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La Nación
Domingo 13 de octubre, 1996

Edición Electrónica. San José, Costa Rica
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CCSS ya ubicó a todos los afectados

Consternación por la tragedia con cobalto

  • OPS en pos de expertos internacionales

La sobreexposición al cobalto de 109 pacientes con cáncer, ocurrida en el hospital San Juan de Dios, provocó consternación, dolor e incertidumbre entre los afectados, familiares y amigos, así como entre las autoridades médicas.

Un día después de que el presidente ejecutivo de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), Alvaro Salas, reveló el percance en una de las dos bombas de cobalto de aquel centro asistencial, médicos, trabajadores sociales y otros funcionarios de la institución desplegaron una intensa labor para contactar a todas las personas que recibieron tratamiento de radioterapia entre el 26 de agosto y el 27 de setiembre.

Al salir a la luz pública la noticia del incidente -que Salas no dudó en calificar como "tragedia nacional"-, familiares de pacientes con cáncer expusieron sus preguntas, temores e inquietudes por medio de llamadas a una línea telefónica que La Nación abrió el sábado.

"La hemos llevado varias veces porque, desde que le pusieron cobalto, sufrió de quemaduras y le salieron úlceras en la garganta", narró una vecina de Desamparados, San José, al referirse al caso de una mujer, de 23 años, tratada con ese tipo de terapia a raíz de su linfoma (cáncer en los ganglios).

Lesiones parecidas reportaron otros ciudadanos que se comunicaron desde Liberia, San Ramón de Alajuela, San Rafael de Oreamuno, Sarapiquí y San José. (Véase nota aparte).

El máximo jerarca de la CCSS, en entrevista con este diario, declaró que la institución dará la cara por el percance, lo investigará hasta sus últimas consecuencias y sentará las responsabilidades del caso. (Véase nota aparte).

Los afectados por el error de calibración en la bomba de cobalto -que había recibido una nueva fuente- provienen de los hospitales San Juan de Dios, Calderón Guardia y Nacional de Niños.

Intensa jornada

La situación provocó que los servicios de trabajo social de los hospitales Calderón Guardia, Nacional de Niños y San Juan de Dios efectuaran el sábado un intenso trabajo para contactar a todos los pacientes sobreexpuestos a la radiación.

José Luis Valverde, jefe del departamento de Relaciones Públicas de la Caja, indicó que el ciento por ciento de los enfermos fueron localizados. Para ello se empleó el teléfono, el sistema de correo y telégrafos, y la ayuda de los efectivos de la Guardia de Asistencia Rural.

La pretensión de las autoridades de la CCSS es que los pacientes se presenten mañana -a las 9 a.m.- a los diferentes centros médicos donde están adscritos con el fin de explicarles lo ocurrido y que se sometan a una serie de chequeos médicos periódicos.

Estos serán guiados por especialistas en hematología, oncología y neurología. Tanto en el Nacional de Niños como en el Calderón Guardia los afectados contarán con el apoyo de profesionales en sicología y trabajo social.

La Caja contrató el sábado los servicios de los hoteles Plaza y Talamanca, en San José, para albergar a enfermos y familiares procedentes de diferentes puntos del país.

Alvaro Salas Chaves explicó que, el viernes, la Junta Directiva de la entidad se reunió extraordinariamente para conocer y analizar el asunto. Autorizó una modificación presupuestaria cercana a los ¢40 millones para pagar los costos de transporte y hospedaje.

Apoyo internacional

Por su parte, el representante de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Hugo Villegas, dijo que se trata de un accidente que no es infrecuente en América.

Agregó que desde el jueves por la noche efectuó gestiones tendientes a localizar expertos internacionales que puedan apoyar al país en esta emergencia.

Villegas ya se puso en comunicación con Juan Carlos Jiménez, un médico que trabajó en la tragedia de Chernobyl (Ucrania) y en Goiania (Brasil), durante los cuales estableció los procedimientos para dar seguimiento a los pacientes afectados.

El presidente de la Caja puntualizó que se espera el arribo de la experta radiofísica Cari Borrás, quien vendrá a calibrar la bomba de cobalto para ponerla a funcionar nuevamente.



Llamadas de dolor

Detrás de la línea telefónica estaban el miedo y el dolor por la suerte que puedan correr familiares y amigos ante un error en la calibración de una de las bombas de cobalto del hospital San Juan de Dios.

También había indignación, desconfianza y malestar por la falla que, ahora, los mantiene en el límite de la desesperación.

Cuarenta personas, familiares de los pacientes con cáncer que recibieron terapia con cobalto entre el 26 de agosto y el 27 de setiembre, llamaron a La Nación a través del teléfono que se puso a disposición de los afectados.

No fue sino hasta ayer que se enteraron de la noticia, por medio de la prensa. Algunos, los menos, ya habían sido avisados por funcionarios de la Caja durante la noche del viernes; otros apenas fueron notificados formalmente el sábado.

Esto no hizo más que llenarles la cabeza de dudas: ¿Cuáles pueden ser las consecuencias? ¿Dónde podemos acudir? ¿Cómo responderá la Caja?

Esposos, cuñados, hijos, madres y padres preocupados. Un pensamiento más que agregar al ya de por sí doloroso camino del cáncer recorrido de la mano de sus familiares enfermos.

Signos de alerta

Una llamada de Liberia; cuatro de Cartago; una de San Ramón; cinco de Heredia y el resto de San José...

Voces temblorosas nos revelaron el padecimiento de sus seres queridos: cáncer de mama, próstata y riñón; linfomas, tumores óseos y leucemia.

"¡Dios! ¿Qué vamos a hacer ahora con esto? ¿Qué le espera a mi papá?", dijo una voz femenina que, entre sollozos, llamó desde un teléfono público en algún lugar de San José para que su papá no se enterara.

La información para todos era la misma: acudir al hospital más cercano, el lunes a primera hora; notificar que sus parientes recibieron radiación en el hospital San Juan de Dios y esperar indicaciones.

Ya desde antes sospechaban que algo no andaba bien. "Nos dijeron, varias veces, que la máquina estaba mala", mencionó la hija de una paciente con cáncer en el pecho.

Para algunos, también, las reacciones de sus familiares ante el cobalto resultaron fuera de lo normal: quemaduras que dejaban al enfermo en "carne viva"; úlceras en la garganta; diarreas que ameritaron, en algunos casos, trasladar al paciente al hospital.

"Ya a nosotros nos parecía raro que, habiéndonos avisado que los efectos en ella no iban a ser muchos, la muchacha empezara a vomitar y vomitar. Ha bajado como 15 libras desde entonces. Ahora está llena de úlceras", dijo la prima de una joven que fue sometida, para esas fechas, a la bomba de cobalto.

Niños, adolescentes, jóvenes adultos y adultos mayores. Desde los 10 años y hasta los 90. Los enfermos de cáncer que resultaron irradiados con sobredosis de cobalto solo esperan la reunión del lunes, los exámenes y los resultados.

"Fíjese que yo tengo la fe de que a él no le pase nada. Seguro que a él no le tocó la bomba dañada", dijo una dama, esposa de un paciente de 45 años, portador de un tumor en la columna.

Como ella, aún todos conservan la fe de que todo saldrá bien.


El sábado, los hospitales trabajaron a toda máquina. Su objetivo: localizar y citar a los 109 enfermos de cáncer que resultaron afectados con la sobreirradiación. Patricia Ugalde / La Nación



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