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Noticias de El País:

Rodríguez ganó por Corrales

El candidato del PLN fue el principal aliado del hoy presidente electo


José David Guevara M.
Redactor de La Nación

Miguel Angel Rodríguez tiene, desde ayer, una deuda pendiente con José Miguel Corrales. Le debe haber hecho el mayor esfuerzo, durante la campaña electoral, por servirle en bandeja de plata la victoria en los comicios nacionales.

Lo anterior no significa un desmerecimiento del denuedo con que el socialcristiano afrontó esa lucha, pero sí el reconocimiento de una paradoja: que su más acérrimo adversario político fue, al mismo tiempo, su más valioso aliado.

Pruebas del aporte del verdiblanco al triunfo del rojiazul hay de sobra.

A lo largo del proceso democrático que finalizó ayer, Corrales condujo al Partido Liberación Nacional (PLN) de crisis en crisis sin soluciones coherentes y ahondando heridas.

Vale recordar la purga de candidatos a diputados cuestionados, el afán porque Mariano Figueres, uno de los hermanos del Presidente, se retirara de la Asamblea Plenaria del PLN y su negativa a aceptar el cargo de aspirante hasta tanto no contara con la bendición del Tribunal Supremo de Elecciones luego de una convención en la que hubo fraude.

Asimismo, Corrales perdió capital político al asumir una actitud distante del Gobierno -de su agrupación- y se hizo a la guerra con un arsenal más moralista que de propuestas.

El analista Rodolfo Cerdas lo resume así: "Entre tanto moralismo abstracto y santulón, pronto aparecieron como olvidados los planteamientos sociales y políticos de la socialdemocracia."

También copió al carbón lo que los socialcristianos hicieron en campañas anteriores pero no en esta: lanzar una campaña negativa -muchas veces sin tener fundamentos a mano- en contra del rival más importante.

En ese sentido, su yerro más garrafal fue haber hecho un mal manejo del caso Hank, el cual lo colocó a él durante algunas semanas en la cúspide del subibaja político, mientras Rodríguez lo observaba desde abajo.

Haber disparado con la vaina vacía lo hizo acreedor a una imagen de político que juega con la fama ajena. "Se convirtió de un hombre que encarnaba la antipolítica en un político más", afirma el sociólogo Alberto Salom.

Terca austeridad

Como si fuera poco, el hasta ayer candidato liberacionista se aferró con terquedad a la idea de hacer una campaña austera mientras en la acera de enfrente tenía lugar una fiesta a bolsillos llenos.

Asimismo, terminó aliándose de mala gana con una cúpula partidista que él había criticado. Para colmo de males no logró curar, o al menos aliviar, el cáncer ideológico, de renovada visión del país, que tiene postrado al PLN.

"Corrales no aparece como una sombrilla de unidad ideológica", opina el politólogo Francisco Barahona.

El socialdemócrata también se enfrascó en una serie de contradicciones cuya cuenta le fue cobrada ayer no con facturas timbradas, sino con papeletas electorales.

La más sonada de esas contradicciones tuvo lugar cuando, después de haber asegurado que él nunca aceptaría ser el candidato de un partido si había un fraude de por medio, terminó dorando la píldora en relación con la anulación de 29.000 votos emitidos de manera irregular en la convención del 1º de junio pasado.

Para rematar lo anterior, la propaganda verdiblanca nunca explicó a los ciudadanos que su "líder" no tuvo nada que ver con el fraude mencionado.

Aunado a lo que Cerdas llama "un mal candidato", se halla la cuota que el PLN aportó en pro de la victoria del aspirante del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) -Rodríguez tiene también una deuda con la agrupación liberacionista-: canibalismo interno, desorganización generalizada y choques y resentimientos entre líderes.

Por ejemplo, en los discursos de plaza pública, el presidente del PLN, Rolando Araya, no mencionaba a Corrales, sino los logros históricos del partido, y el expresidente Oscar Arias dio un tímido apoyo a la campaña. Estos factores no le permitieron a Corrales cosechar el voto histórico verdiblanco.

Finalmente, don José Miguel tuvo que cargar con el alto rechazo público al actual gobierno liberacionista. Hasta una deuda con Figueres tiene el hoy presidente electo.

Sin embargo, no todo son débitos. Rodríguez tuvo las virtudes de lograr un partido mejor organizado y compactado y encabezar una campaña que dio una sensación de triunfo desde el principio, con excepción del tropezón que sufrió por el caso Hank.

Hay que agregar que elaboró un programa de gobierno más coherente y llevó la iniciativa en materia de propuestas, así como que lideró una campaña positiva, en la cual contó con amplios recursos financieros, y siempre gozó del apoyo de todos los líderes del partido. Como dice Barahona, logró montar un equipo de trabajo muy bien aceitado.

Además, supo cosechar el desgaste del Gobierno. "Es como jugar a favor de viento", sostiene Salom.

No obstante, las virtudes de Rodríguez para ganar las elecciones de ayer fueron menos que los aportes de quien fue su principal aliado: José Miguel Corrales.



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