
NARCOIMPERIOS. Para la administración estadounidense, guerrillas como las Farc en Colombia se dedican hoy de lleno al negocio del narcotráfico. Aquí, un grupo de insurgentes en San Vicente de Caguán.
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El laberinto de Colombia
Narcotráfico infarta proceso de paz
Guerrilla y paramilitares se benefician del negocio, dice EE. UU.
Édgar
Fonseca
efonseca@nacion.co.cr
Enviado especial de
La Nación
Bogotá.- Noralba Gálvez encarna una de las tantas caras de la tragedia colombiana.
Su esposo, el coronel Álvaro Acosta Argoty, cayó en poder de la guerrilla el 5 de abril, tras ser derribado un helicóptero en las montañas del Valle.
A ella le han dicho que quedó paralítico. Los guerrilleros y otros soldados que cayeron presos con él le ayudan en cada momento a hacer sus necesidades. Y doña Nora teme porque le están dando diacepan, que, dice, es un anticonvulsionante y crea dependencia.
La guerrilla ha hablado con ella. "Me dijeron: prepárese porque usted no va a recibir al mismo hombre que conoció", dijo la noche del jueves 14 de diciembre con su voz entrecortada, mientras sus ojos penetraban los del país, en una última súplica a las marxistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para que se lo liberen.
El coronel, quien cumplió 43 años el 12 de diciembre, encabezaría una lista de 20 militares enfermos, de 500 en poder de las FARC, que serían canjeados por guerrilleros enfermos en este fin de año.
La negociación era frenética en las últimas horas con tal de llegar a un arreglo.
Si se da el canje, estiman observadores en Bogotá, sería un primer paso para retomar la confianza perdida entre las partes que tiene en vilo en estos momentos las negociaciones de paz.
"El país se niega a pensar que la guerra es nuestro único destino", advirtió esa noche del 14 de diciembre el excomisionado estatal para la paz, Daniel García.
Alababa así el posible canje como algo que podría desentrabar el proceso de paz. Su voz cargada de optimismo coincidió con el tono con que nos recibió en la mañana siguiente, en su casa del barrio Calatraba, Alfredo Rangel, analista y columnista de El Tiempo.
"Paradójicamente -dijo- el proceso de paz ha avanzado más, ha dado saltos cualitativos, cuando ha habido rupturas como las que hoy vivimos".
Pero, en San José, donde se sigue con particular atención la evolución de esta crisis, el optimismo no ebulle. "No. No. No. Eso no es así de fácil. No creo que el canje abra el camino para la negociación de fondo por la paz", puntualizó el excanciller Rodrigo Madrigal Nieto, quien maneja al dedillo el caso colombiano.
"No he logrado descubrir una verdadera voluntad de paz en ellos", sentenció, al referirse a todos los actores del conflicto. Su pronóstico es reservado y de cautela porque este es un proceso que, más allá de lo político, "está teñido, muy teñido por el factor de la droga. Se trata de un enorme conflicto de lejanas raíces, alimentado por el negocio de las drogas. Este es el peor ingrediente".
El Departamento de Estado de los Estados Unidos vincula tanto a las FARC como a los grupos paramilitares de extrema derecha en el negocio del narcotráfico.
Un diplomático consultado en Bogotá coincidió en ver el tema del narcotráfico como de mayor incidencia, sobre todo en la capacidad de autonomía e independencia que financieramente les concede a las FARC.
"En eso no es vulnerable, como lo fueron las guerrillas en Centroamérica. Es autosostenible. ¿Usted cree que están dispuestos a dejar eso?", se interrogó el diplomático.
Las FARC niegan con ardor cualquier nexo con el negocio de las drogas, pero Estados Unidos estima que los insurgentes ganan unos 500 millones de dólares al año por protección, cultivo y distribución de cocaína.
"Estamos viendo cómo se ahuecan los gobiernos en regiones críticas de Latinoamérica y se rellenan con individuos que, de hecho, montan un narcogobierno, un pequeño narcoimperio, amenazador para los gobiernos locales y para Estados Unidos", dice Thomas R. Pickering, subsecretario de Estado para Asuntos Políticos.
¿Una válvula?
Diálogos por la paz que por iniciativa del presidente Andrés Pastrana empezaron hace dos años, fueron rotos, abruptamente, por las FARC en noviembre, al exigir acciones contra los paramilitares.
¿Por qué los cortaron?
La revista Semana insinuó que, más allá del argumento paramilitar, la guerrilla tuvo "razones estratégicas, tensiones internas que resolver antes de meterse en una fase de negociación bastante más álgida y comprometedora".
El Gobierno restringió, a su vez, hasta el 31 de enero, la zona de despeje militar de 42.000 kilómetros cuadrados al sur del país en que opera la guerrilla. Otros 10.000 kilómetros fueron declarados bajo despeje para el grupo guerrillero ELN. En total, el territorio del que ha sido retirado el ejército es igual al de Costa Rica.
"Estamos en una verdadera crisis para el proceso de paz, pero también en una situación de oportunidad... Va a ser muy positivo el intercambio humanitario entre prisioneros enfermos", comentó en el mismo medio Jan Egeland, enviado de la ONU para el diálogo en este país.
Dos cartas
"Para reiniciar conversaciones, las FARC deben presentar algo. Deben decir: algo ha cambiado. El canje es fundamental para ellos. Les daría estatus de beligerancia", sostuvo Alfredo Rangel.
Tanta importancia le dan las FARC al intercambio, que quien dirige la negociación es su máximo jefe, Manuel Marulanda Vélez, Tiro Fijo. Por el Gobierno las conduce Camilo Gómez, alto comisionado para la paz.
Rangel estimó que, con la presión por el canje, las FARC se juegan dos cartas. Una, liberar paulatinamente cuadros militares de mando detenidos para liderar una tropa que pretenden duplicar. Piensan llegar a unos 35.000 hombres de los 18.000 en que se encuentran hoy. "Porque las FARC no han desistido de la opción armada", dijo.
Pero subordinado a su afán militar subyace el político: las FARC necesitan ganar tiempo. Le apuestan a que en el curso de la negociación política logren una legitimidad pública que no tienen.
Y es aquí donde el proceso colombiano debería desembocar tarde o temprano en la discusión de los "temas ineludibles", como Rangel los llama, insertos en la agenda de negociación congelada desde noviembre.
Reforma agraria, reforma tributaria, el desempleo y la sustitución de los cultivos ilícitos, son algunos de esos asuntos.
Se enmarcan dentro de lo que el Departamento de Estado de los Estados Unidos identifica como hondas raíces de los problemas que vive hoy Colombia. "Limitada presencia gubernamental en amplias áreas del interior, la expansión del cultivo de drogas ilícitas, violencia endémica e iniquidades sociales" son reconocidas por autoridades norteamericanas como algunas de las causas del conflicto.
Como pompas de jabón
El optimismo que se respira en Bogotá es , como su clima de diciembre, enrarecido. Rangel admite: "Lo peor está por venir. El proceso va a ser tenso". Pero otea posibilidades de luz. "A la guerrilla -enfatizó- no le sirve que la negociación languidezca". La ve, incluso, aceptando hasta nuevas condiciones en la zona de despeje. El Gobierno, por su parte, demostraría un cambio de actitud, de mayor firmeza ante una guerrilla arrogante en ritmos y contenidos de la negociación. En ese marco se retomaría la agenda fundamental que conduciría, en el escenario ideal, a firmar la paz.
Pero el excanciller costarricense Madrigal Nieto estima, por el contrario, que hay partes en todos los bandos del conflicto que desean "que la revuelta no se acabe. Hay deseos de aniquilación mutua".
Y el narco está en el medio. "Ocupa un alto porcentaje de lo que es el diálogo. ¿Por qué rompe la guerrilla? Tocar con los cultivos ilícitos es acabar con la fuente de abastecimiento de mucha gente en Colombia. ¿Va a haber una batalla frontal? No sé si querrán los intereses de las mafias en uno y otro sector. ¿Cuál es la luz en el túnel? ¿No producir más droga?", reflexiona Madrigal con frialdad.
No descarta prórrogas a las zonas desmilitarizadas, altos y bajos y reaperturas de negociaciones. Quizás España entre a desempeñar un papel más decisivo por medio de su embajador. Pero no ve una real voluntad de paz, de un buen entendimiento en cuanto a la agenda común.
"Las convocatorias de paz duran como pompas de jabón. Se convocan y no llegan", dijo.
En Bogotá la esposa del coronel Acosta espera que, al menos para liberar a su marido enfermo, haya una pizca de esa voluntad hasta ahora ausente.
La maldición
Bogotá.- ¿Qué haría usted si llega al supermercado y reconoce en la cajera que lo atiende a una de las mujeres que lo tuvo secuestrado por meses?
¿Qué haría usted si va de paseo y en una zona remota un comando guerrillero lo retiene, le pide su cédula, la chequea en una computadora portátil y detecta su estatus económico?
¿Qué haría usted si, mientras almuerza, llega al restaurante un comando subversivo, lo hace salir junto a los demás parroquianos y les pide subir a sus respectivos carros para medir su capacidad económica?
Y ¿qué haría si sabe que en el banco donde tiene todas sus operaciones hay infiltrados de la guerrilla o de la mafia, que escrutan dato por dato todos sus movimientos para luego amenazarlo y extorsionarlo?
Día a día, estas historias, atrapadas en interrogantes, reflejan un fenómeno que hace de Colombia uno de los países más inseguros del mundo.
La sofisticación de los métodos para ejecutar secuestros cobra dimensiones tan dramáticas hasta el punto de que el jefe del ejército clamó en estos días por declarar un estado de conmoción nacional.
Cáncer con aspirina
"No podemos seguir tratando un cáncer con aspirina porque eso no da ningún resultado", advirtió el general Fernando Tapias, máximo jefe militar de Colombia.
"Jamás, jamás lo habíamos pedido tan vehementemente como ahora, pero la estamos necesitando urgente porque se están desmandando todos los problemas", enfatizó Tapias.
Oficialmente, a las guerrillas se les atribuye siete mil secuestros en 6 años, y a las fuerzas paramilitares que, según el general Tapia, ya suman 8.000 hombres, se les vinculan 397. Solo en el año que termina, la subversión marxista ha secuestrado a 1.394 personas.
Pero esas con cifras frías.
El secuestro perpetrado por guerrilleros marxistas, por paramilitares de extrema derecha o por delincuentes comunes se manifiesta brutal a cada instante.
El caso más impactante de los últimos días tiene como protagonista a la hija de un amigo del presidente Pastrana. Se llama Juliana Villegas, hija de Luis Carlos Villegas, líder del poderoso sector industrial colombiano.
El 28 de noviembre, cuando la muchacha salía de la Universidad Javeriana para ir a la casa, hombres armados la secuestraron.
La prensa teje todas las hipótesis: que fueron las FARC, que los extremistas de derecha, que los delincuentes comunes. Quien sea, el caso estruja el corazón de los colombianos, que ven impotentes cómo una joven en plenitud de vida, cuyo padre ha aportado al proceso de paz, cae en las garras de bandas malditas. No sorprende entonces que en los últimos 5 años un millón de colombianos haya escapado al exterior, hastiados de la crisis económica, la inseguridad y la descomposición social, reconoce el Gobierno.
Libreta de apuntes
Bogotá. Un villano más en estos días aquí: Juan Manuel Santos, ministro de Hacienda. Decretó un salario mínimo de 150 dólares, y la gente se lo quiere tragar vivo.
El programa televisivo de mayor influencia, "La Noche", está a cargo de una muchachita corronga. Hay gente que se pregunta: ¿no debería conducirlo un profesional de más experiencia y espuela, dada la compleja situación del país?
¿Bandeja paisa? Se trata de un plato típico colombiano de respeto. Incluye chicharrón, morcilla, arroz, fríjoles (pronunciado por ellos como voz esdrújula), patacones. Repito, es de cuidado. Pero se ve una delicia. A nuestro 'gallo pinto' lo llaman 'calentado'.
Pida café y le traen una taza de leche. Pida tinto y le llega una exquisitez del café de este atribulado país.
"No queremos a los chibchombianos". "¡Hummm!, le digo al taxista, y ¿quiénes son? Los bogotanos, me responde. "Son muy decentitos, muy finitos, muy modositos".
Una pareja de profesionales de clase media -en vía de extinción-, me aclara un bogotano, debe vivir con salarios aproximados a los 1.200 o 1.500 dólares en conjunto.
Por temor a secuestros y a asaltos, el capitalino no se atreve a salir más de allá de 50 kilómetros a la redonda. Y en algunos casos envían a sus hijos a las escuelas en microbuses protegidos por escoltas privados. Les restringen fiestas de grupo.
La embajada de Costa Rica en Bogotá es un hervidero de gente que busca información sobre el país, condiciones migratorias, posibilidades de empleo.
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