Jorge Vergara

Rey Midas sin calcetines

Randall Corella V.
rcorella@nacion.com


A punta de millones, el mexicano Jorge Vergara sacó al Deportivo Saprissa del peligro de extinción.

Durante todo el 2002 el nombre de Jorge Vergara Madrigal solo ocupó una línea de texto en los periódicos de Costa Rica y fue para mecionarlo como el productor financiero de la película Y tu mamá también.

Pero, en lo que va del 2003, el millonario mexicano ha figurado en más de 250 artículos de prensa, a los que se suman múltiples entrevistas en noticiarios de radio y televisión.

Estas cifras bastan para aniquilar cualquier duda de que, desde los primeros meses de este año, la incursión de Vergara y su empresa Omnilife en la compra del Deportivo Saprissa fue todo un boom noticioso. El dinero del magnate llegó como bote salvavidas hasta un equipo a punto de hundirse, un monstruo en peligro de extinción que cargaba una deuda de ¢1.700 millones.

Aunque antes había venido decenas de veces a Costa Rica, el 6 de marzo pasado Vergara fue recibido por una multitud que abarrotó el estadio Ricardo Saprissa para conocer al rey Midas que convertiría a su equipo en oro puro.

Una semana antes, el dueño de Omnilife puso $400.000 (unos ¢150 millones por esas fechas) en las arcas saprissistas y aseguró que en 60 días sacaría al equipo de toda deuda. Solo debía comprar más del 51 por ciento de las acciones de la sociedad anónima deportiva para ser el nuevo dueño del club morado.

Y así fue. El hombre que unos años atrás se autodefinía como "gordito fracasado", el mismo que no usa calcetines porque asegura que los pies son el termostato del organismo y las medias lo funden, se convirtió en jerarca de uno de los equipos más populares del país.

Y aunque había declarado que no sabía nada de futbol, los negocios en este gremio no eran algo nuevo para el acaudalado tapatío: en noviembre del 2002 compró el equipo de su ciudad, las Chivas de Guadalajara, toda una institución del balompié azteca.

Buen año

Como hizo con su club en México, apenas asumió el poder del cuadro tibaseño, Vergara repartió sus promesas de político y le transformó la cara a su nueva propiedad. Cambió el técnico, el uniforme, el escudo, la mascota y hasta amenazó con levantar otro estadio, porque el viejo reducto "ya no sirve".

Llenó páginas y páginas de los diarios con publicidad del Saprissa y hasta quiso hacer apuestas con los presidentes de otros clubes para reafirmar el poderío de su equipo. Ahora, pocos meses después de haber pasado por incógnito, hasta se da el lujo de ver los partidos de su equipo acompañado por el Presidente de la República.

Lo cierto es que ha cumplido sus promesas: Saprissa es hoy el mejor equipo del país, campeón invicto del Torneo de Apertura, un equipo goleador que ostenta un invicto récord de 20 fechas y, por supuesto, una empresa sin deudas.

"El 2003 fue un buen año en todos los aspectos. Logré todas las metas establecidas en mi negocio y mis metas personales se vieron influidas por esos éxitos. Todo es gracias al Saprissa, aunque fue una responsabilidad que yo asumí, fueron todos los que trabajan en el equipo los que permitieron que mi nombre haya sido de interés en este año", afirmó Vergara el domingo pasado, mientras celebraba el título morado.

También para el 2004, las cosas pintan estupendamente para Vergara. Su empresa de productos alimentarios factura ganancias anuales por $700 millones, se ha extendido a diez países y sigue creciendo.

En el plano deportivo, ha puesto los ojos en equipos de América y Europa, prometió mejorar el rendimiento de las Chivas y no renuncia a la idea de construirle otra cueva al Monstruo.

"Para el próximo año, queremos lograr el campeonato con el Saprissa y arrancar con el nuevo estadio, para que el club siga creciendo".

Aunque muchos digan que sus palabras solo reflejan sus ánimos de figurar, lo cierto es que, a fuerza de dinero y de noticias, Jorge Vergara pasó de ser un completo desconocido a ser el padre de una de las mayores aficiones del país.


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