Historia

Isabel, una católica singular

Pablo Fonseca

A 500 años de la muerte de Isabel la Católica, la Iglesia aún no está segura de proclamarla santa

Granada cayó el 2 de enero de 1492. Esta pintura recuerda el momento en que los dirigentes musulmanes dieron un tributo a los Reyes Católicos. Con España unificada y la fe como estandarte, Isabel se convertiría en una de las mujeres más importantes de los últimos mil años. (Foto: Archivo Iconográfico/La Nación).

Para bien o para mal, Isabel la Católica es un personaje fuera de serie. Adoró y subvencionó las excursiones de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo, forjó la expulsión de los judíos de España, en nombre de la fe dio un trato permisivo a los asesinos de la Santa Inquisición y originó un prolongado período de esplendor artístico que convirtió a España en uno de los tesoros del mundo.

El 26 de este mes se celebraron los 500 años de la muerte de la Reina de Castilla, doña Isabel de Trastámara, conocida por la historia como Isabel la Católica. Terminaba la mañana de ese día de 1504 cuando expiró la "fundadora de España y madre de América".

Durante los últimos 50 años, varios obispos, fieles y empresarios han impulsado el proceso de su canonización. Llamar santa a una de las mujeres más importantes del último milenio es el deseo de múltiples sectores católicos. Sin embargo, las "leyendas negras" que se entretejen como consecuencia de la oscura época en le tocó vivir, se interponen entre la reina y la santa.

Por establecer en sus dominios el Tribunal de la Inquisición en 1478, el Papa otorgó a Isabel de Castilla y Fernando de Aragón el título de Reyes Católicos. El romano pontífice también dio a los reyes el derecho de nombrar y remover los inquisidores, quienes durante siglos persiguieron, torturaron y quemaron a los acusados de cometer "faltas a la fe".

Unidos y reconocidos de esta manera, Isabel y Fernando conquistaron en 1492 el reino de Granada, el único que aún estaba en poder de los musulmanes. La España consolidada se convirtió en el país más poderoso y el mejor apoyo del catolicismo durante la época.

La Iglesia convirtió en una cruzada la lucha contra Granada y cuando la ciudad cayó ante los Reyes Católicos se ofrecieron misas solemnes y repiques de campanas en Roma, Nápoles y Londres.

Todos los judíos que no quisieron convertirse al catolicismo fueron expulsados y muchos musulmanes de Granada abrazaron la fe cristiana solamente para no salir de España.

Su actuar para con los judíos se ha convertido en la causa principal para retardar su elevación a los altares.

No pocos sacerdotes españoles señalan al cardenal de París, Jean-Marie Lustiger, como el mayor obstáculo a saltar en el proceso. Lustiger es amigo íntimo del Papa y el único cardenal de origen judío. Los españoles critican que el cardenal y la comunidad judía ya lograron congelar la causa durante 30 años, pero que las circunstancias han cambiado y cada día se conoce mejor el verdadero trasfondo político de las decisiones de Su Católica Majestad.

Según el vicario general de Valladolid, Félix Zarzuelo, "los judíos eran huéspedes no naturales del país, causa de continua discordia. Además ni Isabel ni Fernando eran antisemitas: la Corte estaba llena de judíos, como el administrador de los caudales de la guerra de Granada, Abraham Seneor, y el suministrador de las tropas, Samuel Abalofia".

La propia reina castellana se sometió al tratamiento de un médico judío, Lorenzo Badoc, en momentos en los que sus esperanzas de sucesión eran escasas por la muerte de sus hijos.

En uno de los múltiples documentos encontrados para apoyar su canonización aparece escrito por puño de Isabel: "Todos los judíos de mis reinos son míos, están bajo mi protección y a mí me pertenece defender y amparar y mantener en justicia".

Para los estudiosos esto significa que no los expulsó por racismo, sino por razón de Estado, para construir la unidad del reino basada en una sola religión.

Del mismo modo ha cambiado la imagen que de Isabel de Castilla se tiene dentro de España. Durante la dictadura de Francisco Franco, esta gran reina se convirtió en un símbolo de la derecha civil y eclesiástica dominante en el momento. Era de esperarse que los sectores opuestos a Franco objetaran en un inicio la actuación de la reina.

Ahora, de la santidad de la Católica están convencidos casi todos los obispos españoles, quienes en tres ocasiones (1993, 2001 y 2002) han solicitado la agilización del proceso para llamarla santa.

Múltiples patrocinadores

Junto a ellos, presionan poderosas organizaciones católicas como el Opus Dei, Miles Iesus (soldados de Jesús) o los Caballeros de Colón, unidos al cardenal de Santo Domingo, López Rodríguez, al venezolano Castillo Lara, pasando por los curiales colombianos, López Trujillo y Castrillón Hoyos, amén de nobles, empresarios y políticos.

Además, ya tienen varios milagros en su haber, requisito imprescindible para subir a los altares: la curación de un cáncer de páncreas de un ciudadano norteamericano, apellidado Yearling, y la sanación de un sacerdote español que sufrió una hemorragia cerebral con peligro de muerte inminente. En Granada, gente que le conocía ofreció una misa por él junto al sepulcro de la reina y, ese mismo día -afirman que a la misma hora- el enfermo recobró la respiración, salió del estado de coma y se recuperó.

Mantener vivo el proceso de canonización de Isabel la Católica ha costado cientos de millones de euros. Gran parte de ellos fueron donados por el empresario mexicano de origen español Pablo Díaz, quien murió en 1972. Sus herederos siguen entregando todos los recursos que la causa necesite.

Díaz creó a inicios del siglo anterior a lo que en la actualidad es Grupo Modelo, una de las cerveceras más importantes del mundo. Grupo Modelo es la casa matriz de la famosa cerveza mexicana Corona, la cuarta que más se bebe en el mundo desde hace 15 años, sólo superada por las norteamericanas Budweiser y Bud Light y la alemana Skol. El líquido circula por 150 países en 23 millones de barriles.

En 1972, Díaz dejó la empresa en manos de su sobrino político, Antonio Fernández, también originario de España, y quien tampoco ha escatimado la entrega de dinero para la causa de Isabel.

A los sacerdotes directamente relacionados con la canonización entregó 400.000 euros (unos ¢220 millones). Para que la Universidad de Valladolid realice las investigaciones civiles sobre la reina y su tiempo lleva donados unos 820.000 euros (unos ¢450 millones).

Así que es de América de donde ahora sale el dinero para su proceso, medio milenio después de que la Reina de Castilla enviara a los predicadores de la fe que tanto defendió.

Con la colonización del Nuevo Mundo, la pericia de la reina Isabel ensanchó ampliamente los límites de su poderío. Ella fue la principal patrocinadora de Cristóbal Colón en sus viajes y los poderosos herederos de su reino (es abuela del emperador Carlos V) fueron directos beneficiarios del oro y plata extraídos.

Al mismo tiempo, la mitad del catolicismo actual se debe, en gran medida, a esta mujer singular. El Vaticano se lo deberá reconocer algún día.


Mujer tenaz

Isabel no estaba destinada a ser reina. Nació el 22 de abril de 1451, en el palacio de su padre Juan II de Castilla, después de que éste casó en segundas nupcias con Isabel de Portugal.

Juan murió tres años después y ascendió al trono el primogénito de su primer matrimonio, quien se convirtió en el rey Enrique IV.

Enrique casó primero con Blanca de Navarra, a quien repudió por estéril. De su nuevo matrimonio con Juana de Portugal nació su hija Juana, a quien la nobleza no quiso reconocer por heredera pues su paternidad se atribuía a un noble, Beltrán de la Cueva.

Enrique, débil de carácter, no supo hacer frente a las presiones de la nobleza castellana y por ello proclamó como su sucesor a Alfonso, hermano de Isabel. Cuando Alfonso murió en 1468, Enrique reconoció entonces como heredera a su hermanastra Isabel.

Al año siguiente, Isabel contrajo matrimonio con Fernando de Aragón en secreto, apostando en la unión por superar las dificultades que atravesaba el poder real en sus reinos. Apenas tenían 18 años pero les sobraba la gran voluntad política que sería orientada por partidarios y familiares.

Sin embargo, Enrique no quería casar a Isabel con Fernando, a sabiendas de que ella tendría en el príncipe aragonés el mejor apoyo para su ascensión al trono y el fortalecimiento de la autoridad real.

Por ello, muerto Enrique en 1474, se inició una guerra civil entre los partidarios de Juana, apoyada por Portugal, y los de Isabel, apoyada por Aragón. Isabel de Castilla ganaría la contienda e iniciaría su poderoso reinado.


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