Diversidad en costos de energía
Antigüedad, tamaño y tipo son determinantes
Giannina Segnini y Alejandro Urbina
Redactores de
La Nación
El costo promedio de la energía que producen las plantas del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y los cogeneradores privados depende de la antigüedad del proyecto, de su volumen de producción y del tipo de fuente que se utilice para generar la electricidad.
Si se promedian los costos totales de generación del ICE para el año pasado, incluyendo gastos administrativos, financieros y de operación, cada kilovatio hora costó ¢5,45.
Generación eléctrica y costos por planta
Pero si a eso se le suman las fluctuaciones cambiarias, reportadas por esa institución el viernes anterior, el promedio se eleva a ¢6,94.
El año pasado, el ICE pagó a un promedio de ¢18,77 cada kilovatio-hora comprado a 29 empresas generadoras privadas que operan desde 1990.
Ese costo es 3,4 veces más alto que el promedio del ICE si no se incluyen las fluctuaciones cambiarias, y 2,71 veces más alto si se consideran esos gastos.
En un reportaje publicado el pasado martes se utilizó la primera comparación porque solo estaban disponibles los datos globales del ICE, que no incluían las citadas fluctuaciones.
Los promedios muestran comportamientos globales, pero si se observan los datos individuales, saltan diferencias significativas entre las plantas, sin importar si son públicas o privadas, dependiendo del volumen de producción, el tiempo de operación y la fuente de producción de la energía.
El reportaje del martes comparó promedios ponderados para cada sector; hoy se incluyen los detalles del costo para cada planta, con el fin de profundizar aún más en los resultados.
Las diferencias de fuente hacen que las plantas térmicas del Instituto sean 2,47 veces más caras que el promedio de las plantas privadas, pues las térmicas funcionan a base de combustibles, mientras que la mayoría de las privadas generan electricidad hidroeléctrica, que utiliza como fuente el agua.
Los proyectos hidroeléctricos del ICE, sin embargo, son un 76 por ciento más baratos que el costo promedio de los privados, y las plantas geotérmicas del Instituto también presentan una ventaja con respecto a los cogeneradores privados de un 36 por ciento.
Tiempo determinante
Para comparar los costos de las plantas también debe tomarse en cuenta la antigüedad, pues cuanto más viejo es el proyecto menos son las obligaciones financieras que tiene pendientes.
Así, las plantas hidroeléctricas más antiguas del ICE, como Cachí y Río Macho, tienen costos mucho más bajos (¢2,12 y ¢2,25 por kilovatio-hora) que proyectos privados recientes como Volcán (¢21,54 por kw-h), planta privada con mayor costo unitario.
Al comparar proyectos hidroeléctricos contemporáneos, el ICE tiende a ser más barato que los privados.
El proyecto hidroeléctrico Alberto Echandi, desarrollado por el Instituto en 1990, produce cada kilovatio-hora a ¢7,07, mientras que a la planta privada San Rafael, que inició operaciones en 1989, se le paga cada unidad a ¢13,23.
Igual sucede con el proyecto hidroeléctrico Toro, inaugurado por el ICE en 1995 y con un costo promedio de ¢4,95 por kilovatio hora. Su costo es casi cuatro veces menor que el del proyecto privado Platanar, que inició operaciones el mismo año.
Lo que sí es evidente al desglosar los costos privados y los del ICE es que, cuanto mayor es la producción de la planta, normalmente es menor el costo de la energía que produce. Así, siete de las plantas más eficientes del ICE son las que concentran la mayor cantidad de producción de energía en la institución, con un promedio de 582 millones de kilovatios al año.
Los generadores privados, en cambio, están limitados a construir plantas con una capacidad instalada no mayor a los 20.000 kilovatios y que representen un 15 por ciento del total en el país, pues así lo dispone la Ley 7200 que autorizó su participación, aprobada en 1990.
Una reforma posterior de esa normativa (Ley 7508) amplió en otro 15 por ciento la participación privada, pero en bloques no mayores a 50.000 kilovatios y bajo otro esquema de contratación que obliga a los interesados a competir con precios bajos para venderle al ICE.
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