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| La Nación Digital Cartas Anuncios Económicos El tiempo Tiras cómicas La Gaceta en breve Obituario Anuncie en La Nación Suscríbase a La Nación Galería Comercial Servicios SuperSite Archivo Digital Correo a La Nación Teléfonos de Emergencia | Expresidentes: su elecciónUn día memorableBerlioth Herrera Redactora de La Nación Siempre estuvieron seguros del triunfoSí, fue un primer domingo de febrero cuando el pueblo costarricense les favoreció con su voto en las urnas electorales y les encomendó la tarea de dirigir los destinos del país por un cuatrienio. Ese día memorable para cada uno, lo iniciaron con el alba, caminaron, saludaron gente, atendieron los comentarios de sus colaboradores. Pese a la tensión que vivían, en todo momento los acompañó un sentimiento de victoria que finalmente dejaron explotar cuando, al caer la noche, los resultados así lo confirmaron. Los expresidentes narraron a este medio, en entrevistas concedidas a lo largo de esta semana, cómo recuerdan el día de su elección. Mario Echandi (1958-62)"Con la bendición de mamá" "Recuerdo que, cuando estaban más o menos asegurados los datos de que yo era el candidato ganador, me fui a la casa de mi madre, doña Pepa de Echandi, que vivía como a cien varas de la Estación del Pacífico. Fui a pedirle su bendición y sus oraciones. Después cerré los ojos y pensé que papá tenía que llevarme de la mano para no cometer ningún error durante el gobierno. "Ese día me levanté muy temprano, antes de las 5 a. m., y fui a votar; hice un recorrido por varios sitios... la verdad es que yo sentía que iba a ganar, me parecía que el partido opositor se había debilitado con una división interna que tuvo. Lo más grande es sentir el agradecimiento con tanta gente, el aplauso, el abrazo de los amigos y la gran responsabilidad, porque ese día lo que está en juego es la democracia." Jose Joaquin Trejos (1966-70)Con tranquilidad "Fue un día de grandes emociones. Hice un recorrido por diversos lugares; sin embargo, en el fondo yo estaba muy tranquilo, la prueba es que, cuando se empezaron a dar los datos, había casi un empate, y a ratos subía Liberación. Yo estaba en mi casa oyendo los resultados con mis hijos y, como a las 11 p. m., me acosté, y, como a las 4 de la mañana en que llegaron a despertarme, todos se asombraron de que me hubiera dormido. En realidad, creo que me había levantado temprano, pero no mucho." Rodrigo Carazo (1978-82)Seguro del triunfo "Yo estaba seguro de haber ganado las elecciones y estaba escuchando los datos; en esa época los daban mesa por mesa. En las primeras 20 mesas la mayoría la tenía Luis Alberto Monge, en eso... dieron una mesa de Corralillo de Cartago, en donde el triunfo nuestro había sido apabullante. En ese momento yo dije en broma: `apaguen el radio, ya no necesito más información; esto lo tenemos ganado.' Me acuerdo que estaba en el Club Central del partido, al frente del Hospital de Niños; mi esposa, Estrella, y mis hijos estaban conmigo. Ahí me quedé como hasta las 10 p. m. Cuando ya estábamos completamente seguros del triunfo, me fui entonces para mi casa. "Yo me acuerdo que había visitado varias provincias; ese día me levanté muy temprano y fui a la primera misa en Escazú; la gente en las calles estaba muy entusiasmada, y me embargaba un sentimiento de profunda responsabilidad." Luis Alberto Monge (1982-86)Bendición católica "Me levanté a las 5 a. m. Estaba muy cansado por lo dura que había sido la campaña. Fui a votar en compañía de un grupo grande de amigos. Regresé a la casa para recibir gentes. Como a las 5 p. m. me llegaron informes del centro de cómputo, pero como no soy muy conocedor de las computadoras, mejor me esperé a que llegaran los resultados. Llamé a un gran amigo: Héctor Morera (actual obispo de Tilarán), y fue al primero a quien le confesé que todo indicaba que habíamos ganado. Me preparé para ir a saludar a una gente que se había aglomerado en la casa José Figueres, y como a las 9 p. m., di mi discurso de triunfo en el que hice un llamado a la colaboración de los que habían votado en mi contra. La situación económica del país era muy grave e iba a necesitar la ayuda de todos." Oscar Arias (1986-90)Pedí no defraudar "Llegamos, Margarita, mis hijos y yo a la iglesia del Perpetuo Socorro en Calle Morenos; estaban también varias de las personas que siempre me acompañaron. A la salida de misa, los periodistas Milagro Espinoza y Eduardo Amador me hicieron varias preguntas. Guido Fernández, quien estaba conmigo, en su libro El Primer Domingo de Febrero recoge lo que yo respondí y lo voy a leer: `Hace muchos años cuando ingresé a Liberación Nacional dije que aspiraba a realizar una carrera política, pero mi franqueza ha tenido un precio muy elevado. He sido, sin embargo, afortunado; Liberación Nacional me ha dado en muchas ocasiones, la oportunidad de servirle a mi país. Desde que estaba en el Colegio Saint Francis, mis compañeros escribían en el anuario que yo estudiaba para llegar a la Presidencia de la República, y, aunque sabía que era más en broma que en serio, la idea me halagaba. El tiempo se encargó de convertir aquellos tempranos pronósticos en una realidad. Ahora sólo me queda pedirle a Dios que me dé fuerzas, y a la Virgen de los Angeles que ilumine mis pasos. (...) Sólo espero que el 8 de mayo de 1990, cuando entregue el poder, ninguno de los costarricenses que hoy votará por mí se sienta defraudado'." Rafael Angel Calderon (1990-94)Siempre votó por mí "Ese día es un día en que uno se levanta sumamente temprano; me acuerdo de haber ido a misa a las 6 a. m. a la iglesia de Curridabat, con mi esposa, Gloria, y mis hijos, que siempre me han acompañado; después dimos conferencia de prensa y fui a votar. Recuerdo una anécdota de lo más simpática (risas). Mi hijo menor, Marco, que tenía en ese tiempo 8 años, pues ese día lo levantaron tempranísimo, como a las 4 a. m.: mire que venga, que se ponga esta ropa rojo y azul, que hay que atender a la prensa y hablarles y preparlo porque él iba a votar en las elecciones infantiles. Entonces, después de tanto trajín, nos dijo: `Sí, yo voy a votar, pero por Castillo.' A nosotros nos sorprendió y le preguntamos por qué, y dijo: `Porque yo creo que Castillo no le hace esto a los hijos' (risas). Entonces la mamá le dijo: `Sí, mire, usted puede votar por quien quiera, lo que no puede es hacerle daño a su papá, así que no se lo diga a nadie más.' Bueno y ya lo llevamos y votó por el papá, claro, pero, como habían tantos fotógrafos y cámaras, después arrugó el voto y dijo: `Yo esto lo boto, porque el voto es secreto, y al mío hasta le tomaron fotos.' Con grandes esfuerzos la mamá lo convenció para que lo depositara en la urna." © 1997. LA NACION S.A. El contenido de La Nación Digital no puede ser reproducido, transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito de La Nación S.A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.co.cr |