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GOLEADOR DE AYER Y HOY. Errol participó en 1993 en una producción periodística de La Nación, en el estadio Alejandro Morera. "El futbol cambió mucho su ritmo. La preparación se enfoca más en lo físico. Por eso, hoy se hace más difícil hacer goles, porque el jugador tiene dos o tres jugadores que lo marcan dentro o fuera del área", afirmó el exgoleador rojinegro.


Dictador en la red

Errol Daniels, el símbolo del gol de todos los tiempos en Costa Rica, con seis títulos como mejor anotador


Rodrigo Calvo Castro
rcalvo@nacion.co.cr
Redactor de La Nación

Tercera y última entrega de una serie acerca de los nuevos integrantes de la Galería Costarricense del Deporte, quienes serán incorporados el próximo martes en una ceremonia especial en el Club Unión, de San José.

El gol lo marcó de por vida. Errol Daniels Hibbert fue un dictador en la red, de los que hoy son muy cotizados en el balompié por su escasez. Desde pequeño demostró una habilidad natural para convertirlos de todas formas y estilos, en una época en la cual los sistemas eran cerrados, pero no tan rígidos como en la actualidad.

Gráficos:

  • Perfil del Goleador
  • Llegó a marcar cerca de 200 anotaciones en los campeonatos de 1963 y 1973, aunque no existe un dato confiable acerca de su registro oficial... Digan lo que digan, afirmen lo que afirmen, las cifras increíbles que le asignan seis títulos como mejor anotador del país –cinco seguidos y uno alterno–, lo transforman en una leyenda futbolística sin parangón.

    Un fuera de serie, que tenía olfato de gol y poseía velocidad, potencia y remate contundente. Un ídolo de gran carisma, que siempre resultó imparable para las defensas adversarias, en torneos que eran más cortos a los que se disputan en el presente.

    "Habían demasiadas marcas en mis tiempos, pero Dios me dio dones para tener facilidad al anotar... El gol se intuye y el delantero lo siente y lo palpa. Cuando tomaba el balón en la forma que cayera en el área, levantaba la vista y veía un espacio pequeño que me dejaban, no lo pensaba dos veces para rematar a la red".

    La expresión del exfutbolista revela una pequeña parte de sus secretos para rebelarse como el mejor goleador de nuestra historia. Surgió a sus maduros 56 años durante un amplio diálogo con La Nación en la casa de su madre, doña Edna, en Jardines de Moravia, pocos días antes de su incorporación a la inmortalidad deportiva.

    Regresó de improviso desde Nueva York (EE. UU.) –allí llegó en 1974–, para estar en el homenaje que le dedicó Alajuelense, como rojinegro de cuerpo y alma, antes del clásico con Saprissa, y en la ceremonia de inclusión a la Galería del Deporte, el próximo martes, con Sylvia Poll (natación) y Carlos Tuta Cortés (motociclismo).

    Salto a la fama

    El gusanillo por el futbol no le despertó en su natal Guácimo de Pococí, sino en Calle Blancos, San José, donde su familia se trasladó por razones económicas cuando tenía seis años. Sus primeras patadas al balón las dio con sus compañeros de escuela.

    Fue en la plaza Tomás Guardia, en Calle Blancos, donde se distinguió como un líder y una promesa goleadora en las típicas mejengas de barrio, a mediados de los años 50, junto a otros que también llegaron al protagonismo en la división superior, como Enrique Briceño, Mon Solís, Jorge Zamora y su hermano Floyd.

    "Mis notas, disciplina y calidad deportiva me hicieron ganar una beca en sexto grado, para continuar en el Saint Francis, donde tuve un maestro como entrenador: Rogelio Rojas".

    Cuando estaba en primer año experimentó al lado de Víctor Manuel Cholo Ruiz, su primera experiencia en el extranjero: una gira de intercambio a Estados Unidos. Con el paso del tiempo, el futuro de él y de sus compañeros los llevó luego a figurar en Saprissa, Liga, Orión y Uruguay.

    Sin embargo, sus primeros éxitos fueron durante dos años en torneos de canchas abiertas, con San Rafael, Las Cruzadas y Águilas Blancas, de Calle Blancos, pese a la oposición de su madre, doña Edna Hibbert, que quería que continuara sus estudios.

    Francisco Rodríguez, un exjugador, lo llevó a probar suerte a Cartago, a Heredia y dos veces a Alajuela. Pero fue la Liga el club que lo convenció a firmar "de por vida", al igual que a su hermano Floyd, en 1962.

    Allí hizo diabluras con la bola, como delantero izquierdo en las reservas. Pasó a la Primera División en 1963 y debutó primero en un torneo amistoso en pro de la Selección Mayor y luego en una gira internacional a La Ceiba, Honduras, para disputar la Copa Isidreña ante el Olimpia, Victoria y Vida, en mayo de ese año.

    "Eduardo Viso fue quien me dio la oportunidad. Él trabajó mucho conmigo después de las prácticas, para perfeccionar los remates a marco, el cabeceo, los penales y los tiros de esquina. Yo lo insultaba y le decía: ë¿Por qué solo a mí?’ Y Viso me respondía con sabiduría: ëAlgún día me lo va a agradecer’. Y tuvo mucha razón".

    Pero un cambio táctico del sucesor de Viso, Nelson Morera, le permitió pasar de puntero izquierdo a centro delantero. La variante rindió frutos y en la siguiente campaña cosechó su primer título de goleo (1964).

    Tres años después, en 1967, los manudos estaban bien acoplados y, entonces, Errol dejó para el registro histórico una marca aún vigente, que nadie ha podido igualar: anotó 41 goles en un solo torneo, aunque Errol y otras fuentes afirman que fueron 42.

    "Cada domingo me levantaba con la seguridad de que iba a hacer dos o tres goles. ¡Y los hacía! Yo me esforzaba mucho. No me gustaba perder. Soy un ganador por nacimiento. Todavía lo soy, en otros ámbitos de la vida".

    Errol le acredita al desaparecido Juan José Gámez la mayor parte de sus anotaciones. "Gámez era el armador del juego y me decía: ë¡Vete de puntero izquierdo, que por ahí te van a caer las bolas!’ Se ponía de acuerdo con Chalazo (Mario Vega) y con Floyd, y me cruzaban grandes pases".

    Los seis títulos de goleo (cinco entre 1964 y 1968, y uno en 1970) se concretaron frente a "mucha competencia" que tuvo de los artilleros más cotizados como Guido Peña, Juan Ulloa, Vicente Wanchope, Eduardo Flaco Chavarría, Roy Sáenz, Trino Pilila Mena y Leonel Hernández.

    También enfrentó a los porteros de la época, José Francisco Fonseca, Evaristo Allen, Mario Flaco Pérez y Juan Gutiérrez, pero ubica a Didier Gutiérrez como "el más difícil de todos, por su agilidad, reflejos y largas manos".

    Y de sus registros recuerda con ilusión varios "goles olímpicos" que logró, en especial uno que le hizo al Saprissa y otro a la Selección de El Salvador, en el Estadio Nacional (1970).

    Daniels jamás olvidará el pasaje que vivió al reforzar al Herediano ante el Gornik de Polonia, que por culpa de los florenses dejó tendido aquí, por 2 a 1, su invicto por América (1969).

    "Linford Mondell (Limón) me paró un penal, después fallé unos seis más y pasé tres meses sin hacer un gol. ë¡Sáquese ese trauma de la cabeza, usted puede!’, me decía Viso. Una noche le convertí cinco a Orión y... el mito de la inseguridad lo terminé de romper, cuando convertí un penal al Gornik".

    Del retiro al presente

    El 14 de abril de 1971, en el estadio Alejandro Morera Soto, de Alajuela, empezó a decirle adiós al futbol, después de lesionarse seriamente al minuto 60 de un juego contra Barrio México, tras un fuerte choque con el arquero Freddy Jiménez Luna.

    "No hubo mala intención del portero, pero sí la de cometerme la falta. La cancha estaba mojada, perdíamos 1 a 0 y me había quitado las espinilleras. Me metieron un balón y me llevé dos defensas en velocidad. Cuando Jiménez Luna salió y levantó el pie para sacarme de balance, me quebró dos huesos de la pierna izquierda".

    Errol pasó 18 meses alejado del futbol y su carrera se le vino abajo.

    Reapareció en junio del 72 contra San Carlos y el 17 de setiembre de ese año logró su primer y único tanto, por el Torneo de Copa, cuando igualó 1 a 1 con Puntarenas. Pero ya no era el mismo y recibió la peor noticia...

    Un sobre puesto en su casillero en el vestidor rojinegro, le informaba escuetamente de su despido y desinscripción, por acuerdo de la directiva y del técnico Alfredo Chato Piedra.

    Entrenó con Limón, pero nada se concretó. El húngaro Ferenc Meszaros lo llevó a Puntarenas, donde conquistó dos goles en ocho juegos. Pero la destitución del europeo y la llegada de Piedra, le frenaron sus planes.

    Volvió a la Liga, donde querían que regresara al gol. "Yo les iba a hacer la maldad de coger el dinero del fichaje, para irme a Estados Unidos. Pero mi papá, Vicente, me frenó: ëSiempre salga con la cabeza en alto. No haga algo que lamentará el resto de su vida. Yo le regalo el pasaje y prueba con otros equipos allá’. Y seguí su consejo".

    Llegó en 1974 a Nueva York y allá se estabilizó. Primero entrenó tres meses con el Cosmos, pero se retiró cuando el técnico Gordon Bradley lo marginó por el color de su piel.

    "Me tocó vivir como aficionado la mejor época del Cosmos con Pelé, Carlos Alberto, Beckenbauer y Chinaglia. Una constelación que bien valía la pena ver por solo $15".

    Conformó allá una familia con su segunda esposa, Victoria Rivera, y sus hijas Wendy y Fanny, que le cambiaron su estilo de vida, sin dejar su seguimiento del futbol nacional y mundial, por la televisión y los periódicos.

    Y por 20 años, Errol se vinculó como despachador de la fábrica de abrigos de piel, Coopchik Furs. Ahora labora con High Fashion Garment, una firma de trajes finos para mujer.

    "Llevo una vida sana y ordenada. Los domingos ayudo en la iglesia católica... Me pensionaré en cinco años y vendré a descansar a Costa Rica", concluyó el símbolo del gol.



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