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Viernes 27 de febrero, 1998


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RELEVO TRUNCADO. El 27 de agosto de 1995, Evaristo Coronado dijo adiós y entregó a Vladimir Quesada el gafete de capitán del Saprissa, una herencia truncada hoy.

Y tu sol ¿volverá a brillar?

Vladimir Quesada trabaja, espera y no se rinde


Roberto García
Colaborador de La Nación

Me doy de narices. Si le pregunto a Alexandre Guimaraes por qué Vladimir Quesada no es titular, su respuesta tendrá que ser: El entrenador soy yo, ¡qué pasa...!

La reflexión rondaba mi cabeza, por las calles tibaseñas rumbo al estadio Ricardo Saprissa, ayer al mediodía, mientras las gentes se ocupaban de observar el eclipse parcial de Sol y en mi interior solo sentía la percepción de un cielo gris a punto de desgajarse en lluvia.

Si está claro que el jugador no encaja en el sistema actual del técnico, dada la prolongada ausencia de Vladi en la alineación titular, de algún modo, la consulta a Guima estaría de más. Ubiquemos entonces al protagonista de esta nota, Vladimir Quesada Araya, lateral derecho; 31 años de edad; 14 en la primera división del Deportivo Saprissa; mundialista de Italia 90; morado, por siempre.

Acercarlo a los lectores, nuestro objetivo; procurar que interiorice en la realidad que actualmente enfrenta. Ha "calentado banca" a lo largo de un torneo que alterna invierno y verano, y en ninguna de las estaciones juega.

Suda y se afana en los entrenamientos durante la semana. Y el domingo, de cara al encuentro, ¡el gran día!, después de comprobar que su nombre ni siquiera figura en la lista de los suplentes, abandona el vestuario para ubicarse allá, en las gradas, lejos del espectáculo.

-¿Qué pasa, Vladimir; por qué no jugás?

-Lo ignoro. No padezco de lesión alguna que me pudiera mantener al margen; por el contrario, mi estado físico es óptimo; el trabajo que realizo con el profesor Alejandro Villegas (preparador físico) me ha sentado muy bien.

"Por ello, el asunto queda relegado al aspecto técnico. Guimaraes tiene una idea de lo que quiere. Y en estos momentos, no solo yo, también otros jugadores tenemos que estar a la espera, lo que no quiere decir que permanezcamos con los brazos cruzados.

"En mi caso, me dedico a hacer fuerza, a ejercer presión, pero presión de la buena, para que los titulares sepan que no pueden estar tranquilos ni descuidarse porque nosotros estamos detrás, con hambre de oportunidad."

-En el esquema de Alexandre, los laterales natos, como vos y José Pablo Fonseca, tienen poca opción, dado el rol que cumplen delanteros como Steven Bryce y Farlen Ilama...

-Eso de que jugamos sin laterales, hay que tomarlo entre comillas. La misma función, con algunas variantes, la ejecutan Bryce e Ilama, como usted dice. Sin embargo, si repasa la alineación de los últimos juegos, comprobará que José Pablo ha figurado como lateral, y lo ha hecho muy bien. Yo puedo esperar lo mismo.

-Has sido un líder en el equipo, ¿cómo ejercer esa influencia si no estás en la cancha?

-No sé si lo soy. Quizás sirvo de referente para los muchachos que empiezan. A ellos les hago ver que un partido es el retrato fiel del trabajo que se ha seguido en los entrenamientos; de ahí la importancia de tomar las prácticas muy en serio.

"Los aconsejo, además, en el plano personal; trato de que comprendan que, en el futbol, la ventura pasa en un abrir y cerrar de ojos, que se vuelve imprescindible estudiar y forjarse profesionalmente.

"Esa es mi labor: incentivar a los muchachos; guiarlos por buen camino, como lo hicieron conmigo otros... Carlos Santana, Marco Antonio Rojas, Róger Flores, Evaristo Coronado..."

-Pero también querés jugar...

-¡Por supuesto! Y no deja de convertirse en un asunto difícil motivarse y ser claro en relación con lo que uno desea. Es duro... Como decía un compañero, a quien le preguntaron una vez que si siempre jugaba con Saprissa y respondió: no, nada más me entreno; nunca me ponen.

"Mi deseo no es solo entrenarme o alentar desde una butaca. Si estoy aquí es porque desde que inicié mi carrera en la liga menor, me fijé la meta de llegar. Y lo he cumplido. Por ello, aunque me cuesta entender por qué no actúo, mi motivación está al máximo. Aspiro a ser el mejor. Quiero serlo.

"También soy consciente de que, cuando uno firma un contrato, entre muchas cláusulas, no existe ninguna que especifique la exigencia de ser titular. Y respeto la jerarquía. Guimaraes es el jefe y a él le corresponde tomar las decisiones. Yo las acato."

-¿Es tu momento más difícil en el Saprissa?

-Sí, yo creo que sí. A lo largo de este torneo, que se divide en invierno y verano, si he participado en dos partidos completos, es mucho. Gracias a Dios, con el apoyo de mi esposa, Gabriela Ramírez, hemos tomado esta situación con tranquilidad, a pesar de que se ha vuelto crítica.

-¿Seguirás en la institución?

-Sí, mientras la junta directiva no decida lo contrario.

-¿Hasta cuándo en el futbol?

-Puedo jugar cuatro años más. Sé que mis condiciones lo permiten. Lo que pasa es que en nuestro medio existe la costumbre de presionar al futbolista para que se retire antes de tiempo. La prensa es responsable de eso. Los periodistas le ponen el ojo a un jugador y comentan o escriben que está viejo. No investigan sobre su verdadera condición física y técnica; simplemente pregonan que está acabado, y entonces la gente repite lo que se dice.

-¿Después del adiós?

-He tomado un curso de director técnico en la Universidad Nacional porque mi meta es seguir en esto, ayudando a los que vienen atrás, sobre todo a los niños.

.........

De lo que le ha dado el deporte, resalta el valor de la amistad. Y los afectos cercanos. Con el amor de Gabriela, acuna el futuro de María Alejandra, de cinco años, y de Alejandro, de dos.

Es un líder en silencio, un muchacho ejemplar; respetuoso de las decisiones de la jerarquía, aunque no por ello dispuesto a bajar la guardia ante los designios que lo confinan a observar los juegos desde la tribuna.

Para luchar, su razón es simple. Si el futbol es vida, a Vladimir... le hierve en la sangre.


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