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La Nación
Miércoles 5 de febrero 1997

Edición Electrónica. San José, Costa Rica
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¡Final feliz!

  • Saprissa cayó anoche, 2 a 0, frente al Sturm Graz, de Austria
Harold Leandro
Redactor de La Nación

El estandarte del futbol alegre, Enrique Díaz, se despidió anoche de este deporte, con una sonrisa a flor de labios y la conciencia tranquila por una brillante carrera en la Primera División.

Su rostro reflejaba la paz que puede sentir un hombre al cumplir una jornada preclara. "Estoy feliz porque entiendo que nada es eterno y mi retiro servirá para que otros me superen", dijo, coreado por sus seguidores, en el estadio Ricardo Saprissa.

Poco más de dos mil aficionados presenciaron el retiro de este número 15 en la espalda, cuya excusa fue un partido entre Saprissa y el Sturm Graz de Austria.

Los europeos, quienes salieron victoriosos con goles de Ivica Vástic (49) y Jens Dowe (53), fueron por mucho superior a los morados, quienes tuvieron su punto más alto en Jervis Drummond y el uruguayo Wáshington Hernández.

La inicial fue la etapa que deparó más emociones, pues ambos cuadros jugaron sin marcas estrictas, lo cual le permitió a Díaz realizar sus jugadas de fantasía que perdurarán por años en la retina de los amantes del futbol.

Pese a que hubo acciones vibrantes en los dos marcos, gracias a jugadas bien hilvanadas y remates de varias distancias, el marcador se mantuvo en cero.

Al inicio de la complementaria, los visitantes impusieron su ritmo y, cual pancers alemanes, se fueron encima de los morados con velocidad y cambios de juegos impresionantes. Esto, unido a una desacertada labor el portero Paul Mayorga, explica los tempraneros goles.

Pero llegó el momento cumbre. A los 10 minutos de esta etapa, el árbitro Marvin Amores detuvo el cotejo para rendir tribuno al Grone, la "alegría del futbol".

La cancha fue invadida por periodistas que querían hacer llegar la voz de Díaz a todo el país. No podían faltar los globos y las bombetas.

Alzó en brazos a su hija Valeria, de 10 meses, y le dio la vuelta al estadio, bajo un lluvia efusiva de aplausos. "En este momento, recuerdo los pasajes más felices de mi vida, cuando fui campeón nacional con Saprissa", dijo, sin asomo de lágrimas.

El partido luego continuó. Saprissa intentó descontar, pero el tiempo no le alcanzó. Hernández se fatigó, Jervis fue controlado y el rival se acomodó mejor en la defensa.

En esta clase de encuentros, el resultado es lo menos importante. Lo trascendente es que un hombre bueno deja el deporte que lo hizo feliz y que él ayudó, con sus cabriolas, a dar alegría a miles de aficionados.

Hasta siempre, Zancudo.



La huella de Enrique

Enrique Alberto Díaz Harvey nació en Limón el 23 de febrero de 1959. Debutó en Primera División el domingo 17 de abril de 1977, cuando su equipo, Limón, cayó ante Puntarenas, tres goles a uno, en el estadio Miguel Lito Pérez. En esa ocasión sustituyó a César Hines.

Anotó su primer gol oficial fue el domingo 19 de febrero de 1978, en el Lito Pérez, en el minuto 80. En aquella oportunidad, Limón empató a un gol con Puntarenas.

En resumen: Enrique Días participó en 19 temporadas de la

Primera División, jugó con cuatro equipos, actuó en 676 partidos oficiales, anotó 88 goles y lo espulsaron en 17 ocasiones.


Enrique Díaz Harvey lanza un beso a la afición que anoche llegó a despedirlo al estadio Ricardo Saprissa. Eduardo López/LA NACION


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