Desarrollo y Estado hoy Necesitamos soltar nuestras
amarras
Hace poco más de dos semanas, al reflexionar sobre los desafíos nacionales del nuevo siglo, miramos al futuro con esperanza, pero sin desdeñar nuestra realidad contradictoria, en la que conviven enormes logros, grandes carencias y urgentes tareas. Hoy regresamos a esas inquietudes, para plantear un conjunto de ideas dirigidas a la acción. Iniciamos una serie de seis editoriales que, durante esta y la próxima semana, ahondarán en nuestra visión sobre el país y sus retos, centrados en las tareas necesarias para avanzar rápida y sostenidamente. Esperamos, con ellos, promover las reflexiones y decisiones de dirigentes y ciudadanos.
Son muchas nuestras fortalezas como nación; más aún las posibilidades. Pero estas se trocarán en retroceso si no caminamos por el rumbo que demandan los tiempos. El nuevo siglo, que comienza bajo el impulso de la globalización y la tecnología es, sobre todo, un conjunto de circunstancias y retos cambiantes, que demandan respuestas claras e inteligentes. Su búsqueda colectiva requiere, para tener coherencia y unidad, un cambio profundo en nuestro Estado y su interacción con la sociedad. No podemos seguir amarrados a una noción estatal que, por desbordada, ha descuidado las áreas más estratégicas en que debería concentrarse, con eficiencia, la acción pública; tampoco podemos ver la sociedad desde la perspectiva de grupos y cotos cerrados, sino de individuos autónomos y organizaciones dinámicas.
El país necesita un Estado más regulador que productor; más estratega que operador; centrado en las grandes tareas comunes --salud, educación, seguridad ciudadana, justicia, ambiente, infraestructura, normativa comercial y financiera, estabilidad macroeconómica, arbitrio de intereses encontrados, redistribución de la riqueza y promoción de los más débiles--, no dedicado a ser banquero comercial, vendedor de seguros, fabricante de licores, o amo y señor de las telecomunicaciones.
Lejos de abandonar la esfera pública a las fuerzas privadas --llámense mercado, gremios o grupos de presión--, se trata de intervenir con eficiencia en lo realmente estratégico, y dejar a los individuos y las organizaciones civiles (desde sociedades anónimas hasta cooperativas, desde grupos comunales hasta fundaciones) un ámbito de acción más abierto y libre, con creatividad, competencia y reglas claras y uniformes.
Ese Estado fuerte, compacto, eficiente y responsable, debe replantear su organización, sus mecanismos de contratación, remuneración, promoción y rendimiento de cuentas. Debe mirar hacia las oportunidades y los desafíos de un mundo cada vez más integrado. Debe revitalizar nuestro sistema democrático, nuestras libertades, los mecanismos de representación ciudadana, la equidad, el sentido de una comunidad integrada por gente activa, no frustrada y replegada a sus ámbitos privados. Debe estar consciente de que el país, en algunos aspectos, padece una preocupante dualidad de oportunidades y beneficios, por una distorsión de las prioridades públicas.
Costa Rica necesita, para construir desde sus virtudes y desarrollarse plenamente, soltar las amarras. Pero esta meta choca con los atavismos ideológicos, con la pequeñez de miras, incluso con la ignorancia sobre el país y el mundo de hoy que aún padecen muchos dirigentes y grupos. Ante un insuficiente liderazgo creativo --que debe provenir de las más altas instancias políticas-- esos sectores han vetado los cambios más profundos que el país necesita. Nuestros avances recientes, en gran medida, son producto de esfuerzos individuales que se han sobrepuesto a las limitaciones. Si tal situación se mantiene, el acervo de ventajas nacionales se deteriorará con rapidez. Pero si producimos un cambio en el sentido adecuado, las posibilidades serán enormes y sus beneficios llegarán todos.
¿Cómo lograrlo? Basta con un conjunto de reformas legales --y unas pocas constitucionales-- combinadas con buena administración. Pero poco podrá lograrse sin un acuerdo de los principales actores políticos, que neutralice a los grupos inmovilistas, articule a los sectores sociales que han entendido la necesidad del cambio, y tenga suficiente ímpetu para convencer a quienes dudan de él.
En nuestros próximos cinco editoriales nos referiremos a las áreas que requieren atención y acción prioritarias.
Miércoles: el cambio estructural de la economía.
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