Carmelita: 1 - Alajuelense: 1

Con garra y corazón

Harold Leandro Camacho

Redactor de La Nación

Alajuela. ¡Qué agradable es presenciar un partido como el que jugó ayer Carmelita!

Conocedores de sus limitaciones, con respeto al rival, pero ante todo, con garra y corazón, los carmelos lograron realizar un encuentro inteligente.

Si los tres puntos no suman hoy en el equipo de la barriada, no se debe a su falta de esfuerzo, sino a la bravura con que atacó Alajuelense para procurar un punto.

Luego de quitarle el invicto a Saprissa y perder tres encuentros al hilo, los pupilos de Enrique Quique Vázquez estaban obligados a tributar un buen juego ante otro equipo grande: la Liga.

El entrenador Valdeir Badú Vieira entendió el mensaje y formó en el terreno de juego un equipo con siete defensas (Delgado, Valverde, Guillén, Marín, Arnáez, Wallace y Chacón).

Pero lo que nunca esperó Badú fue la respuesta de Quique: ceder la iniciativa a los liguistas.

Por eso, los primeros minutos fueron de mucha confusión, pues los manudos no entendían, en la cancha, que a Carmelita no le interesaba dominar el terreno alajuelense.

La idea de Vázquez resultó, además de clara y simple, afortunada. Pronto los jugadores rojinegros se fueron alegremente al ataque, sin analizar que, como defensas, carecen de definición.

El espacio carmelo se pobló de erizos, quienes retenían el balón, pero nunca podían llegar con claridad al marco de Ricardo González.

La táctica de Quique

Quique se frotaba las manos, pues sus pensamientos se cumplían al pie de la letra. Ahora solo faltaba poner en práctica la segunda parte del plan: los contraataques.

Para ello, Quique contó con tres peones de lujo. El primero fue Hárold López, quien tenía como misión recuperar balones y proyectarlos con buen tino hacia adelante.

Allí esperaban las otras dos piezas vitales: José Mario Rodríguez y un Luis Quirós rejuvenecido y con la velocidad de sus "15 primaveras".

Ya al minuto 30, Carmelita dio la clarinada. El defensor Martín Estrada se enrumbó por la izquierda, centró e ingresó Rodríguez para perforar la valla de Alvaro Mesén.

El árbitro, Olger Mejías, pitó el gol; sin embargo, el línea, Alexandro Jiménez, señaló con su banderola algo que anuló el tanto. ¿Qué observó? Jiménez tiene la obligación moral de explicarnos.

Diez minutos después vino la estocada. En un tiro de esquina a favor de la Liga, todos los jugadores manudos se fueron al ataque y solo quedó atrás Oscar Valverde.

Hárold López logró recuperar el balón, pasó a Rodríguez en la media cancha y este lanzó para que Luis Quirós, con base en fuerza y velocidad, ganara la pelea con Valverde, esperara la salida de Mesén y rematara.

En el segundo tiempo, los liguistas salieron como león herido y trataron de empatar con futbol de fuerza. Eso le permitió a Carmelita no variar su planteamiento y fue David Diach quien en dos ocasiones estuvo a punto de elevar las cifras.

La Liga no llegó a desesperarse y tuvo su recompensa al minuto 83, cuando se cobró un tiro de esquina por la izquierda. El balón pasó sobrado y Luis Marín devolvió para Rónald Gómez, quien ganó el viaje aéreo y hundió la pelota. Un empate que deja muchas lecciones. Entre ellas, que ante un equipo "grande", los "pequeños" deben usar la imaginación; que no basta con tener un historial para jugar futbol; y que el arbitraje nacional está en franca crisis.


Buen momento. El arquero carmelita, Ricardo González, exhibió ayer excelentes condiciones. En la acción busca el cuero, escoltado por Raymond Harris (16).






















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