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LUCHADORA.
En 1991, María del Milagro París venció uno de los más grandes obstáculos de su vida, una peligrosa infección cerebral que la tuvo al borde de la muerte. Ella se sobrepuso y luego consolidó su carrera como investigadora clínica.


Eterna campeona

María del Milagro París, pionera de los grandes triunfos deportivos de la mujer costarricense


Eliseo Quesada Campos
Redactor de La Nación

Decimonovena de una serie de 25 semblanza a las figuras más destacadas del deporte costarricense en este siglo.

A María del Milagro París Coronado nunca le gustó perder. Ese fue el cincel que talló una de las carreras más grandes del deporte costarricense.

Vida y logros de esta figura

Desde su más tierno pasado, cuando entró a la natación del colegio La Salle, hasta su presente en los Laboratorios Abbott, de Chicago, María del Milagro siempre se empeñó en vencer todos aquellos obstáculos que se interpusieron en su vida.

"Ella es extraordinaria. Ha sido la nadadora de más coraje para entrenar, la que trabajó más duro. Siento que me nutrí muchísimo de su actitud". Estas palabras de Francisco Rivas dibujan el espíritu de esa ondina que abrió la senda por la que después transitaron las hermanas Sylvia y Claudia Poll, las únicas medallistas olímpicas de Costa Rica.

Con Rivas como entrenador, París Coronado se convirtió en la primer atleta tica que logra ingresar en una final olímpica, la del 100 mariposa en Moscú 80. Ese triunfo, el más grande de su vida, fue el corolario de una carrera llena de éxitos, que la llevó a ocupar el quinto lugar del mundo en esa misma prueba.

Sus inicios

Con ocho años, María del Milagro aceptó una invitación del hermano León -quien daba clases de natación en el colegio La Salle- para participar en un torneo. "Recuerdo que gané un primer lugar, dos segundos y un tercero", dice hoy, a sus 38 años, mientras recrea su glorioso paso por las piscinas del mundo.

París habló con La Nación el jueves anterior, desde su casa en Chicago, con el teléfono como interlocutor.

"Seguí nadando con él durante seis ó siete meses y un día llamaron a mamá para decirle que iban a formar un equipo de natación para ir a Jamaica y que talvez yo podría ir al torneo. Me llevaron a la piscina de Alfredo Cruz, donde estaba Francisco Rivas, y me quedé en el equipo".

Rivas retrocede en el pasado y fija su recuerdo en 1969, cuando doña Catalina Arguedas le comenta de una "niña muy buena" que es compañera de su hija. "La traen, pero me gusta más Eugenia, su hermana. Sin embargo, María del Milagro me parece interesante". Ellas, junto con Gina Araya, Samal Padilla y otras futuras estrellas de la natación nacional integran el primer equipo que dirige Rivas.

"Me gustaba mucho la natación -dice María-, a esa edad me parecía un nuevo reto el poder entrenar. Siempre me gustaba llegar de primera, era un reto constante".

Esa actitud la mantuvo durante los 14 años que le dedicó al deporte.

Hasta ese momento, la natación era una diversión para ella, como lo era también para sus demás compañeros. "Al principio entrené igual que el resto del equipo", comenta. Luego Rivas descubrió en esa pequeña nadadora una cualidad que la hacía diferente al resto de sus pupilos.

"Desde pequeña no me gustaba perder y por eso le ponía más esfuerzo al trabajo que mis compañeros y me empecé a superar más. Si le piden a Francisco una lista de los nadadores que dirigió y que pudieron ser grandes, esta sería enorme. La diferencia radicaba en que estuvieran dispuestos a hacer más esfuerzo y trabajar más. Yo estaba dispuesta.

"Fueron años muy bonitos. Nos sentábamos (Rivas y ella) a hablar y él me decía que yo iba a ir a una Olimpiada. Yo pensaba que estaba loco. Pero él veía condiciones en mí".

Durante tres años, Rivas preparó a París para su gran estreno internacional, primero en el equipo de La Salle -a donde se fue tras romper con Alfredo Cruz- y luego en el Club Cariari, al que se trasladaron con la intención de aprovechar la piscina olímpica -50 metros- recién construida.

Estreno internacional

Tras consolidarse como la mejor nadadora del país desde 1970 -título que fue suyo hasta 1982- María del Milagro se mostró al mundo en el Campeonato Centroamericano y del Caribe de Natación (CCCAN) de 1973 en Ibagué, Colombia, donde ganó cuatro medallas.

Pero su gran estreno fuera de Costa Rica sucedió, realmente, en Guatemala, donde se convirtió en la reina de los primeros Juegos Centroamericanos (1973), con 13 medallas de oro y 1 de plata.

"Ella fue la primera reina que tuvo el deporte costarricense, acostumbrado solo al triunfo de los hombres. Aquella niña se robó el corazón de los ticos", cuenta Rivas.

El entrenamiento, desde ese momento, cambió radicalmente. El nivel de trabajo París provocó las críticas de una sociedad que no estaba acostumbrada a que una mujer se entrenara tanto. "Mi mamá recibía llamadas de gente que le decía que cómo me permitía hacer tanto. Nos decían que estábamos locos".

Las prácticas en la madrugada, las carreras hacia Tierra Blanca, el trabajo sin descanso durante los feriados, la Semana Santa, Navidad, Año Nuevo y durante los períodos menstruales provocó reacciones de malestar.

Sin embargo, los planes se mantuvieron intactos. "Siempre tuve mucha ayuda por parte de mis padres. Ellos nunca me obligaron a nada, todo lo que hice fue por mi voluntad".

En los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1974, en los que ganó tres oros, dos platas y un bronce, María se convenció de que el sueño que tenía Rivas de verla en la final de una Olimpiada, no era una utopía, pues sus tiempos estaban a la par de los mejores en el ranking mundial.

En 1975, María del Milagro fue quinta en el 100 mariposa del Campeonato Mundial de Cali, Colombia, y entonces Rivas se preparó para ver a su pupila en la final de los Juegos Olímpicos de Montreal 76.

Un tropiezo

París cumplió los 15 años en enero del 76 y ese mismo mes sufrió una fractura durante una competencia en Panamá. Tuvo que pasar un mes con yeso y otro mes en recuperación, antes de volver de lleno a las prácticas en marzo, a cuatro meses de la Olimpiada.

Aunque redoblaron los esfuerzos y pasaron de dos a tres entrenamientos diarios, París y su técnico no pudieron recuperar el tiempo perdido. María del Milagro fue décima y no entró en la final.

Este resultado, sin embargo, los convenció de que podrían lograr grandes cosas y se fijaron una nueva meta: los Juegos de Moscú 80.

El camino para llegar allí fue más empinado. En el Mundial de Berlín 76 ella fue décima en el 100 mariposa y en 1980, año olímpico, empezó su carrera de medicina en la UACA, por lo que se redujo su tiempo para entrenar.

Ese año no tuvo un solo fogueo de nivel antes de las Olimpiadas. Además, ya tenía 19 años, y en aquella época las nadadoras se retiraban a los 17 o 18.

Lo peor fue la incertidumbre que precedió al viaje a tierras soviéticas, pues Costa Rica amenazaba con plegarse al boicot al que llamaron varios países en contra del gobierno comunista.

Finalmente, entrenador y ondina llegaron a Moscú con menos opciones que para Montreal. Las matemáticas les daban para entrar en la final B, pero el sueño que Rivas le contó, una vez en el Club Cariari, aún seguía dándole vueltas en la cabeza.

María del Milagro se clasificó a la final del 100 mariposa con 1:02.80 (nuevo récord latinoamericano), al quedar segunda de su heat, detrás de la sueca Agneta Martenson, quien la superó por una centésima.

En la final, María aún tuvo fuerzas para quedar en el sétimo lugar, con 1:02.89, mientras desde las gradas, su entrenador vio hecho realidad aquel sueño que tuvo 12 años atrás.

María del Milagro llenó de orgullo a un país que la recibió como a una heroína y que, aún hoy, la recuerda como una de las grandes figuras deportivas en su historia.



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