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Mejorar justicia constitucional

Es necesario un cambio en pro del progreso institucional

Rodolfo Saborío


Once años luego de haber entrado en funcionamiento una jurisdicción constitucional especializada, pocos son los sectores de nuestro ordenamiento jurídico que no hayan sentido sus efectos directos. Sin embargo, como toda gran innovación jurídica, el desgaste parece haber hecho presa de esa instancia, por lo que resulta propicio plantear algunas sugerencias para su revitalización.

Luego de asimilada la existencia de este tipo de control, no existe ya ninguna justificación para que no se reforme la Constitución y se instaure un Tribunal Constitucional, totalmente separado de la Corte Suprema de Justicia. La cautela y los temores que lo impidieron en su momento, han quedado debidamente superados con el paso de los años.

Una transformación como la propuesta no debe desaprovechar la oportunidad para introducir cambios importantes en el funcionamiento de ese órgano, de modo que se superen situaciones originadas en regulaciones inapropiadas.

Jueces especializados. En primer lugar, el control constitucional debe asignarse a jueces especializados, estableciendo requisitos de nivel de preparación expresos, vinculantes para los legisladores. La modalidad de designación por parte del Congreso, muchas veces criticada, no parece tener un sustituto adecuado, por lo cual el problema de la politización y el nivel de capacitación de los designados no se superará en tanto no mejore la calidad de los legisladores, pero ese es un tema aparte.

Otro cambio ineludible consiste en delimitar las áreas de competencia del órgano especializado. No es posible que se continúe conociendo de la cantidad de temas que se hace hoy. En tanto guardián superior de la Constitución, esta instancia debe contar también con la colaboración de la justicia ordinaria, y en especial de la jurisdicción administrativa. La jurisdicción especializada debe centrar la atención en el conocimiento de acciones de inconstitucionalidad y conocer por la vía de apelación de las resoluciones de órganos jurisdiccionales en materia de amparo y hábeas corpus.

Regulación legislativa. Hay algunas prácticas del funcionamiento interno que se podrían corregir con tan solo buena disposición, pero que es mejor regular legislativamente. Podemos citar, entre otras, la práctica inconveniente de votar sin tener un texto definitivo. Esto provoca una gran incertidumbre en los destinatarios del fallo y no se puede justificar por el exceso de trabajo, mucho menos con el hecho de que a votación se lleva una propuesta y que antes de firmar cada quien quiera introducir cambios.

Debe obligarse a que la votación sea sobre un texto expreso y que se pueda notificar con la firma del presidente y el secretario, esto último eliminaría también los grandes atrasos que se producen mientras se recolectan todas las firmas. Otro serio problema es la ausencia frecuente de los magistrados propietarios, sea por asistir a cursos de capacitación o por otros menesteres no siempre bien explicados. Otro problema que esto genera es que se dificulta la creación de una doctrina uniforme, por la intervención, en todas las combinaciones imaginables, de los 12 suplentes.

Hay otro gran vacío que consiste en la ausencia de un método para el control constitucional. Luego de tantos años de funcionamiento, no es posible derivar de las resoluciones de la Sala Constitucional un método que permita definir con precisión los parámetros, las pautas de razonamiento y los límites para el ejercicio de las competencias. Es cierto que queda un gran legado de sentencias, pero en muchos casos son contradictorias, carentes de sistematicidad si se aprecian en su conjunto, y desde hace ya algún tiempo, han dejado de tener la fuerza innovadora que las caracterizó.

Hay que valorar como muy positivo este período de 11 años de jurisdicción constitucional especializada, pero si queremos que el país continúe por un sendero de progreso institucional le corresponde a la Asamblea Legislativa proceder a formular un cambio profundo en esta materia.



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