumentos harto entendibles".

    Constantino Láscaris, atribuye a subjetividades las críticas al bachiller y asegura que "Rafael Osejo, José María Castro y Roberto Brenes Mesén han sido los tres hombres de más decisivo influjo en la evolución del país".

    Dos pesos de multa

    A pesar de los trascendentales temas que se discutían, las ausencias a las sesiones del Ayuntamiento eran frecuentes. Para evitarlas, el 17 de octubre de 1821, deciden "que el individuo que falte a cualquiera sesión, ya ordinaria, ya extraordinaria sin tener impedimento legítimo, pague o exhiba una multa de un par de pesos".

    Grafitis monárquicos

    Algunos, no contentos con la Independencia, escriben por las noches consignas monárquicas en las paredes de adobe de Cartago. El Ayuntamiento no se anda por las ramas y el 31 de octubre, horas antes de los actos oficiales de la proclamación, resuelve, "que se imponga premio a cualesquiera individuo que con justificación delate a cualquiera otro que con osadía o atrevimiento fije en esquinas o parajes públicos papeles infamatorios del buen orden que se ha entablado después de que felizmente juramos nuestra libertad e independencia".


    Independencia express

    Juan Manuel de Cañas.

    Las voces más calificadas en historia patria narran y valoran la sorpresiva independencia que, plagada de ambigüedades y envuelta en "nublados", sorprende a los entonces llamados costarricas.

    Llevándola suave...

    "Actos oficiales de naturaleza dura o de carácter despótico no habían despertado en la colonia el menor deseo de sacudir el yugo de la dominación españolaque para los costarricenses resultaba, si no de provecho y estímulo, por lo menos suave y llevadero–, ni el menor propósito o siquiera leve pensamiento de asumir una actitud de rebeldía". / Cleto González Víquez.

    Pobres, pero leales

    "Costa Rica, la pobre e infeliz provincia, se había mantenido siempre en estado de completa tranquilidad y de la más cabal fidelidad a su Rey. Los movimientos revolucionarios de su vecina Nicaragua, El Salvador y de todo el Reino de Guatemala, y hasta el estruendo de los heroicos combates de la América del Sur, no habían podido sacarla de su indiferencia por la causa de la insurrección". / León Fernández Bonilla.

    Se acabó la calma

    "El correo extraordinario llegó a Cartago el 13 de octubre de 1821. La ciudad estaba en calma, autoridades y pobladores se dedicaban a sus labores diarias; nada hacía sospechar que la correspondencia procedente de Guatemala trajera noticias que dejaran el ánimo en suspenso". / Carlos Monge Alfaro.

    Dolidos con Guatemala

    "En cuanto a la falta de entusiasmo de la mayoría de los pobladores, la verdad es que habían vivido en la colonia muy separados del régimen español, y en los tiempos de la Independencia resienten más de Guatemala que de España". / Eugenio Rodríguez Vega.

    Gracia suprema

    "Fue Guatemala, por medio de los oficios de León de Nicaragua, la que le impuso a Costa Rica su independencia. No sabía cómo disfrutar de este obsequio el cual declaró aceptar cuando se aclararan los nublados del día. Por fin se atuvo a las consecuencias de este gracia suprema que le llovía del cielo y que tanta sangre estaba costando en otras latitudes de América". / León Pacheco.

    Llovió del cielo, pero...

    "Se repite a menudo con una cierta intención despectiva que la Independencia nos llovió del cielo. Esto es cierto, pero la confirmamos con sangre de Morazán y con la Guerra del 56. La Independencia, la revuelta contra Morazán y la Guerra del 56, son la trilogía de nuestra soberanía nacional". / Mario A. Jiménez Q.

    Un pueblo sin héroes

    "Independientes sin guerra de independencia; liberado del coloniaje español por virtud de un oficio llegado de Guatemala un día de octubre de 1821, en que se le hacía saber que desde el 15 de setiembre... En suma, un pueblo sin sentido trágico de la existencia. Un pueblo sin héroes, y que si alcanza a tenerlos, los destruye o los olvida, que es otro modo de destruir". / Isacc Felipe Azofeifa.

    Caso único

    "Pero como en Costa Rica no hubo una guerra de Independencia, pudieron acomodarse los sucesos a ciertas reglas de convivencia que se basaron en la legislación vigente, y se verificó el traspaso de la soberanía con un ritmo legal que hoy resulta tal vez único en la evolución histórica del continente". / Hernán G. Peralta.


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