
UNA MUESTRA.
Seguidores de Al Gore protestaron ayer en Washington contra la decisión del Tribunal Supremo, por considerar que el fallo perjudicó a su candidato.
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El impacto permanecerá
EFE.
Washington.
La saga electoral que ha mantenido en vilo a Estados Unidos tocó ayer a su fin, pero los efectos de la crisis en el sistema político, judicial y en la imagen del país en el mundo permanecerán durante algún tiempo.
Aunque la controvertida y confusa decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos colocó virtualmente al republicano George W. Bush en la Casa Blanca y la reacción de los dos partidos ha sido moderada y cauta, los estadounidenses han mostrado más pasión y demostrado que el país está dividido profundamente.
El Tribunal Supremo de Estados Unidos rechazó (por cinco votos a cuatro) el martes la posibilidad de un nuevo recuento manual en Florida, tal como solicitaba el demócrata Albert Gore.
Tiempo para reflexionar
Uno de los legisladores republicanos más cercanos a la campaña de Bush, Rob Portman, expresó en una lacónica frase lo que muchos estadounidenses piensan al final de una larga noche electoral que ha durado 36 días: "No es un momento para las alegrías, sino para reflexionar sobre lo que ha ocurrido".
Entre los demócratas, y aunque a regañadientes, la derrota está asumida y se esperaba que el vicepresidente Gore acepte haber perdido las elecciones y reconozca a su rival Bush como el 43 presidente de Estados Unidos.
Pero aunque tradicionalmente los estadounidenses respaldan a su nuevo presidente el día en que este asume el poder, que será el 20 de enero, el país está dividido y varios expertos consideran que la decisión del Supremo no hace sino imponer un pesado fardo sobre la Presidencia de Bush desde el principio, pese a contar con la mayoría en el Congreso.
Los republicanos, por primera vez desde la presidencia de Dwight Eisenhower (1953-1961), controlarán la Casa Blanca y las dos cámaras del Congreso, pero también se verán sometidos a la presión de los demócratas, a los que sacan muy poca diferencia.
Geoff Garin, un encuestador demócrata, considera que su partido respetará la autoridad del Tribunal Supremo, pero su decisión "dejará a muchos demócratas pensando que no ha sido justa". Muchos estadounidenses, unos decepcionados, otros satisfechos por el que parece ser ya el resultado final, han querido expresar su opinión en los medios de comunicación.
"Para mí, la presidencia de George W. Bush, si es que llega a la Casa Blanca, no tendrá legitimidad", declaraba en un programa de radio un oyente que se identificó como demócrata y que opinó que la decisión del Supremo "es decepcionante y no es buena para el país".
Para otra oyente republicana, los magistrados han hecho justicia y George W. Bush será el presidente de Estados Unidos".
La decisión del Supremo, en cualquier caso, ha traído a este país una extraña mezcla de confusión, decepción y alivio al ver que la batalla legal por la Presidencia de Estados Unidos finaliza, y también ha dado paso a la reflexión sobre un proceso que puso al país más poderoso del mundo en el centro de críticas que está más acostumbrado a hacer que a recibir.
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