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San José, Costa Rica. Viernes 28 de enero, 2000
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Artículo de Opinión:

Equidad y calidad de vida

Liderazgo, desarrollo y eficiencia son elementos esenciales



Mejorar la calidad de vida de los habitantes constituye la esencia de un buen gobierno. Durante 180 años de independencia, los de Costa Rica, en mayor o menor grado, han cumplido con ese objetivo. La mayoría de los costarricenses hemos mejorado en las condiciones mínimas de seguridad, acceso a la educación, salud y empleo; también en el disfrute del tiempo libre, la vida familiar, el medio ambiente, las comunicaciones y la participación en la vida demócratica.

Sin embargo, en los últimos 15 años el ritmo del progreso en la calidad de vida ha sido errático. Han aumentado las oportunidades para aquellos que cuentan con educación y buena situación socioeconómica, al mismo tiempo que no han mejorado o se han reducido las de los más débiles. Las estadísticas no son alarmantes si se comparan con otros países latinoamericanos, pero la tendencia es hacia un deterioro comparativo en varios ámbitos.

El 6 por ciento de los habitantes del país no satisfacen las necesidades humanas mínimas (pobreza extrema), un 14 por ciento adicional se encuentra por debajo de la línea de pobreza, y súbitos cambios en el entorno podrían sumir por debajo de esa barrera a otro 30 por ciento, dada su vulnerabilidad. A esto debe añadirse, entre otras cosas, que la disparidad en la calidad de vida también se observa entre las diferentes regiones del país. Debemos revertir esta situación, hacia un progreso más dinámico y equitativo.

En el campo de la salud, la mayoría de los indicadores se mantienen satisfactorios. Ciertas instituciones y programas, como los EBAIS, han fortalecido los sistemas de prevención y atención primaria de enfermedades. Sin embargo, se observan deficiencias en los servicios básicos de agua potable, de alcantarillado y disposición de aguas negras que podrían afectar negativamente estos indicadores, sobre todo a futuro. Además, a mediano plazo, con el aumento en el promedio de vida, habrá que dedicar mucho más dinero a la atención en especialidades. El debilitamiento institucional de la Caja Costarricense del Seguro Social ha desmejorado la calidad de la atención, y aunque se han realizado importantes y prometedoras mejoras en los últimos meses, la necesidad de reforma parece más profunda aún.

La preocupación del costarricense se extiende a la salud del entorno. El sistema de parques nacionales y reservas biológicas es reconocido mundialmente, aunque falta consolidar las diversas iniciativas en una estrategia nacional. La contaminación del aire y de ríos continúa. Sin embargo, en las últimas décadas se ha logrado recuperar parte de la cobertura boscosa del país y reducir significativamente, gracias a iniciativas privadas, algunas fuentes de contaminación de aguas. Esta conciencia ambiental debe convertirse en cultura ambiental, que permita acabar con los eternos problemas de la basura y las emisiones vehiculares, a base de mayor educación, información, oportunidades de participación y aplicación de las leyes.

Afortunadamente, Costa Rica ha conservado la paz social y ha mantenido un respeto esencial a los derechos humanos durante más de 50 años. Pero paralelamente, se ha generado la sensación de falta de autoridad que, junto a un sistema judicial agobiado por legalismos, induce a la percepción de impunidad, sobre todo en los delitos de cuello blanco; también a una percepción de inseguridad que, aunque exagerada, no es infundada. La escasa profesionalización de la fuerza pública hace al país más vulnerable al crimen organizado.

Los retos están definidos. Hasta ahora, uno de los principales instrumentos por los que hemos optado para promover la calidad de vida ha sido el gasto público. Sin embargo, tiene serios límites y a menudo no es la opción más eficiente. La presión de la deuda interna sobre el fisco ha impedido mantener los niveles de gasto social del pasado. Y aunque, según el último informe Estado de la Nación, bastaría con transferir el 0,7 por ciento de los ingresos de los no pobres a los pobres para resolver la situación de estos últimos, no basta con ello.

Existen deficiencias, disparidades y problemas estructurales que requieren acciones --y oportunidades-- de otra índole. Las mejoras sustanciales en calidad de vida dependerán, además de un buen uso de los recursos estatales, de dos factores esenciales. Uno es el liderazgo, la valentía y la capacidad de innovación con que asuman sus responsabilidades nuestros gobernantes y dirigentes políticos. Otro, sin el cual el anterior difícilmente podrá ser eficaz o sostenible, es lograr un adecuado crecimiento económico, una mejora en la calidad y acceso a la educación y una reforma al papel del Estado y las instituciones. De todos estos temas nos hemos ocupado en los editoriales de esta serie. Esperamos haber contribuido, más que a la definición de los problemas y oportunidades --ya muy sabidos-- a la articulación de las decisiones indispensables para afrontarlos y aprovecharlas.


Seis comentarios, un objetivo

Hoy llega a su fin esta serie de seis editoriales sobre grandes retos y oportunidades del país. Nuestro objetivo ha sido plantear, desde un análisis reposado, propuestas de acciones para sobreponernos a los problemas y desarrollar las grandes ventajas nacionales.

El siguiente es un resumen de nuestros cinco comentarios anteriores:

Lunes 17: "Desarrollo y Estado hoy".- Por pretender abarcar demasiado, el Estado ha descuidado sus funciones esenciales. Debe focalizarse mejor, ser más eficaz y convertirse en un ente estratégico y regulador, no ejecutor.

Miércoles 19: "Cambios económicos y fiscales".- Para crecer sostenidamente, el país requiere hondas reformas en su estructura económica; entre ellas, la fiscal es particularmente importante.

Viernes 21: "La ruta de la productividad".- La eficiencia productiva es clave para mejorar las condiciones de vida. Requiere reducir las distorsiones, impulsar la competencia e integrarnos más a la economía internacional.

Lunes 24: "Restaurar la política".- Es urgente devolverle el valor a la política, mediante una mejora de la representación popular, una reforma a los partidos y una clara preponderancia del bien común sobre los grupos de presión.

Miércoles 26: "El salto educativo".- Si aumentamos la cobertura y calidad de la educación, revisamos la organización del Ministerio, replanteamos las prioridades de inversión y estimulamos el aprendizaje continuo, todos ganaremos, y pronto.

Envíenos sus ideas sobre estos temas a: Sección de opinión, La Nación, apartado 10.138, San José 1000; al fax 247-5022, o al correo electrónico cartas@nacion.co.cr



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