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Viernes 26 de marzo, 1999


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PADRE E HIJO.
Pavón es hijo del goleador limonense de los años 70, Allard Plummer. La gráfica corresponde al encuentro que sostuvieron en 1994, en San Pedro Sula, antes de irse al Toluca.

Sangre de artillero

Primero era portero, luego optó por la delantera. A la vista está que Carlos Pavón no se equivocó


Arnoldo Rivera Jiménez
Para La Nación

Con un movimiento de cuerpo creó su espacio. Luego el derechazo implacable que horadó la valla tica. "Todos los goles son motivantes, pero algunos lo son más. El del domingo fue uno de los más importantes de mi carrera, por el orgullo que causó en mi pueblo".

El entrenamiento matutino, del martes pasado, de la Selección de Honduras recién había terminado, cuando Carlos Pavón, delantero y capitán de la Selección de Honduras, lanzó la sentencia sobre el campo del Coyella Fonseca.

Uno de los mejores goleadores centroamericanos de los últimos años, confirmó sus credenciales el domingo anterior sobre la gramilla del vetusto Estadio Nacional. Su actuación le sirvió para ser designado por La Nación como el mejor jugador de la primera fase del Torneo UNCAF.

Pavón -quien juega en el Atlético Celaya de México- -cacheteó la etiqueta de favoritos a priori de la Tricolor. Su derechazo llevó a la blanquiazul a una victoria justa y merecida, que no entraba en los cálculos de los miles de aficionados que llegaron al viejo coliseo de La Sabana.

No se descuida para la segunda fase. Los cuatro países juegan todos contra todos para disputar tres boletos a la Copa de Oro, que se llevará a cabo el año entrante en Estados Unidos. El cuarto puesto deberá ir a un repechaje, en agosto, con Canadá y dos equipos del Caribe.

"Creo que será muy difícil. Todos tenemos la mira puesta en la clasificación. No es nada sencilla esta fase", argumentó. Ya lo probó. El miércoles pasado, Mario Guevara, defensa salvadoreño, lo siguió con afán carcelero. Respiró sobre él y le limitó los movimientos.

Solo tuvo una oportunidad clara, hacia el cierre del juego, de cabeza, que elevó sobre el horizontal. Sin embargo, Honduras ganó 3 a 1. Hoy se enfrenta, de nuevo a Costa Rica, con la esperanza de confirmar su buena actuación del domingo.

Tiene sangre tica y goleadora. Pavón es hijo del limonense Allard Plummer, jugador de los años 70, quien hizo parte de su carrera en canchas hondureñas. Aquí jugó para Limón y Cartaginés. Por ahí, adivina, le vienen las inclinaciones por este deporte.

"Lo traía de adentro. Desde chico tenía sangre de futbolista, por mi padre; fue como algo instintivo", apuntó el jugador, quien nació el 9 de octubre de 1975.

Cosas de la vida y el futbol: los primeros pasos lo llevaron jugar de portero. Solo que un día se fue adelante y&...; ahí sigue.

De tal palo...

Lo que se hereda no se hurta, reza el viejo refrán. Pavón lo cumple. "Quienes vieron jugar a mi padre dicen que soy parecido en la corpulencia, en el remate de cabeza y en la fuerza para entrar al área".

Además, parece que "ve puerta" tica con facilidad. Y en momentos poco indicados para los intereses costarricenses (como el domingo pasado). Así fue en los Juegos Centroamericanos, de San Salvador, en 1994: La favorita Costa Rica, que venía de ganar medalla de oro en los Juegos Centroamericanos y del Caribe (con dos triunfos ante México) fue desinflada con tres goles suyos.

"No importa quién haga los goles, lo fundamental es que el equipo gane. Tengo la suerte de anotarle a Costa Rica; siempre es una satisfacción porque los ticos cuentan con un buen nivel", apuntó el delantero, quien tiene cuatro temporadas de jugar en México.

Correcaminos, Toluca, Necaxa y ahora Celaya son las casacas de Pavón en tierras aztecas. "México es como mi segundo país. Jugar allá ha sido lo mejor para mí: me ayudó a madurar como persona y futbolista", afirmó.

Algo de eso tiene que haber visto Ramón Maradiaga, estratega hondureño, cuando le entregó la cinta de capitán. "La verdad no me lo esperaba, me puso muy contento. Me motiva a dar lo mejor de mí", afirmó.

Pavón está llamado a convertirse en la insignia catracha por los próximos años. Cuando el tiempo sea juez y la retirada llame, sus aspiraciones son sencillas: "Quiero dejar un buen recuerdo en los aficionados". E inmediatamente la sonrisa se estampó en su rostro, perlado por el sudor de la práctica: "Pero todavía hay Pavón para rato".


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