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San José, Costa Rica. Viernes 21 de enero, 2000
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Artículo de Opinión:

La ruta de la productividad

Menos distorsiones y más eficiencia son tareas indispensables



Para que la economía nacional pueda crecer aceleradamente sin provocar inflación, y competir en un mundo globalizado, tiene que mejorar su eficiencia productiva. Esta es una verdad de Perogrullo que todos nuestros dirigentes y políticos dicen reconocer. Sin embargo, muy pocos han dado el siguiente paso, que consiste en impulsar las medidas necesarias para que la productividad aumente; peor aún, en ocasiones han ocurrido retrocesos en la lenta tendencia de cambio.

De manera general, se requiere reducir las distorsiones, impulsar la competencia --y la competitividad-- en los sectores público y privado, y permitir mayor integración con la economía internacional.

Al Estado corresponde ser el primero en dar el ejemplo: los servicios que presta en régimen de monopolio no son los más eficientes ni baratos. Deberían estar en manos del sector privado y abiertos a la competencia, con las regulaciones necesarias para garantizar su calidad y acceso igualitario a todos los costarricenses.

Hasta ahora no ha ocurrido así, y a problemas generales se han sumado preferencias inconvenientes. Por ejemplo, el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) ha otorgado a algunas empresas trato preferencial en la venta de electricidad, evidente reconocimiento de que no somos competitivos en tarifas; además, impone una carga a otros consumidores, que deben pagar un sobreprecio para subsidiar a los favorecidos. La Refinadora Costarricense de petróleo (Recope), los bancos y el Instituto Nacional de Seguros (INS) adolecen de problemas similares, y se han utilizado como caja chica para mitigar o financiar el déficit fiscal, en perjuicio de las mismas instituciones y sus usuarios.

Otro gran problema es el proteccionismo agrícola, industrial, bancario, pesquero, artesanal, profesional, a exportadores, distribuidores farmacéuticos y representantes de casas extranjeras. No solo perjudica a los consumidores --quienes deben pagar costos más altos por esos bienes y servicios--, sino que afecta la productividad nacional, pues se dedican recursos a actividades que, precisamente por estar protegidas, no han demostrado sus ventajas comparativas.

El proceso de apertura industrial ha durado demasiado en implantarse, y aún no concluye la desgravación arancelaria. El proteccionismo agrícola sigue tan campante como en sus mejores tiempos e, incluso, se ha agudizado en este Gobierno. El proteccionismo bancario tiene dos facetas diferentes. La primera se relaciona con la banca nacionalizada: lo correcto es privatizar los bancos comerciales y, quizás, formar uno de desarrollo para tender necesidades financieras de carácter especial. La segunda se relaciona con los privados: las legislaciones bancaria y tributaria estimulan la formación de bancos en el exterior, denominados offshore, para realizar operaciones lucrativas en Costa Rica, sin sujetarlos a regulaciones de encaje y fiscalización, ni tampoco al pago de impuestos. Esto debe corregirse.

El proteccionismo profesional y laboral también debe moderarse, pues a largo plazo perjudica más a quienes lo reciben. En cuanto a la producción y distribución de fármacos, el esfuerzo desplegado por el Ministerio de Salud fue positivo, pero debe ir más allá, y tratar de romper los carteles internacionales, para lograr que las medicinas lleguen a los costarricenses a los mismos precios que en México u otros países.

Para producir eficientemente y poder competir dentro y fuera de Costa Rica, es necesario corregir importantes distorsiones, como los altos intereses, los problemas de infraestructura y -lo que hemos dicho reiteradamente-, la calidad y eficiencia de los servicios públicos y de las prestaciones sociales, que representan un alto porcentaje del costo laboral. Pero también debemos aceptar que en algunos productos no somos tan competitivos, por lo que convendría sustituirlos, aunque sea gradualmente.

Si se realizan las reformas estructurales esbozadas en estos editoriales, y otras que por razones de espacio no hemos podido abarcar, nuestra economía crecerá sostenidamente y todos nos veremos beneficiados.

Pero la economía no es todo. Otros sectores de nuestra vida nacional también requieren urgente atención. Entre ellos están la reforma institucional y política, la educación y la calidad de vida. A ellos nos referiremos la próxima semana, en los tres últimos editoriales de esta serie.

Lunes: La reforma electoral e institucional.



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