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HABLA EL VICEPRESIDENTE. Dick Cheney, el nuevo vicepresidente de Estados Unidos, habla con la prensa, en Washington, sobre aspectos estrictamente legales de la elección.


Unir a la nación, la tarea

Su gobierno sería al estilo Reagan


AP y AFP.

Washington. Tras obtener un estrecho margen de ventaja en las elecciones de noviembre, confirmado por la Corte Suprema, George W. Bush debe demostrar ahora que es capaz de unir a una nación dividida, tal como prometió en incontables concentraciones de su campaña presidencial.

El primer paso de Bush ha sido no clamar victoria tras el anuncio de la decisión judicial que lo colocó en el umbral de la Casa Blanca. Bush permaneció silencioso ayer y su representante utilizó un tono conciliatorio.

Editorial:
  • Bush y la unidad
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  • "Este ha sido un proceso largo y arduo para todos en ambas partes", dijo en Tallahassee, Florida, el exsecretario de Estado James A. Baker III, representante de Bush.

    Agregó que Bush y su compañero de boleta, Dick Cheney, se sentían complacidos con la extraordinaria decisión de la Corte Suprema, anunciada la noche del martes.

    La respuesta del demócrata Al Gore será un factor determinante en precisar las dificultades que puede entrañar esa búsqueda de la unidad.

    George W. Bush, gobernará probablemente al estilo Reagan, que ya tuvo ocasión de aplicar como gobernador de Texas: el de un líder que marca las grandes líneas de una política delegando los detalles a sus colaboradores, capaz de comunicarse con el pueblo y de convertir un revés en victoria personal.

    Llegado tardíamente a la vida política tras los pasos de su padre, el expresidente George Bush (1989-1993), Bush hijo es casi un novato. Su única experiencia es la que adquirió como gobernador de Texas, cargo que ocupa desde hace seis años.

    Contrariamente a lo que suele afirmar, no tuvo una carrera fácil y la legislatura texana le causó varios dolores de cabeza, derribando uno tras otro sus proyectos de reforma.

    Ambiciones nacionales

    En privado, Bush está furioso, pero tiene ambiciones nacionales y quiere cuidar su imagen de "conservador compasivo". Evita entonces una confrontación pública y prefiere tragarse la derrota, manteniendo un perfil bajo.

    "Lo masacramos", recuerda el representante demócrata de Houston, Garnett Coleman. "Pero ese hombre es muy astuto. Sabe convertir una derrota en una ventaja", admite.

    Bush se interesa poco por los expedientes complejos, de los cuales tiene un conocimiento aproximativo. Trabaja poco pero sabe rodearse de colaboradores técnicos para asistirlo, que deploran a veces su impaciencia en las reuniones demasiado largas y su falta de interés cuando se trata de leer informes extensos.

    Durante la campaña por la Casa Blanca, supo mantener alejado al sector más conservador del partido, cultivando una imagen de moderado. "Soy una figura de reunión y no de división", repitió incansablemente.

    A pesar de ser pésimo orador, Bush es dueño de una gran capacidad de contacto humano y su inteligencia es generalmente subestimada, afirma el politólogo Richard Semiatin, de la American University.

    "Tiene confianza en sus dotes de comunicador, le gusta estar con la gente, sabe hablar de sus adversarios y sabe decidir", comentó el experto.

    Según sus consejeros, su estilo recuerda sobre todo el del ex presidente Ronald Reagan: un jefe del Ejecutivo que dicta grandes líneas directrices y delega responsabilidades en los asuntos de detalle.

    "Tengo confianza en mi intelecto", afirmó recientemente el nuevo presidente de Estados Unidos. "Mi tarea no será más inteligente que la de los demás miembros de mi Gobierno. Será reunir a una administración llena de gente brillante y muy capaz", concluyó.



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