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La Nación
Domingo 14 de julio, 1996

Edición Electrónica. San José, Costa Rica
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Cartaginés 2, Alajuela 2

¡Vive y sigue!

  • Cartaginés a la final
Roberto García H.
Para La Nación

Alajuela. No ceder ante la adversidad es una máxima que dicta el futbol. Como un bastión que soporta el fuelle, Cartaginés erigió su condición monolítica. La fuerza azul revivió cada vez que Alajuelense acertó en los cordeles.


Olimpico. Tiro de esquina. Austin Berry cobra desde el vértice derecho del campo. El balón describe una curva y baja a los mecates. Hermidio sorprendido. Mario Rojas/LA NACION

Esa fue su gran virtud.

A partir de la inspiración de Hermidio Barrantes, un arquero curtido en la fragua del dolor, el escuadrón brumoso supo encarar el reto con dignidad. Y siempre creyó en su esquema.

¡El dardo que lanzó Austin Berry era como para morir de entrada! Al minuto 12, el defensor rojinegro clavó un disparo desde el vértice derecho del campo hasta la desesperación de Hermidio.

En la aurora del juego, era lógico pensar que el uno a cero significaría el resurgir alajuelense en pos del gallardete, ante un anunciado declive brumoso.

No fue así. Cartaginés se repuso al cuarto de hora. Tiro libre desde el corredor derecho. Cobra Alexánder Gómez; Davis cabecea, y la bola da en la mano de Guillén. Penal evidente y ejecución perfecta. Norman Pin Gómez colocó el primer empate al 27.

Cielo azul. Sol directo. Intensidad. Marco esplendoroso en las gradas. Rojo y negro, patrón cortado al extremo por una franja fiel de blancos y azules. Cancha esmeralda. Fronteras de cal. ¡Sigue, sigue!, el cantar de los locales. ¡Vive, vive!, el clamor del Irazú. Liga sigue. Cartago vive... ¡Vive y sigue!

Volvamos al partido. Después del penal del Pin, Alajuelense la tuvo clara para matar de nuevo. Luis Diego Arnáez se situó en posición franca y soltó un látigo tan veloz y espectacular como la reacción de Hermidio. ¡Puñetazo!

Cartaginés retomó la fe. El equipo de Villalobos comenzó a jugar. La tarea de sacrificio que encarnó Dos Santos ligó mejor con el toque calculado de Davis; Jéwisson, al dejar de protestar, enfiló su talento hasta los predios de Rojas, y así, globalmente, Cartaginés se adjudicó las tarjetas del primer lapso.

Cuesta arriba

Instantes después de una barrida sensacional de Maximilian en un lance difícil, Froylán dialogó con Javier Delgado; el defensor incursionó hasta el área para servir con precisión a Nahamán; este disparó a quemarropa y Hermidio no pudo impedir la segunda gotera en su valla.

Alajuelense se montó en la fiesta. Mas, lleno de estirpe, Cartaginés respondió. Al mejor estilo de Chilavert, Hermidio ejecutó un saque largo. El balón picó en el área; Alexis Rojas salió por ella, falló en el cálculo, y ¡Pin, Pin, Pin!... Gómez, estrella; Alexis, "villano". Dos a dos.

La fiera herida experimentó su reacción refleja. Liderados por Víctor Badilla, el mejor de los locales, los manudos reiteraron sus afanes en la zona de metralla. No pocos apuros se vivieron en este sector del campo. Sin embargo, bajo los palos, Hermidio fue garante. Y acudieron sus gendarmes.

Además, tras cada oleada ofensiva, los rojinegros desprotegían su retaguardia, donde la visita supo mantener opciones hasta el pitazo largo.

Hace 56 años, salieron triunfantes del viejo Estadio Nacional con el último cetro. Hoy vuelven a plantearse el reto. Los brumosos quieren ser campeones.

Dos batallas. Ida y vuelta. O Cartaginés. O la Liga...


Corte y zacate. Al principio, Marco Tulio Hidalgo sufrió horrores al marcar a Harold Wallace, quien lo despoja del balón. No obstante, su labor creció conforme avanzó el juego. Mario Rojas/LA NACION


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