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San José, Costa Rica. Miércoles 26 de enero, 2000
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Artículo de Opinión:

El salto educativo

Su mejora puede ser muy grande si actuamos hoy



Estudio tras estudio lo ha dicho y ejemplo tras ejemplo lo ha confirmado: la educación es un factor esencial en el desarrollo individual y colectivo. Sin su extensión, calidad, pertinencia y oportunidad, difícilmente se podrá alcanzar y mantener un progreso sostenido, menos aún lograr una sociedad más justa, con oportunidades para todos.

Esta noción ha sido elemento permanente del consenso nacional, y se ha traducido en múltiples esfuerzos y logros gubernamentales, sociales y personales; entre los más recientes están la reforma constitucional que obliga a destinar a ese fin al menos un seis por ciento del producto interno bruto, el uso de computadoras en el aula y la ampliación del curso lectivo a 200 días. Sus frutos, además, están a la vista: mucha de nuestra estabilidad democrática y de los éxitos para atraer inversión y desarrollar innovaciones se basan en la existencia de una población con niveles educativos relativamente altos.

Sin embargo, también existen desafíos --y oportunidades-- ante los que debemos actuar con rapidez. El más urgente es cómo evitar la deserción y ampliar drásticamente la cobertura educativa en secundaria, sector que, en la actualidad, apenas atiende a poco más de la mitad de la población en edad de asistir. La necesidad de muchos jóvenes de generar un ingreso, sus débiles bases de primaria y la falta de relevancia de la instrucción que reciben, conforman un cuadro que demanda atención inmediata; ya se le está dando y, de hecho, en 1999 creció la cobertura. Pero el cambio positivo de la tendencia solo se mantendrá si logramos una educación que realmente sea útil para los jóvenes; si, además de mejorar la enseñanza en los colegios, se logra mayor calidad en las escuelas; si se abren opciones alternativas más allá de los bachilleratos "académicos", y si los profesores y centros educativos retoman su papel de liderazgo individual y comunal.

Pero esta acción no es todo ni toca el gran tema de fondo: el futuro del modelo educativo. El aula debe mantenerse como eje nacional de instrucción y socialización. En medio de tanta competencia simbólica por la atención de los niños y jóvenes, y con tanta confusión en mensajes, contenidos y valores, las instituciones educativas formales adquieren un papel esencial e ineludible para desarrollar individuos íntegros y bien preparados. Deben estar en la base de la "cadena" educativa, con la meta de que las experiencias en que involucran a niños y jóvenes sean relevantes, sólidas y atractivas, no solo en la dimensión instrumental, sino también en la humana e intelectual: educarse, más que aprender a hacer, es aprender a pensar, valorar y decidir.

Pero también deben desarrollarse y utilizarse mecanismos más diversos para que la educación se convierta en una actividad que nos acompañe durante toda nuestra vida. Desde la enseñanza tradicional a distancia hasta la conexión a redes de cómputo; desde la instrucción vocacional y práctica hasta el aprendizaje en el trabajo; desde la mejora de la investigación básica y aplicada hasta la difusión de la danza, el teatro, la música, las artesanías o las artes plásticas: todas estas modalidades deben estimularse y difundirse si queremos tener y mantener, a largo plazo, una población real y plenamente educada, para su beneficio y el de todo el país.

Desarrollar estas tareas difícilmente podrá hacerse sin cambios en la estructura del sistema. La organización del Ministerio de Educación y de las universidades públicas, la acreditación y supervisión de las privadas, las prioridades de financiamiento de la enseñanza primaria, secundaria y superior, los sistemas de contratación y promoción del personal docente y el involucramiento de las comunidades en el control de las escuelas y colegios, son parte del conjunto de factores que deben analizarse y mejorarse, para tener un sistema que sea flexible, ágil y práctico, pero también riguroso, transparente y relevante.

Si en algún ámbito tenemos las condiciones para dar un verdadero salto es en este. Su éxito toca al país como un todo, pero también al bienestar de cada uno de los costarricenses, de lo cual se ocupará nuestro último editorial de esta serie.

Viernes: calidad de vida.



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