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La Nación
Lunes 08 de julio, 1996

Edición Electrónica. San José, Costa Rica
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Cartaginés 1 Alajuelense 0

Jewi, penal... ¡y Pin!

  • Jéwisson quebró el cerrojo; Pin Gómez fusiló certero
Roberto García H.
Para La Nación

Cartago. Acelera hasta el fondo. Gambeta corta. Jewisson quiebra, Berry engancha. ¡Penal!, gritan todos. Penal, dice el juez.

Desde los once pasos, el Pin hace el resto. Uno a cero al 64, justo y definitivo. El primer golpe es azul. La ilusión toma forma. "¿Por qué no?", reza el lema. Sí, ¿por qué no?


Crucial. Ante el marco norte, Norman Gómez se aprestaba a fusilar a Rojas. Enrique Smith y Humberto Brenes (16) se niegan a mirar. Y acude la fe.Eduardo López/La Nación

¿Qué impide a Cartaginés bregar en pos de un sueño?

¿La historia, acaso?

El pasado ya no juega. Ya no en este futbol renovado del plantel brumoso, en su fe, en la convicción que alimentan del primero al último. De Hermidio al Pin; del afán de Marco Tulio al buen momento de Enrique Smith, un novato con estrella. De la jerarquía de Alexánder Madrigal, eficaz por arriba, impasable al ras, a la frialdad de Miguel Davis para cortar y salir jugando. Del corazón partido de Alexánder Gómez a la clase que exhibió Claudio Dos Santos; la sorpresa que aportó Francisco Acuña... o la gambeta endiablada de Jewisson Bennett.

De menos...

Un pase equivocado es como el golpe al vacío que lanza el boxeador. Pierde fuelle. Y, lo más importante, concentración. En el primer lapso, tal fue el pecado del Cartaginés. Las malas entregas que reiteró Humberto Brenes se extendieron por contagio a Davis, a Dos Santos y a Marco Tulio Hidalgo.

Entonces, cuando las piezas se precipitan, las instrucciones que el director técnico esboza de previo en el pizarrón quedan allí, en residuos de tiza blanca. La mente se obnubila, las ocasiones se van y lo que podría ser, se pierde.

El primer tiempo fue parejo. Intenciones idénticas. Cerrojo en el marco norte, hermético el frente sur. Honestidad y esfuerzo. También males compartidos. Si Cartaginés hizo entregas equivocadas, Alajuelense abusó del remate de media distancia. Y en su engranaje hicieron falta pausa, planeamiento, penetración y gol. Si escribimos planeamiento, léase Wílmer López. Si decimos penetración y gol, léase Rónald Gómez. Ambos ausentes por sanciones... Los errores pasan facturas.

La paridad de fuerzas del primer tiempo no sorprendió a nadie. El riesgo no cabía de entrada en el libreto. Para los estrategas, era necesario estudiar los movimientos adversarios, administrar fuerzas y esconder sus cartas, para sacarlas después.

... a más

Francisco Acuña sí fue un as que Rolando Villalobos lanzó en la apertura. Su trajín se convirtió en una incógnita para Badú. Y a fe que en varios lances, Acuña estuvo cerca de sorprender, al tiempo que mantuvo a Javier Delgado quieto en la retaguardia, sin que el zaguero pudiese proyectarse como acostumbra.

En la segunda etapa, la faena fue brumosa. Los locales redoblaron esfuerzos y multiplicaron opciones ante Alexis Rojas. Jewisson saltó al primer plano y estuvo a un tris de abrir la cuenta. Mas, de inmediato, los manudos respondieron y Hermidio tapó con categoría un disparo de Miso.

Cuando el reloj arribó al minuto 64, se produjo la acción descrita. Cartaginés abrió las cifras y mantuvo hasta el final su ventaja, leve, pero ventaja al fin.

Con miras al próximo choque, ninguno la tiene clara. Que Alajuelense será equipo casa, ya no es un factor tan serio. Lo trascendental radicará en la inversión de lucha que cada uno pueda volcar sobre el zacate.

El árbitro pidió el balón a Hermidio. El arquero se arrodilló para dar gracias. Al cielo, sí. Al esfuerzo también.

¿Por qué no?, reza el fervor brumoso...


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