|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
| La Nación Digital Cartas Anuncios Económicos El tiempo Tiras cómicas La Gaceta en breve Obituario Anuncie en La Nación Suscríbase a La Nación Galería Comercial Servicios SuperSite Archivo Digital Correo a La Nación Teléfonos de Emergencia |
En la intimidadEntereza campesinaAurelia Dobles Editora de Ancora
"Y este dolor que añora o desconfía
este fragmento de un poema de Antonio Machado se acomoda sí y no a las horas cruciales del fin de fiesta de José Miguel Corrales, pues transcurrieron sin lágrimas reprimidas ni declaradas y no había hipocresía en su rostro sereno -y más bien rojizo por tanto asedio de simpatizantes y por el calor circundante- cuando manifestó: "Madre, me gustaría que usted pudiera abrirme por dentro y ver que estoy de verdad muy contento, feliz con el resultado, porque hemos rescatado al Partido Liberación Nacional." Ecuánime, entero, repartió besos y abrazos a la salida de su sencilla casa en La Uruca, al ras de las siete de la noche, cuando pasó a refrescarse de la dura jornada electoral, que lo terminó de desmelenar en los bulliciosos Hatillo y Desamparados. Parecía consolar él mismo a quienes ya palpaban la derrota inminente. En el calor del hogar, su esposa, Isabel, sus hijos Miguel Eugenio, Ana Isabel y María del Rocío, algunos jóvenes amigos de esta y el nieto, Mauro, veían la televisión en calma, mientras su esposo y padre, en la sala, junto al carnal Rodolfo Longan, conversaba por teléfono con Guillermo Constenla. "Idiay, macha, solo usted falta, muchacha", se dirigió a su esposa -a quien entrevistaba canal 7- a punto de abordar el vehículo que los transportaría al Balcón Verde. Su buen rato se llevó encerrado con sus familiares, y con Constenla, Rolando González, Longan, Luis París, Miguel Díaz, Jorge Urbina, mientras preparaba, siempre tranquilo, sus palabras de aceptación del resultado. Simpatizantes lo ovacionaron y un tumulto se armó a su alrededor cuando empezó la conferencia de prensa. Ahí sí la mención de sus padres, sus maestros de la infancia y su esposa, Isabel, le aflojaron la emoción. Pero primó en el candidato verdiblanco el rostro viril y la voz firme, en la mejor tradición de un recio campesino. © 1997. LA NACION S.A. El contenido de La Nación Digital no puede ser reproducido, transmitido ni distribuido total o parcialmente sin la autorización previa y por escrito de La Nación S.A. Si usted necesita mayor información o brindar recomendaciones, escriba a webmaster@nacion.co.cr |