Sociedad

Cuando todo era chiqui chiqui

Randall Corella V.

Durante la década de 1980, la música de los grupos nacionales se convirtió en un boom que aún hoy ocupa un lugar en la memoria de los costarricenses

A comer mamey, de La Pandylla. (Foto: Archivo/La Nación).

Eran los tiempos del ácido wash, los copetes, las diademas de colores, los zapatos chinos, los "blusones" y el chiqui chiqui. Salones de baile repletos, gente que se movía sin parar y, sobre la tarima, los conjuntos musicales del momento&...; todos ticos.

"Es que no éramos músicos, éramos artistas", insisten ahora los que durante la década de 1980 convirtieron la música nacional en todo un boom capaz de reunir a miles de personas en la playa para un concierto, o frente al televisor, en espera de un nuevo videoclip.

La denominaron la época del chiqui chiqui y muchas de sus canciones, como La Avispa, Julieta, El Pipiribao y El Criticón resistieron el paso del tiempo y se convirtieron en clásicos, piezas infaltables en las pachangas del nuevo siglo.

Aunque el origen del chiqui chiqui es algo confuso, todo apunta a que la primera nota la puso aquella canción grabada hace 25 años, que contaba la historia de un pequeño insecto volador.

"A finales de las década de 1970, en Costa Rica se bailaba mucho pero en cantidad, no en calidad, así que la filosofía del grupo La Banda era crear un ritmo que le marcara el paso a la gente. Fue cuando surgió La Avispa, en 1979", recuerda Alfredo Chino Moreno, quien fue propietario del grupo.

"En 1981, llegó un conjunto a grabar un ritmo en la compañía CBS Indica; entonces me llamó el técnico Antonio Saborío y me dijo: 'Viera que aquí hay una gente grabando el mismo sonido de La Banda'. Llegué al estudio y confirmé lo que me habían dicho. Así que fui donde Luis Salas, el director de arte y repertorio de la compañía, le conté lo que pasaba y él paró la grabación. Un año después, se repitió el asunto, y ya la tercera vez que eso sucedió, me dijo don Luis: 'Diay, Alfredo, no puedo hacer nada, ese ya no es el sonido de La Banda, es el sonido de Costa Rica'", cuenta Moreno.

Javier Cartín, integrante de La Banda hasta principios de los 80, coincidió en parte con la narración de su excompañero, pero destacó que el primero en hacer público el nombre del nuevo género de música fue el grupo La Pandylla.

Recuerdo
En mayo salió a la venta el DVD Clásicos del chiqui chiqui.

"La Banda fue la que empezó a usar ese ritmo con La Avispa, pero La Pandylla lo patentó y utilizó el nombre chiqui chiqui para referirse al sonido que hacía la guitarra en esas canciones. Solo que se le cambió la percusión e incluso el ritmo fue adoptado después por los merengues de Wilfrido Vargas", dice Cartín.

Lo cierto es que el nuevo ritmo aumentó la fama de varios conjuntos nacionales y engordó su agenda de presentaciones. Por aquellos años, los músicos recorrían el país de extremo a extremo. Hoy tenían concierto en Guanacaste, mañana en Pérez Zeledón y pasado mañana, un baile de colegio en San Carlos.

"¡Uf! Antes se trabajaba de verdad. Por ejemplo, íbamos a los carnavales de Limón un domingo, y el lunes tocábamos en Guanacaste; después teníamos una gira en la zona sur y a la mañana siguiente, un concierto en Grecia. Era a tiempo completo, pero lo hacíamos con amor", recuerda el exintegrante de Jaque Mate, Juan José Chavarría, hoy cantante del grupo Rrequete.

Entonces era común que los músicos regresaran de una zona alejada, llegaran a su casa, se cambiaran de ropa y salieran sin dormir a tocar un concierto mañanero. Claro, que si de agendas apretadas se trata, el mejor ejemplo lo dio La Pandylla.

"Un día tocamos seis veces. Primero fue un concierto a las 10 a. m. en la Feria Ganadera de Guanacaste; de ahí cogimos avioneta para el estadio de Alajuela a un partido internacional; regresamos a Liberia para el Baile de los Caballistas a las 3 p. m.; después tocamos el Concierto de las Luces a las 6 p. m. y un baile en el salón Milanés a las 9 p. m.; para rematar, a la 1 a. m., en el Palenque Diriá, en Santa Cruz", cuenta Víctor Zúñiga, exintegrante del grupo.

Fama creciente

Los conciertos en El Coco, Jacó, Puntarenas, La Sabana y Plaza Víquez eran una locura. Asistían más de 20.000 personas y desde la tarima no podía observarse dónde terminaba la multitud de jóvenes que llegaban a escuchar sus canciones favoritas.

"El cariño de los seguidores era increíble. Agarraban a los integrantes del grupo y les quitaba las camisas; una vez en La Sabana le arrancaron la puerta lateral a la microbús; y en otra ocasión, en el Parque de Diversiones, nos tuvieron que sacar alzados, a un pick-up, porque no nos dejaban bajar de la tarima. ¡Viera que lindo!", rememora Cartín.

La fama de los conjuntos nacionales trascendió nuestras fronteras y llegó a los demás países centroamericanos, Panamá y Estados Unidos, donde los grupos realizaban giras que se extendían por varios meses. En cada país eran recibidos por reporteros de prensa escrita, radio y televisión.

"En Nicaragua nos recibieron en el aeropuerto con conferencia de prensa y guardaespaldas, y en Panamá, ganamos el premio Búho de Oro. De hecho, la última vez que vimos a Gloria y Emilio Estefan estábamos recibiendo el mismo premio en el hotel Panamá Hilton", afirma un sonriente Luis Jákamo, exmúsico de Manantial.

Aunque ya los grupos nacionales habían tenido alguna experiencia en la producción de videoclips, fue la llegada del productor peruano Juan Carlos Ferrando la que marcó una época de auge en la filmación de videos para las canciones del chiqui chiqui.

"Los primeros videos llegaron con la gente de Ferrando, tenían una experiencia increíble, trabajaban muy bien y ahí está la prueba. Claro, a estas alturas, uno se ríe al ver los modelos y el vestuario, pero se trabajaba muy profesionalmente con ellos", recuerda Héctor Carranza, fundador de Jaque Mate.

La grabación de los videos se prolongaba varias semanas. Mucho madrugaron los artistas para desplazarse con su equipo hasta las locaciones de moda, como la playa de Puntarenas, el balneario de Ojo de Agua y el club campestre El Castillo. Aunque participaban las modelos más lindas de la época, los que se llevaban las palmas eras los disfraces y los uniformes de los músicos.

"Los uniformes eran algo importante porque identificaban al grupo. Ahora quizá usted los ve y dice que parecíamos payasos, pero entonces era muy caché. El vacilón era que una misma persona se los confeccionaba a todos los grupos", comenta Zúniga.

Los guiones de Ferrando terminaron de animar a los músicos nacionales para que actuaran en los videoclips y, con ello, pusieron de moda las grabaciones que contaban pequeñas historias, como las de El Cangrejo y La pastilla del amor.

"El Gallito nos pidió que hiciéramos una canción para la pastilla de menta y cuando yo llegué a la filmación en Plaza del Sol, para ver cómo andaba todo, vi a la modelo que era lindísima y le pregunté a Chino: '¿Y el protagonista quién va a ser?', y me respondió: '¡Diay, vos!'. No había más, fui donde un amigo a pedirle prestado un saco y con ese me la jugué", cuenta Ricardo Sáenz.

En las filmaciones se gastaron millones de colones que, muchas veces, salían de los bolsillos de los mismos músicos. Sin embargo, ellos afirman que lo hacían porque les gustaba y, aunque no pensaron en volverse ricos, los videos hicieron que sus canciones "pegaran" más en la radio.

La mayoría de los videoclips hallaron apoyo en la televisión nacional, sobre todo en programas como el desaparecido Hola Juventud, que conducía el chileno Nelson Hoffman.

"En los inicios del programa, allá por 1981, recuerdo que puse los primeros videos de los grupos Canela y Papel y Lápiz; lo puse mezclados con Queen, Donna Summers y otros artistas internacionales. Entonces recibí llamadas de gente molesta, diciendo groserías: '¿Por qué ponés ese video? Ellos no tienen la categoría, te estás 'paseando' en el programa'. No me molesté, porque la idea era ir encendiendo la mecha y se logró, la mecha prendió y explotó años después", destacó Hoffman en una entrevista.

Se hicieron comunes las participaciones de conjuntos nacionales en programas en vivo como Fantástico, Las Estrellas se reúnen o Sábados Fabulosos.

"Era una época muy linda. En un mismo sábado, uno podía presentarse en tres programas y la gente estaba en la casa, solo esperando a ver los grupos nacionales. Ahora es un sueño estar en televisión", lamenta Víctor Zúniga.

Hoy, canciones como Latino soy, El Pipiribao y Medio peso vuelven a sonar con fuerza. Adultos y jóvenes las solicitan con frecuencia en las emisoras de radio y en los salones de baile.

"A la gente le encanta que toquemos un mix de chiqui chiqui, quizá porque crecieron con esta música, la mamá estaba haciendo oficio con la radio puesta y el chiquillo oía las canciones. No hay fiesta en la que no suenen estas piezas", reconoce Juanjo Chavarría.

Los músicos no han podido librarse por completo de la fama que cultivaron hace décadas y aún son muchos los fanáticos que los saludan en la calle.

"Parece increíble, pero todavía hoy la gente nos quiere mucho, y, cuando nos topan, nos dicen: 'Hasta que por fin te conozco'", asegura Sergio Garrido, una de las voces principales de Manantial.

Y es que los videoclips más famosos de aquella época siguen pautándose en la televisión nacional. Cada sábado, el programa Musicales del 13, del Sinart, le da un pellizco al recuerdo al proyectar las imágenes grabadas en los 80.

Para que el pellizco sea más grande, hace varias semanas y bajo el título Clásicos del Chiqui chiqui, la disquera Sony Music sacó a la venta un DVD con 15 de esos videos musicales.

Hoy que los reencuentros se han puesto de moda, muchos hablan de juntar nuevamente a los grupos nacionales de aquella década. Pero los mismos músicos reconocen que esto no sería tarea fácil, pues no pueden abandonar sus actuales ocupaciones para experimentar en algo que requiere un gran apoyo de los medios de comunicación.

Sin embargo, parece que los exintegrantes de Manantial darán el primer paso. Luis Jákamo reconoció que están planeando reunir, en setiembre, a todos los músicos que integraron el conjunto para tocar varios conciertos.

Nadie sabe, quizá cuando Julieta vuelva a sonar por los altoparlantes, regresen también el ácido wash, los zapatos chinos y los "blusones", como cuando todo era chiqui chiqui.


¿Y Julieta?

Una de las canciones que marcó la época del chiqui chiqui tenía nombre de mujer: Julieta. La canción del grupo Manantial se coló en el gusto de los fanáticos que hoy la bailan sin parar.

"Manantial era un grupo muy romántico; sin embargo, cuando entró la nota del chiqui chiqui, teníamos que sacar la bandera, y salió esta chiquita. Julieta es una letra de Róger Emilio Morales y la música es un ritmo brasileño, el fojó", recuerda Luis Jákamo.

Pero no solo la canción fue un éxito entre el público. El videoclip producido en 1986, también se ganó un lugar en el gusto de los costarricenses.

Fue filmado durante dos días en la Plaza de la Cultura y la Avenida Central, con la participación voluntaria de comerciantes, choferes y policías. Pero fue la protagonista quien quedó guardada en el recuerdo colectivo.

"Julieta era brasileña y su nombre era Tania Mara. Ella encabezó una comparsa patrocinada por la embajada de Brasil. Yo juré que la iba a conocer algún día, y cuando vino lo del video, la recordé. Pregunté en la embajada y resultó que el novio de ella era un amigo mío. Ella aceptó colaborar con el video, después salió del país y no la volvimos a ver", relató Jákamo.


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