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Saprissa agobiado por deudas

Asociación y sus sociedades deben ¢1.374 millones; deuda crece en ¢24 millones por mes


José Eduardo Mora y Pablo Aguabella
Redactor y colaborador de La Nación

L as ambiciones empresariales tienen a la Asociación Deportivo Saprissa y sus subsidiarias en una encrucijada: la deuda de ¢1.374 millones, los problemas de liquidez permanente y la fuerte carga de intereses, hacen que la institución atraviese por su más aguda crisis financiera.

Cada día que pasa, la deuda de Saprissa, por concepto de intereses, aumenta en ¢800 mil, por lo que al mes se acumula un equivalente de ¢24 millones, según pudo comprobar La Nación, al cabo de tres meses de investigación.

De esas obligaciones sobresalen los ¢451 millones que debe la Asociación Deportiva Ricardo Saprissa y los ¢923 millones que adeudan Inmobiliaria Ciderisa y la Ciudad Deportiva Ricardo Saprissa (Ciderisa), para un total de ¢1.374 millones, de acuerdo con la información suministrada por la gerencia del club, presidida por Martín Robles, con corte a noviembre de 1999.

Entre los compromisos que Saprissa debe honrar se contemplan los adquiridos con el Banco Popular (¢334 millones), Mutual de Ahorro y Préstamo de Cartago (¢196 millones), compradores de lotes de Ciderisa (¢210 millones), diversos proveedores (¢108 millones), accionistas de Ciderisa (¢72 millones), e instituciones públicas (¢157 millones).

Los proyectos con los que Saprissa soñó son los que abrieron, en un plazo de diez años, el capítulo de incertidumbre por el que pasa la Asociación.

La construcción de la gradería oeste en el estadio, la creación de las sociedades anónimas Saprissa Comercial, Ciudad Deportiva Ricardo Saprissa e Inmobiliaria Ciderisa y la compra de la casa club, y medidas que se tomaron sobre la marcha para tratar de encausar esos proyectos, como la venta anticipada de los derechos de televisión a Teletica Canal 7, el manejo del Fideicomiso con el Banco Popular y la hipoteca del parqueo, encabezan la lista de las principales decisiones que propiciaron la actual situación.

Una de las salidas que propone la junta directiva en ejercicio, encabezada por Bernardo Méndez, es convertir a la Asociación Deportiva en una Sociedad Anónima, para que capte recursos suficientes y atienda los compromisos con los acreedores.

El "Poder y Orgullo", lema utilizado en la época del expresidente Fabio Garnier, y el "Nuevo Saprissa", estandarte usado en el comienzo por el exjerarca Enrique Artiñano, quedaron atrás para darle paso a una época en la cual la prioridad es salir de las congojas financieras.

Oxígeno prestado

Augusto Hernández, exmiembro de la comisión financiera de Saprissa y una de las personas que más le ha seguido la pista a la situación financiera del club en los últimos cinco años, asevera que la realidad de la Asociación es apremiante. "Saprissa lidia con una deuda que siempre está en cobro directo", destaca Hernández, asesor ad honórem de la Comisión Nacional de Rescate de Valores.

"El problema es que hay una diversidad de acreedores, entre los que hay acreedores comerciales y de servicios, y a la vez existen prestamistas jurídicos y personales. Ello hace más difícil la situación, al tener cada acreedor su propio propósito".

Para Hernández, "la situación se vuelve inmanejable, debido a que se tapa un hueco, pero al mismo tiempo se descubre otro".

Al tener agotados los plazos, Saprissa "está a la buena voluntad de sus acreedores y vive con oxígeno ajeno", agrega.

El 27 de setiembre de 1999, el Servicio de Administración Canadiense Costarricense pidió el remate del parqueo, ubicado en el sector oeste del estadio Saprissa, por una deuda de ¢74.061.973 millones que el club morado no había podido cancelarles.

La deuda se originó en un préstamo que había suscrito la Asociación por un monto de $215.000 (¢62.565.000).

La venta de los derechos televisivos –por los partidos internacionales del equipo morado entre 1999 y el 2007– a Televisora de Costa Rica, por ¢74 millones, le permitió a Saprissa evitar el remate de la propiedad.

La Mutual Cartago de Ahorro y Préstamo (MUCAP) anunció, para el 29 de febrero, el remate de 15 hectáreas ubicadas en la finca de Ciderisa, si esta sociedad no cumple con una deuda de ¢196 millones.

Martín Robles niega, sin embargo, que la Asociación sufra una crisis financiera.

Posiciones

El funcionario argumenta que los activos del Saprissa, entre ellos el estadio, la casa club y los terrenos de Ciderisa, respaldan con creces a la institución.

Para Robles es pretencioso e "irresponsable" hablar de que la Asociación esté a las puertas de una quiebra. A su juicio, el problema es, en esencia, de liquidez. "Aquí radica el problema del Deportivo Saprissa y es un problema estructural, no coyuntural, serio y difícil de resolver si se intenta hacerlo bajo la figura de la Asociación", añade en un documento enviado a Bernardo Méndez y remitido por este a La Nación.

Méndez difiere de su gerente y admite que la situación del Saprissa es delicada y que, sin alarmar al aficionado, es hora de que se conozca la verdad de la institución.

"Vamos a la realidad. Sí es cierto que Saprissa tiene activos muy fuertes, y entonces no es que va a quebrar de la noche a la mañana, pero, por no tener liquidez, perfectamente puede paralizar y, entonces, sí llegar a la quiebra."

Robles, en cambio, insiste en que "aplicando un análisis financiero elemental a partir de tres criterios de evaluación (criterio de solidez financiera, de rentabilidad financiera y de liquidez), se puede concluir que Saprissa es una institución sólida y rentable pero tiene un problema de liquidez".

Ello significa que no tiene dinero para pagar las deudas ya vencidas y no tiene el efectivo suficiente para realizar con normalidad sus operaciones.

Solo la Asociación Deportivo Saprissa requiere, cuando menos, una inyección de capital de ¢250 millones para subsanar los problemas de liquidez, de acuerdo con Robles.

Pese a lo anterior, el gerente sostiene: "Importante también es dejar claro que un problema de liquidez como el señalado, no significa una situación de quiebra".

Las dificultades financieras no son nuevas en el Saprissa.

Así lo corrobora un estudio de auditoría realizado por Fernández Zeledón y Asociados, a petición del Saprissa, en el que se evaluó 1997 y el primer semestre de 1998.

"Durante el período bajo examen, la Asociación Deportivo Saprissa y sus empresas relacionadas, no han contado con una estrategia institucional que oriente sus actividades.

"Sus valores culturales algunas veces han sido relegados y sustituidos por lemas y consignas de campañas transitorias. El clima organizacional no ha sido satisfactorio. Como resultado de lo anterior, la mayor parte de los esfuerzos cotidianos actuales son dedicados a la búsqueda de remedios paliativos a los efectos acongojantes de problemas subyacentes que tienden a agravarse", dice el documento.

"Los resultados de la competición deportiva de los períodos bajo examen, se han logrado con costos financieros que no están de acuerdo a las posibilidades reales de la institución."

Empantanados

Entre las decisiones más cuestionadas en el seno del saprissismo está el desarrollo del proyecto de Ciderisa, que contemplaba la construcción de una urbanización, un club social, un centro comercial, un hospital, y un hotel en la propiedad, de 40 hectáreas, ubicada en San Rafael de Alajuela.

El proyecto está paralizado –según pudo constatar este diario en visitas efectuadas al lugar el 28 de diciembre de 1999 y el 24 de enero del presente año– entre otras razones porque Ciderisa nunca logró la autorización, por parte de la Municipalidad de Alajuela, para segregar los lotes y este paso era capital para poder continuar con el plan de desarrollo.

De modo que la inversión de $1.200.000 (unos ¢357.600.000, al tipo de cambio actual) en la compra del terreno a Hacienda Pital Nuestro Amo Limitada, según datos del Saprissa, está empantanada.

Al proyecto frustrado de la Ciudad Deportiva, se le une el de la denominada casa club, por la que Inmobiliaria Ciderisa pagó ¢210 millones en momentos en que padecía una crisis de liquidez, como consta en el informe de la comisión mixta de los notables, la cual se creó en respuesta a una serie de dudas, con respecto a la administración del Saprissa, que tenía un grupo de asociados.

En el informe, de 87 páginas, se asegura que la inversión de la casa no le ha generado un centavo al Saprissa y que, por el contrario, le ha demandado gastos.

"Fue un pésimo negocio", afirma Méndez. "Esa casa a Saprissa no le servía ni regalada", dijo Guido Miranda, miembro de la comisión de notables.

El 20 de mayo de 1997, 14 días después de que Inmobiliaria Ciderisa había adquirido el inmueble, Robles aseveraba: "Fue un excelente negocio".

En aquella fecha, el gerente anunció que se pondría a la venta un paquete compuesto por una acción de Ciderisa, una de la casa club y una silla de platea del estadio, por cinco años, con costo de ¢300.000, lo cual le produciría al Saprissa ¢300 millones.

Artiñano, propulsor de la compra de la casa club, siempre defendió la adquisición del inmueble.

Con el expresidente se intentó conversar, pero declinó responder a las preguntas que le hizo un equipo periodístico, el viernes 17 de diciembre del año pasado, cuando acudió a las instalaciones de este diario, en compañía de los exdirectivos Olmedo Castro y Fernando Villalobos.

En esa ocasión, el exjerarca exigió condiciones que eran inadmisibles, como publicar en exclusiva sus declaraciones y pedir la coordinación de un debate televisivo con la actual directiva del Saprissa.

El 13 de enero se le envió una carta pidiéndole otra entrevista y seis días después se le remitió un cuestionario con 48 preguntas sobre temas como la Ciudad Deportiva, la compra de la casa club y la construcción de la gradería oeste, en 1988.

Artiñano envió una carta el 27 de enero, en la cual dice que no puede contestar el cuestionario porque "no conozco el resto de su reportaje" y justifica su posición (véase foro en la página 14-A).

La compra de la casa club, así como el anhelo de construir una Ciudad Deportiva, representan dos de los tropiezos que han marcado, en la década del 90, al Saprissa y sus sociedades, e hicieron que la Asociación se alejara de uno de sus objetivos primordiales: consolidarse como la empresa deportiva soñada.



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