
POR UN AMIGO. Federico Marín llegó ayer a La Fortuna para preguntar por su amigo, Christopher Damia, un estadounidense que viajaba hacia Tamarindo.
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Amantes de la vida
Sergio Arce Arroyo
Redactor de
La Nación
Los ocho pasajeros y los dos tripulantes del avión accidentado en el volcán Arenal tenían mucho en común: alegres, bromistas y amantes de la vida.
Eran apasionados en lo que hacían y en lo que decían, especialmente cuando hablaban de Costa Rica, según quienes los conocieron.
Por esas cosas del destino, cinco estadounidenses, dos suizos, una canadiense, un japonés y dos costarricenses convergieron en el aeropuerto Juan Santamaría el sábado, poco antes de las 11:00 a. m., para emprender un viaje, fieles a su amor por esta tierra.
Unos iban a tomar sol, otros a visitar a sus familiares en playa Tamarindo, en Santa Cruz, Guanacaste, y alguno tal vez a tocar guitarra y tararear alguna canción al final del día, junto al mar.
Todos llevaban sus maletas repletas de entusiasmo, curiosidad y ánimo de aventura.
Sin embargo, cual juez lapidario, el destino trocó los planes y cobró la vida de casi todos.
Solo el japonés Masaru Hamatani esquivó la muerte, ya que su destino final era La Fortuna de San Carlos.
Ricas anécdotas
Funcionarios de la agencia de viajes Horizontes no dudaron en destacar el don de gentes, la amplia experiencia como turista y la pasión por Costa Rica de la canadiense Terry Pratt, de 51 años.
"Además de perder a una gran compañera, ella era una hermana, una amiga y una excelente profesional, que amaba y defendía a este país", aseguró María Consuelo León.
Según contó, Pratt era una amante de la buena cocina, la lectura y la música, especialmente de la que arrancaba a su inseparable guitarra.
"Es una gran pérdida y nos llega al corazón, ya que sabés que no estará más aquí entre nosotros", agregó.
La canadiense era conocida, además, como una incansable observadora de aves y tenía planeado esta vez dar prioridad a ese entretenimiento en Tamarindo.
Similares muestras de afecto y cariño externó el doctor Manuel Rojas Oreamuno, quien conoció a las dos suizas, Silvia Rhissiner e Ymke Catherine Shoep, en sus funciones profesionales.
Procedentes de Ecuador, ambas jóvenes de 23 años llegaron al país la semana pasada afectadas por un severo cuadro de leptospirosis.
Esta enfermedad se produce luego de ingerir agua contaminada o por contacto con la orina de animales.
Una vez en el país, las dos suizas fueron remitidas a la Clínica Bíblica.
Rojas Oreamuno tuvo a su cargo la atención de las jóvenes, quienes, por la gravedad de la enfermedad, fueron hospitalizadas de emergencia. En total, estuvieron internadas ocho días.
Durante este tiempo, cuenta el médico, tanto Ymke como Silvia se mostraron gentiles, de buen humor y ansiosas de palpar las bellezas naturales de Costa Rica. En Tamarindo se encontrarían con una de sus hermanas, quien vive en ese lugar desde hace varios años.
"Eran un par de personas entusiastas, muy comunicativas y que se llevaban muy bien entre ellas y con todo el mundo", reseñó el médico.
Un día antes de la tragedia el viernes 25 ambas fueron dadas de alta. Antes de marcharse prometieron al médico que le enviarían una copia de las fotos que se tomaron con él.
Con el transcurrir de las horas desde el percance, conocidos del piloto y el copiloto no cesaban en destacar rasgos de la personalidad de ambos.
Mientras Karl Acevedo (piloto) descollaba como persona alegre y muy bromista, sin dejar de lado su cariño por la tierra que lo vio nacer; Wílliam Badilla fue descrito como un compañero "muy gentil, sonriente y muy responsable".
De los restantes pasajeros se conoce poco. Lo único que se dijo por parte de varias personas que los vieron antes del despegue por última vez, es que sus caras reflejaban gran curiosidad por el viaje.
Aunque se intentó conocer más detalles sobre las víctimas en las embajadas de Estados Unidos y Suiza, sus funcionarios se mantuvieron herméticos.
En la legación estadounidense se abstuvieron de confirmar la identidad de los cinco ciudadanos de esa nacionalidad antes de comunicarlo a los familiares.
Mientras tanto, la embajadora de Costa Rica en Ginebra, Isabel Montero, dijo que decenas de suizos han llamado desesperados a su oficina para saber si entre las víctimas se encuentra algún familiar suyo.
¿Por qué?
Estas son algunas interrogantes acerca del accidente del vuelo 1.644 de SANSA
¿Volaba el avión fuera de su ruta? No es posible determinarlo todavía. El vuelo 1.644 de SANSA seguía un recorrido con navegación visual en un espacio aéreo no controlado por radar, donde hay una serie de espacios visuales en los que las aeronaves tienen ciertas rutas con un margen más amplio de navegación lateral.
n¿Por qué el accidente es reportado oficialmente a las 2:37 p. m si SANSA entró en alerta desde la 1 p. m.? Las autoridades investigarán este aspecto. Los canales que se usan normalmente son los del servicio de tránsito aéreo. Según Aviación Civil, del hecho se informó de inmediato, pues el servicio de tránsito aéreo tuvo informes de varios aviones, no solo de SANSA, al recibir una señal de emergencia ELT. Sin embargo, el reporte oficial llegó a las 2:37 p. m.
n¿Por qué se habla de que hubo reportes de gritos en inglés en la noche del sábado, desde distintos sectores del cerro Chato? Es difícil determinar la razón. En casi todos los accidentes la gente de la zona está muy predispuesta a oír o ver cosas. Fueron rumores propalados por habitantes del área, que las autoridades tomaron en cuenta para no descuidar ninguna posibilidad de hallar sobrevivientes.
n¿Cómo eran las condiciones del clima? Normales, aunque vecinos de la zona dijeron que había nubosidad.
(Fuente: Miguel Ramos, director de Aviación Civil).
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