Desde la cueva

Juan Carlos Soto: Alma y madera

Roberto García H.
rgarcia@nacion.com



Es carpintero desde siempre. De niño, construía los muebles de las muñecas de Ana. Un buen día, al inicio de la década de 1970, sus padres lo matricularon en el programa de la Orquesta Sinfónica Juvenil. Y el pequeño carpintero fue violinista.

La mezcla de la destreza con la sensibilidad musical derivó, años más tarde, en la de constructor de instrumentos. Es un luthier. Así define el arte musical a los fabricantes de instrumentos de cuerdas para la música antigua y la música clásica. Juan Carlos Soto Marín es el único artesano profesional costarricense graduado en este campo.

"El violín o la guitarra son una extensión del cuerpo."
Juan Carlos Soto

De la bodega de los instrumentos de la Orquesta Sinfónica Nacional, donde lo ubicó doña Mercedes Campos, cuando era apenas un mozalbete, partió a Italia con una beca de cuatro años. Se quedó 15. "Al terminar los estudios en Cremona, la ciudad natal de Stradivri, me di cuenta de que, recién graduado, uno está apenas para la jaula de los leones. Entonces me propuse ser un maestro, y como el camino de la superación es infinito, sigo aprendiendo".

Retornó a Costa Rica en 1999. La predicción de una pianista costarricense, quien le advirtió en Italia que si volvía a nuestro país terminaría vendiendo tiliches en la Plaza de la Cultura, no se cumplió. Por el contrario, Juan Carlos cuenta con un taller de fabricación de instrumentos de cuerda de primer orden, cotizados por músicos profesionales de nuestro país y del exterior, a quienes tiene en lista de espera.

Guitarras clásicas, violines antiguos y modernos, mandolinas, laúdes, arpas y muchos otros instrumentos pasan por sus manos, porque los construye o los restaura.

"No vendo instrumentos, vendo un estilo de vida. Le entrego a cada artista un poco de mi alma en la madera de un violín, de una guitarra, de un clavichémbalo..."

Ébano del Gabón, palisandro de la India o de Río de Janeiro, abeto alemán o tapas de coníferas canadienses; clavijeros alemanes o japoneses, cuerdas alemanas o estadounidenses, tales son las materias primas que este creador elige para elaborar sus instrumentos, que se tocan en Costa Rica, Italia, Alemania, España, Estados Unidos, Corea, Taiwán y Japón, por intérpretes como Paulo Cherichi, profesional de música antigua, o Massimo Lonardi, un laudista, quien grabó un disco de música antigua inglesa; así como la esposa de Soto, Tania Vicente, laudista y musicóloga.

El oficio que comenzó a perfilar en sus tiempos de colegial en el Liceo Laboratorio, cuando construyó un charango en la clase de artes industriales, lo convirtió en un luthier, ese artesano-artista de un material sensible, en cuya génesis no puede haber margen de error.

Las vueltas de la vida. La hermana de los mueblecitos de muñecas, Ana Istarú, siguió los caminos de la poesía y de la dramaturgia, mientras que el pequeño carpintero se consagró a su misión de arte y tiempo: moldear la madera, para extraerle el alma.


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