Portada


Centro América


Opinión


Cartas


Deportes


Zurquí


Servicios


Area Comercial


English


Archivo
(búsqueda)


La Nación
Domingo 7 de julio, 1996

Edición Electrónica. San José, Costa Rica
Ediciones anteriores


Renuncia del Gabinete

Los anuncios se quedaron muy cortos

Mauricio Herrera
Redactora de La Nación

Era la noticia política del año: el presidente José María Figueres sorprendió a sus 20 ministros al pedirles la renuncia, definió cuatro prioridades de su mandato y lanzó un llamado a la concertación nacional en materia de temas urgentes.

El lunes anterior, Figueres puso en vilo al país.

Tras 25 meses de mandato, el gobernante atendía el clamor de reestructuración en su Gabinete. La decisión llegó cuando el 50,2 por ciento de los ticos adversaba su gestión, los empresarios se preocupaban por el estancamiento económico, e instituciones sociales lamentaban su escaso presupuesto.

Treinta y cinco horas después, el resultado de la agitación decepcionó. Culminó con el traslado de tres ministros a otras carteras, la supresión de otros cuatro jerarcas sin ministerio, y la incorporación de tres caras nuevas al equipo gubernamental.

Los ministros sometidos a mayor desgaste permanecieron en el Gabinete y los cambios no correspondieron a las nuevas prioridades, salvo en el caso de Obras Públicas y Transportes. Los nuevos, o reubicados, declararon que consolidarían la obra de sus antecesores, no un cambio de rumbo. La designación (o búsqueda) del nuevo ministro de Economía se atrasó 48 horas.

La sospecha de improvisación en las decisiones tomadas se sumó a la ausencia de alguna medida para concretar un nuevo impulso a la discusión de las prioridades: energía y telecomunicaciones, pensiones, educación e infraestructura.

Y el llamado a la concertación quedó en el papel: no se supo con quiénes, cuándo y con qué metodo el Gobierno revitalizaría un esfuerzo concertador, luego de dos años de fricción permanente, con una credibilidad deteriorada, escaso respaldo popular y un pacto con la oposición ya satanizado.

El inminente año preelectoral, y la previsible resistencia de una oposición más beligerante, se suma a los factores que debería contemplar una renovada estrategia de concertación, pero nadie en el Gobierno enunció tal estrategia.

La confrontación entre las expectativas despertadas y los resultados causó desilusión.

Alegron de burro

El lunes, seis de cada diez costarricenses respaldaron el anuncio presidencial, según un sondeo telefónico de canal 7.

El miércoles, el 80,9 por ciento de los costarricenses creía que el reacomodo no significaba ningún cambio real o solo muy leve, según una encuesta telefónica realizada por la empresa Demoscopía, para La Nación.

Para el psicólogo Juan Bautista Castro, la expectativa se creó cuando la población percibió que su malestar, reflejado en las encuestas nacionales, se tradujo en la posibilidad de un cambio en el rumbo del Gobierno, pero finalmente entendió que su opinión no fue tomada en cuenta. Y sobrevino la frustración.

"Al pueblo se le dijo que era un nuevo aire, una nueva estrategia, un cambio de timón, y cada uno se creó en su psiquis una nueva idea", manifestó el analista político Víctor Ramírez.

Para Ramírez la petición de renuncia al gabinete ha sido el acto más espectacular, inusual y sui géneris de este Gobierno.

"El alegrón de burro", como lo resume Castro, ocurrió en un momento en que el 90 por ciento de la población considera que el costo de vida es peor ahora que hace dos años, de acuerdo con la más reciente encuesta nacional de la empresa Unimer.

Según el presidente del Partido Liberación Nacional, Rolando Araya, fue aparatoso pedir la renuncia a todos (los ministros). "El país habría recibido mejor el anuncio con más discreción y más cambios", manifestó.

Todos los sindicatos manifestaron su decepción por el resultado, calificado por algunos como una "tomadura de pelo".

El Partido Unidad Social Cristiana reaccionó con decepción. El aspirante socialcristiano, Miguel Angel Rodríguez, manifestó que con las permutas anunciadas no habría ninguna posibilidad de conversación con el Gobierno.

Para el sociólogo José Luis Vega, "los márgenes de acción del Gobierno son bastante limitados. Para que se produjera un cambio real tendría que haber una modificación radical en cuanto a objetivos, métodos y estilos de concertación. El problema es que para eso ya el tiempo pasó", dijo.

Numeros versus contradicciones

El Gobierno ha defendido sus decisiones con números. "El Presidente cambió a la mitad de su Gabinete, ha eliminado cuatro ministerios (...) y de la reestructuración la mitad son ministros nuevos", respondió la segunda vicepresidenta y ministra de Vivienda, Rebeca Grynspan.

Para el Poder Ejecutivo, el cambio no fue precipitado y se inició desde el 13 de junio, con la renuncia del ministro de Hacienda, Fernando Herrero y su sustitución por Francisco de Paula Gutiérrez. Continuó una semana más tarde con la dimisión del ministro de Vivienda, Edgar Arroyo.

Entonces, si la decisión del presidente Figueres había sido planificada, ¿por qué no hacer todos los cambios en un solo movimiento? ¿Por qué los involucrados en la reestructuración descartaban cualquier nuevo puesto días antes del anuncio?

El Gobierno pretendía oxigenar al equipo para facilitar negociaciones de reformas en los sectores claves. Pero tras dos años de duro desgaste continúan en sus sitios ministros que han tenido rudas fricciones con los grupos con quienes deben negociar, como el de Trabajo, Farid Ayales; de Educación, Eduardo Doryan, y de Energía y Minas, René Castro.

Hay un llamado a la concertación, pero, al mismo tiempo, Figueres arremete contra los críticos y les endilga un interés electoral.

Lo más cercano a una concertación fue el acercamiento al sector empresarial, tranquilizado por el nombramiento del economista Francisco de Paula en el Ministerio de Hacienda y el del industrial José León Desanti en Economía.

Pero, según Ramírez, "en vez de ampliarse el círculo, se cerró, y la concertación se limitó al círculo empresarial".

Vega no cree que el Gobierno pueda "levantar vuelo", a menos que haga cambios reales con fuertes procesos de concertación en las áreas prioritarias y que se encuentren métodos para resolver con eficacia y rapidez los problemas acumulados en esas áreas.


El Presidente acercó a sus más allegados colaboradores. En el orden usual, Juan Diego Castro es el nuevo ministro de Seguridad; Bernardo Arce, de Seguridad Pública; Rodolfo Silva, de Transportes; Marco Vargas ocupa ahora el ministerio de la Presidencia; José León Desanti el de Economía, y Ricardo Garrón la cartera de Agricultura.


Este material tiene derechos reservados © y no debe ser reproducido sin el permiso explícito del Diario o del servicio en línea. La Nación Edición Electrónica es un servicio de La Nación, S.A. ®. Para mayor información, escriba a webmaster@nacion.co.cr