Espectáculo

Vía libre a la música

Alejandra Zúñiga
azuniga@nacion.com

Treinta años después de marcar un hito en la historia del pop costarricense, Vía Libre regresa a los escenarios como un proyecto familiar.

Corría el año 1973. Cinco muchachos con edades entre 17 y 23 años subieron al escenario del Primer Festival Intercolegial de la Canción, en el colegio La Salle, en San José, y con sus acordes románticos sedujeron a los asistentes.

El resto es historia, una historia musical que aún perdura.

Dicho festival –que se realizó el 9 de junio y cuya entrada costaba ¢5– selló el despegue de Vía Libre, grupo que marcó un hito en el pop costarricense y hoy, como una empresa familiar, continúa cautivando a su público.

Tras un impasse de varios años, Fernando Castro Sandí, voz principal y líder de la agrupación desde sus inicios, se unió con sus tres hijos –Fernando (32 años), Andrés (27) y Daniel (23)–, para rescatar los viejos temas de Vía Libre e incursionar con nuevas canciones.

Desde 1998 regresaron a los escenarios de manera regular. Allí interpretan los clásicos de los años 70 y 80: Amada mía, No he dejado de amarte, Ciudad solitaria, Flores de papel, Recuérdame, y Tu barca no está más en mi bahía, frente a un público que recuerda, vibra y canta.

"Es lindísimo escucharlos y revivir con ellos esa época. Vía Libre fue un grupo muy especial, que marcó a nuestra generación", manifestó una de sus seguidoras, Ana Cecilia Dobles, subdirectora del colegio Saint Paul.

Y es que Vía Libre se convirtió en todo un fenómeno musical. Sus canciones se tornaron en himnos románticos para los jóvenes y sus discos de acetato vendieron miles de copias. En 1980, por ejemplo, la casa Dicesa les otorgó un disco de oro por los primeros 50.000 ejemplares de Flores de papel, todo un éxito de ventas en aquellos años.

Su origen

Para Fernando Castro, parte de su éxito se debió a que interpretaban canciones en español, muchas originales. "Yo tocaba en un club que se llamaba 4-15, con el Pibe Hine y Fernando Bermúdez, cuando surgió la oportunidad de presentarnos en algunas ciudades de Estados Unidos. Estando allá, se me 'encendió el bombillo' y pensé en formar un grupo en Costa Rica. Regresé, estuve un año con Paco Navarrete y después empecé con el proyecto".

Castro, quien en ese entonces tenía 23 años, reclutó a su hermano Édgar, de 17, y al baterista Adolfo Sáenz, con quien había compartido escenario en algunas ocasiones.

A través del empresario Carlos Lachner, promotor del grupo, contactó a Bernal Valverde, tecladista de una banda de rock llamada Blood Intersection y este, a su vez, recomendó al guitarrista Roberto Yglesias.

Una vez juntos, comenzó el período de selección de canciones, así como los ensayos. Aunque primero barajaron el nombre Arimaca, finalmente optaron por llamarse Vía Libre.

El quinteto debutó en el gimnasio de La Salle en 1973, y partir de entonces se desató un boom de presentaciones en festivales y bailes de colegios. Tocaron en el Saint Clare, el Anastasio Alfaro, el Sión y el Seminario, entre otros.

"El grupo nos gustaba muchísimo. Es curioso porque estaba en su apogeo el rock de los 70, y ellos eran ticos, cantaban en español y música romántica. Pese a esto, llenaban siempre los bailes", recordó Virginia Vega, seguidora del grupo, quien entonces cursaba tercer año en el liceo Franco Costarricense.

Con el apoyo de la emisora radio Mil, el éxito de Vía Libre fue inmediato en el área metropolitana y, poco a poco, se extendió al resto del país. En ese mismo año, grabaron su primer disco de larga duración bajo el sello RCA Víctor con los temas La noche de verano (el primer sencillo), Deja de llorar, chiquilla, Gabriela, Ven y vuelve a mí, Nuestra canción, La aventura del Poseidón y Un día sin ti, entre otros.

"Grabamos en el estudio Audiocentro, que quedaba en Barrio Amón, y el técnico fue Fernando Polini, quien hacía milagros con la poca tecnología de ese tiempo. Con decirle que si pasaba un avión, teníamos que repetir lo que estábamos haciendo porque se escuchaba el ruido", rememoró Castro.

El productor musical Alfredo Chino Moreno estuvo presente en esa primera grabación y recuerda la calidad del grupo: "Musicalmente, eran muy buenos, y Fernando siempre cuidó la excelencia de los arreglos y de los instrumentos. Además, había mercado para ese estilo de música, tipo Abracadabra y Amigos; era una propuesta pop-rock, con cierta influencia argentina, y el característico sonido de la guitarra eléctrica, la batería, con el beat anglosajón, y un toque hispanoamericano", agregó.

Para Roberto Yglesias, parte del éxito de Vía Libre radicó en su estructura vocal: "Cantar en tres y hasta cuatro voces marcó una gran diferencia con respecto a los otros grupos del momento".

Tanto Édgar Castro como Adolfo Sáenz están de acuerdo en que el grupo innovó dentro del ambiente musical de orquestas y conjuntos tropicales que existía en Costa Rica.

Primeros cambios

Con los años, además de los éxitos en ventas y presentaciones, también llegaron los cambios. Bernal Valverde y Roberto Yglesias salieron del conjunto en 1974 debido a sus estudios universitarios. "Llegó un momento en que o me hacía músico o me hacía ingeniero, así que tuve que salir", explicó Valverde.

A pesar de la continua rotación de sus siguientes integrantes, el grupo logró grabar ocho elepés entre 1974 y 1984, año en que finalmente se desintegró.

Siguieron entonces un par de años de "desintoxicación musical" –como los llama Fernando– y después él continuó como solista, tanto en hoteles como en fiestas privadas.

"Yo calculo que Vía Libre siempre fue Fernando Castro. Además del talento para componer, él posee un timbre de voz muy particular; eso hizo que el grupo tuviera un impacto tremendo", manifestó Moreno.

En 1997, surgió por primera vez la idea de resucitar la agrupación, pero como un proyecto familiar. Los tres hijos de Castro habían crecido y tenían instrucción musical; dos de ellos (Andrés y Fernando) incluso poseían un conjunto aparte.

La idea adquirió fuerza y, en julio de 1998, el nuevo Vía Libre participó en la gira "25 años de recuerdos", en compañía de Ricardo Acosta, Los Gatos y Lucho Muñoz.

"Yo en ningún momento planeé que mis hijos tocaran conmigo, pero desde esa gira tomamos la decisión de continuar como cuarteto", aclaró Castro.

Los muchachos se tomaron el proyecto tan en serio, que hoy se dedican totalmente a él. De hecho, ninguno ejerce la carrera que estudió.

"Ser abogado, administrador de empresas o doctor no es lo normal en una familia de músicos. Si a uno le gusta la música y tiene algo de talento y apoyo, ¡está listo!", comentó Andrés, voz, teclado y manager del grupo.

Así, en el 2002 grabaron con Omega Music un disco compacto titulado www.buscandoamor.com, donde combinan nuevas canciones (Poco a poco, Si no estás) con adaptaciones de viejos éxitos (Te lo pido de rodillas, Sin sufrimiento).

Su primer sencillo, Hoy igual que ayer –un popurrí de canciones de los años 70– se escuchó con fuerza en emisoras nacionales.

¿Y cómo afecta el trabajo a la dinámica familiar?

"Pasa mucho que en los ensayos hablamos de asuntos familiares o que en una reunión familiar comentamos sobre las presentaciones", manifestó Daniel, quien toca las guitarras.

"La ventaja es que todos vamos hacia un mismo lugar y tenemos una fuerte identidad de grupo, así que esperamos que haya Vía Libre para rato", añadió Andrés.


© 2003. LA NACION S.A. El contenido de nacion.com no puede ser reproducido, transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito de La Nación S.A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.com