Entrevista

Gloria entre riscos

Yuri Lorena Jiménez
yjimenez@nacion.com


Gloria Valerín asume las consecuencias de decir lo que piensa. Por ejemplo, que es atea, que su marido no le ayuda en la casa y que no es ficha política del Presidente.

Su rostro se caracteriza por la afabilidad; y su verbo, con frecuencia, por la acidez. A los 48 años, Gloria Valerín Rodríguez pareciera no percibir que hasta sus verdades personales destilan controversia, quizá porque asegura que desde su más tierna infancia asumió como una máxima de vida decir de frente lo que pensaba y, probablemente, desde entonces se acostumbró a asumir las consecuencias.

La plática con la diputada es sabrosa y distendida, pues ni las preguntas más incómodas la hacen arquear una ceja. Hubo que apartarla, eso sí, de su oficina en el Congreso para departir –durante un almuerzo de tres horas– sin interrupciones del teléfono y sin visitas.

Además:
  • Se dice de ella...
  • Su cuidadoso maquillaje y peinado, su traje sastre, y su sobria y fina joyería, revelan a una mujer coqueta que sin duda invierte buen tiempo en su cuidado personal.

    Hace 30 años, esta misma mujer era una revoltosa activista de izquierda, integrante entusiasta del desaparecido partido Vanguardia Popular. De hecho, varias veces esto le costó pasar la noche en la cárcel debido a su participación en protestas, huelgas y otras manifestaciones de aquella época convulsa.

    Pero su batalla en favor de los derechos de las mujeres había empezado mucho antes, probablemente en la infancia, pues el destino hizo que naciera en un hogar con cuatro hermanos más, todos varones.

    "Me pasó lo que a la mayoría de las chiquitas que tenían hermanos; ellos dedicados a jugar, y yo, dedicada a la casa. Pero entonces, la casa era un dominio donde yo ponía las reglas, y las peleas eran feroces cuando ellos no se ajustaban; como cuando yo limpiaba y ellos ensuciaban; eso me ponía como los diablos", cuenta entre risas.

    La influencia de su abuelo paterno, Luis Valerín –quien era un comunista activo– también la marcó desde primer grado de la escuela. "Más de una vez, la maestra se encontró fotos de Stalin entre mis cuadernos", cuenta doña Gloria, quien pasó sus primeros dos años de edad en Sardinal de Guanacaste y después se trasladó a Hatillo 2, donde radica hasta la fecha.

    "Después de un buen pleito yo más bien me activo."
    Gloria Valerín

    "Por eso, muchas veces he dicho que yo no podría nunca actuar en contra de las instituciones del Estado, porque si no hubiera sido por el INVU (Instituto Nacional de Vivienda y Urbanismo) probablemente mis papás nunca habrían podido tener casa propia", razona.

    Su casa colindaba con un precario y sus mejores amigos de infancia provenían de ahí. La experiencia la marcó para toda la vida.

    "Yo empecé a preguntarme por qué mis amigos no tenían comida, ni una casa decente... Y más o menos a los 12 años dejé de creer en Dios. Al principio, fue una actitud casi de rencor; ya después uno va madurando su creencia y eso se vuelve una actitud ante la vida. Y todavía pienso así. No sé si es bueno o malo decirlo, pero diay, así es: yo no soy creyente".

    Casada con Óscar Madrigal Jiménez, Gloria Valerín crió a María Celina y Raúl (hijos de un primer matrimonio de él) y además tuvo tres hijas: Amanda, Natalia y Diana, quien recientemente cumplió 18 años.

    ¿Cómo es la vida de una mujer que, un día sí y el otro también, se echa encima la maquinaria conducida por varios hombres –y también mujeres– que la consideran extremista y que la acusan de haber provocado en el país una guerra entre sexos? ¿A qué le teme? ¿Con cuál político ha firmado "fichaje"? ¿Realiza labores domésticas una feminista como ella? Las respuestas a estas y otras preguntas forman parte del extracto que sigue y que, así como la entrevistada, están teñidas de sinceridad... y también de polémica.

    – ¿Qué tan difícil ha sido enfrentarse a todo un aparato legal y cultural que no está de acuerdo con su reivindicación de la mujer, o al menos con la forma en que usted la plantea?

    –Por supuesto que esto ha tenido un gran costo político, familiar, profesional y emocional. Ha habido momentos en que me he sentado a llorar, pero desde muy pequeña, he sido muy sensible y decidí que no podía pasar por el mundo sin hacer algo para revertir en algún grado tanta injusticia.

    "Cuando estaba en la escuela aprendí una lección: la mujer transgresora es tolerada hasta cierto límite, pero cuando amenaza cualquier tipo de poder, se convierte en objeto de ataques y críticas demoledoras".

    –Pero usted también ha sido atacada por mujeres...

    –¡Por supuesto! Es que las mujeres somos creadas para multiplicar el sistema, para reproducirlo, y como somos excelentes en casi todo lo que hacemos, pues también lo somos en eso. Las transgresoras tenemos que pagar un precio, el de la descalificación, los apelativos, los calificativos, la lapidación. Porque es verdad: algunos, si pudieran, me lapidarían. Lo que pasa es que yo ni soy María Magdalena a la que puedan lapidar, ni estoy para vengar redentores de quinta categoría que no necesito para nada. Yo he asumido esto con una fortaleza diferente; pero ha costado.

    –De todas las luchas que ha librado ¿cuál la enorgullece más?

    –De las luchas en las que yo he participado, porque no han sido solo mías, definitivamente la Ley de Paternidad Responsable, porque ahí están los resultados: un 85 por ciento de niños han tenido que ser reconocidos por sus padres. La ley ha generado un cambio de actitud; ahora los hombres se cuidan más.

    –Algunos piensan que ha satanizado usted a los hombres.

    –Tal vez yo no me he dado a entender bien y por eso algunos piensan eso, aunque también es lógico que se diga tal cosa en una sociedad donde el hombre manda y la mujer obedece. Cuando usted cuestiona esa estructura de poder, ¿a quién está cuestionando? A quien tiene el poder y se siente muy cómodo en esa posición.

    "Pero yo no satanizo a los hombres, estoy convencida de que no hay relaciones de pareja más satisfactorias que aquellas en que ambos se respetan, se admiran y se quieren. En las relaciones en que el uno decide por el otro, no puede haber satisfacción".

    –¿En qué momento se fortalece su compromiso con las mujeres?

    –Mire, a mí nadie tiene que contarme el cuento. Yo tuve que dejar mis estudios y mi militancia en el Partido (Comunista) para criar a mis hijos. Los hombres tienen un proyecto de vida; se van con becas, escriben libros, estudian, tienen una vida propia... Uno no tiene opción. Nosotros éramos de clase media baja; yo tenía un salario de secretaria y Óscar era funcionario del Partido Comunista, o sea, le pagaban tres veces al año. Yo sé lo que es estar con la marimba de chiquitos esperando el bus dos horas y que no pare porque va muy lleno. Sé lo que es estar con todos en la parada, llevando agua. Viví en carne propia la necesidad urgente de que se establecieran guarderías infantiles...

    "Pude retomar los estudios hasta que tenía 32 años, y me gradué de abogada con honores a los 37, pero aún siendo una súpermujer, arrastro culpas por todo lo que debí sacrificar en uno u otro ámbito. No podía con todo".

    –Hace unos meses, alguien envió masivamente, por correo electrónico y en forma anónima, un voluminoso expediente con el título "Sepa quién es Gloria Valerín". Hablaba sobre el supuesto robo de un brassier en una tienda, cuando usted tenía 18 años. ¿Sabe de qué se trata?

    –Cuando uno toca el poder económico, el patriarcal y el social, uno se vuelve un problema y los demás tratan de descalificarlo. Esa fue la intención de ese anónimo que circuló.

    –¿Pero lo que decía era cierto?

    –No es cierto en los términos en que ellos lo plantean.

    – ¿Quiénes son ëellosí?

    –No supe exactamente, pero presumo quiénes son. Hay algunas personas que he incomodado desde antes, y no necesariamente por las luchas en favor de las mujeres. Cuando llegué al Departamento de Servicios Técnicos de la Asamblea, me encontré con un montón de borrachos y sinvergüenzas, a los que tuve que poner en su lugar. Por supuesto, una mujer no puede hacer eso y ahí empecé a ganar enemigos, y después, en las luchas de las mujeres, también. Es el precio de no pasar por la vida sin hacer algo por los demás.

    – ¿Qué dice de la acusación en su contra?

    –Yo no soy responsable de ese hecho que se me imputa. ¿Qué sucedió? Hacen un juicio en el que a mí no me llaman, no soy notificada. Ahí lo dice claramente, en el texto que circuló. Cuando yo me enteré, fui a los Tribunales de Casación Penal y, por supuesto, me eximieron de toda pena y responsabilidad.

    "Pero eso no es lo importante, si bien no fui culpable de eso, sí hice otras travesuras con chiclets, un libro, qué se yo. Me he tenido que acostumbrar a eso y a muchas cosas más, incluso a que me inventen relaciones extramatrimoniales."

    –¿Por ejemplo?

    –Un día en una discusión del plenario, alguien preguntó qué tenía yo con Fabio Chaves (sindicalista del ICE), y yo dije: ëPues muchas más cosas de las que usted se imaginaí, refiriéndome a las posiciones que tenemos en común. Una periodista sacó eso de contexto e insinuó que yo era amante de él.

    "Han dicho lo mismo de otros funcionarios y no ha faltado quien diga que soy lesbiana porque estoy en esta lucha. Me lo dijeron hasta en un programa de radio".

    –¿Cómo ha hecho su esposo para conciliar todo esto?

    –Óscar es un hombre muy inteligente, muy culto y muy sensible. Pero, aun así, yo he tenido con él los mismos problemas que muchas mujeres tienen con los hombres porque ellos se resisten a asumir roles tradicionalmente asignados a la mujer.

    "Sin embargo, eso nunca ha sido un problema para mí porque yo he sido la súpermujer y, por otro lado, él ha apreciado más mis cualidades como persona y como compañera. Yo soy una mujer chineadora, cariñosa, ¡y no hay un ser más chineado en esta vida que Óscar Madrigal!"

    –¿Cómo están distribuidas las tareas domésticas en su casa?

    –Entre semana tengo empleada; pero los fines de semana, la cocina es mía. Me encanta y a ellos les encanta que yo les haga de todo: pan, queques, postres, ensaladas, carnes y arroces.

    "Esos días yo les sirvo a todos y a Óscar con un gran cariño. Sin embargo, a veces, pocas veces, me da cólera tener que hacerlo, pero tengo que hacerlo".

    –Pero ¿por qué tiene qué hacerlo?

    –¡Diay! Porque es parte de la costumbre, es parte de lo que a uno le cuesta mucho romper.

    – ¡Pero usted es Gloria Valerín!

    –El problema es que en esto no hay retorno, porque culturalmente, diay, Óscar no me sirve el desayuno a mí.

    – ¿Usted no cree que la gente se va a extrañar de leer esto?

    –A lo mejor se extrañan, pero es que la verdad es así. Óscar dice que lava y a mí me da risa, ¡lava pa' la foto! porque no lava nunca. El recoge La Nación en la mañana... Déjeme ver qué más hace... Espérese para ver.... Nada... ¡Ah, a veces saca la basura los fines de semana, pero protesta!... Bueno, y a veces les pone las trampitas a los ratones...

    –A su esposo, ¿lo molesta la gente por ser el marido de Gloria Valerín?

    –¡Claro! Le dicen: ë¡Qué bruto con esa mujer; es terrible. Seguro te tiene debajo del zapato!í. Lo vacilan mucho...

    –Y a usted ¿qué le dicen en la calle? ¿La insultan?

    –Yo me expongo mucho porque salgo mucho. La mayor parte de la gente es afectuosa conmigo y su mensaje para mí es que siga adelante. Claro, uno no sabe si eso será la mayoría o serán los que se atreven a acercarse. Son más mujeres que hombres, pero hay hombres y mujeres que me lo comentan.

    "Anónimamente, ya usted vio lo que hicieron a través de Internet. Sí he oído con frecuencia cómo insultan a otras mujeres. Cuando estaba en discusión lo del salario para el ama de casa, me tocó ver una señora que se varó debajo de un semáforo, y un taxista le gritó: ë¡Qué dicha que ya le van a pagar para que se quede en la casa!í. ¡Qué colerón!"

    –Hablemos de política. La mayoría de los diputados son "ficha" de alguien. ¿A quién le debe respeto usted, a Rafael Ángel Calderón, a Miguel Ángel Rodríguez o a Abel Pacheco?

    – Son amores distintos. Hacia don Miguel Ángel tengo un cariño casi paternal, lo quiero mucho, pero de ninguno de los tres tengo imposiciones. Don Miguel Ángel es tan respetuoso que jamás se le ha ocurrido decirme: ëUsted tiene que hacer esto asíí. Con Calderón tengo un encantamiento porque es un caballero, es inteligente, sabe de política. Nos entendemos muy bien, le tengo afecto. Con don Abel he tenido una relación más de amigos que se ha distanciado un poco a raíz, sobre todo, de los asuntos del ICE. Tenemos una muy buena relación. De modo que, como ficha de alguien ¡difícil!

    –Y de Óscar Arias, ¿qué piensa?

    –De Óscar Arias pienso que es un hombre muy vanidoso que tiene que hacer un esfuerzo para moderar su vanidad y entender a los costarricenses, que lo quieren mucho como expresidente.

    "No sé si vamos a tener los mismos resultados cuando enfrente una contienda electoral y tenga que decir que está de acuerdo con vender o abrir el ICE... Él debería pensar si es la persona que requiere la Costa Rica de estos tiempos Aparte de eso, un gran respeto".

    –¿Quién es, a su juicio, el mejor diputado?

    –Hay varios que podría yo identificar... Cada quien en su estilo. Pienso que Rodrigo Alberto es un buen diputado. Déjeme ver... en Liberación, don José Miguel Corrales, Gerardo Villanueva. En ëel bloqueí (grupo disidente del PAC), Emilia Rodríguez, doña Margarita Penón. En la Unidad, hay varios. Es difícil porque se resienten, sobre todo mis compañeros. Yo diría que en la Unidad, don Rolando Laclé, Mario Redondo y Aída Fishman merecen mi respeto.

    –¿Y cuál el peor?

    –De que los hay, los hay, pero prefiero no herir a nadie.

    – ¿Qué piensa de su eterno contendiente, Federico Malavassi?

    –¡Bueno! En el Movimiento Libertario, Federico Malavassi es un buen diputado, a pesar de que tenemos posiciones totalmente diferentes. A los libertarios al menos les reconozco que dicen lo que piensan, en eso merecen respeto. Sin embargo, adverso de manera contundente que sean enemigos de las mujeres.

    "Federico es un hombre de la extrema derecha de este país y, desde ese punto de vista tenemos tesis diferentes. Yo no creo que la libertad de mercado le garantice la libertad a las personas; tampoco pienso que hay que destruir al Estado, reducirlo a su mínima expresión, para que el mundo camine bien. Hemos tenido experiencias nefastas en el pasado".

    –¿Cree usted que las propias diputadas del Congreso están preparadas y dispuestas a apoyar medidas legislativas de avanzada en torno a la igualdad de género?

    – Algunas sí y otras no. Es que las mujeres no tenemos el monopolio en nada; solo el monopolio de ciertos despojos. Las mujeres somos ciudadanas hace poco, cuesta que las mujeres entendamos. Lo bueno es que cada día más mujeres están dando luchas de género.

    –Hace unos días trascendió que el esposo de la Ministra de la Condición de la Mujer, Esmeralda Britton, tiene una demanda de paternidad. ¿Qué opina de eso?

    –Cuando uno está dando una lucha de estas, es muy duro que le suceda algo así. Lejos de señalarla a ella, el responsable –o el irresponsable– es el señor que no asume. No sé si estará comprobado o no, pero él mismo, cuando contesta a los periodistas, dice que no sabe si el niño es de él. O sea, debería ser un asunto común, pero se le revierte a ella porque es figura pública y además porque ella, justamente, está en este tema.

    "Mi solidaridad para con ella y, en cuanto a su compañero, pues que asuma su responsabilidad, si la tiene".

    –Tras jornadas tan cargadas de encontronazos, ¿cómo hace para "bajarse" cuando llega a su casa?

    – ¡Ah no! A mí hace años que eso no me roba la paz. Muchas de las situaciones que le producen estrés a la gente, a mí más bien me dan vitalidad. Después de un buen pleito yo más bien me activo. Además, cuando llego, hablo mucho con mi marido y eso me relaja.

    "Y no hay fin de semana que no salgamos. Claro, a mí me gustaría que me llevara a bailar porque yo soy muy alegre, me encanta cantar y bailar. Pero, ni modo, esa es una de las cosas en las que he tenido que transar... A él no le gusta.

    – Y si se diera el caso, en una fiesta de la Asamblea, ¿se bailaría una piecita con Federico Malavassi?

    – ¡Ah, yo bailo con él! ¡Sin ninguna duda! Es más ¡hasta más de una piecilla nos echaríamos!


    Se dice de ella...

    Federico Malavassi, diputado del Movimiento Libertario: "Doña Gloria tiene la virtud de ser apasionada, pero eso se puede convertir en un defecto porque a veces pone más pasión que razón en sus luchas. En su afán de proteger a las mujeres, a veces resultan desequilibrios y asimetrías que podrían ir contra la integración de la familia.

    "Es una persona muy inteligente, pero desdichadamente con mucho estatismo y mucho socialismo, y contamina muchísimo a la fracción socialcristiana, porque ella no es socialcristiana".

    Oscar Madrigal Jiménez, abogado. Esposo de Gloria Valerín: "Yo la califico como una mujer brillante, muy valiente, de posiciones definidas, sin ningún cálculo ni ambición. Eso le ha permitido decir muy abiertamente las cosas como ella las cree y las piensa.

    "Su posición feminista no me ha afectado porque yo participo de esas ideas de liberación. ¿Quién puede estar en contra de que la mujer tenga los mismos derechos que el hombre? Nosotros no tenemos contradicción, más bien nos complementamos".

    Pedro Beirute, abogado especialista en derecho de familia: "Profesionalmente, considero que es una persona que toma un tema y lo defiende con ahínco, pasión y esfuerzo. Pero lo que ella hace no es lo ideal para mantener unida a la familia de este país. Le ha hecho mucho daño a la familia costarricense porque ha puesto a pelear a hombres y mujeres, como si esto fuera una batalla de sexos. No tengo amistad ni enemistad con ella; nunca hemos compartido ni un café, pero desde el fondo del corazón, me cae bien".


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