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PARA NO OLVIDAR. Marvin Obando en uno de los pasillos de su casa, rodeado de muchos recuerdos de su amplia carrera en el futbol.


El arte de perseverar

Un mundial, dos olimpiadas, 675 partidos en Primera: ese es el legado de Marvin Obando. He aquí un pequeño homenaje a su carrera


José Eduardo Mora
Redactor de La Nación

Su carrera se ha prolongado casi como una eternidad. Los años, en su mundo, parecen no pasar. Su futbol, pese a las vueltas del tiempo, sigue siendo el mismo: sencillo, ágil, veloz y acertado.

Su nombre se escucha, desde hace 21 años, en los altoparlantes de algún estadio, y aunque ya nadie se sorprende, lo suyo suena a récord difícil de igualar.

Cada vez que la nostalgia aparece con sus sombras de adiós, Marvin Obando la elude con un una corrida por la banda izquierda, en la que fue cacique y peón, y en la que hoy es presencia y constancia.

Luego de disputar dos Olimpiadas –Moscú 80 y Los Angeles 84– y el Mundial de Italia 90, Obando emprende el desafío de cada jornada con la ilusión del que debuta.

En Puntarenas, su actual equipo, es titular y corre con la propiedad de sus mejores días, aunque, claro, la cantidad de piques ya no es la misma.

Pese a ello, sabe que las horas del retiro se aproximan con sentencia inapelable. Por eso, de sus palabras se desprenden retazos de nostalgia cuando habla del futuro cercano, que sin duda traerá el alejamiento del futbol, que ha sido escuela en su vida.

Sus 39 años –el 4 de abril cumplirá 40– han estado marcados por el balompié. "Si muero y vuelvo a vivir, quiero volver a ser futbolista".

Si al andar se hace camino, Obando lo ha hecho en silencio, para que las olas del éxito o el dolor no lo sumerjan en los mares del fracaso.

Toda una vida

Ese niño pobre que vino de Finca I, de Palmar Sur, encontró un refugio ideal en el Herediano, en el que jugó 15 temporadas y con el que conquistó cinco títulos.

En el club rojiamarillo se formó desde que jugaba en las divisiones infantiles, en las que conoció a Manuel Ibo Arias, con quien Obando aprendió los fundamentos del futbol.

Gracias a esos fundamentos, Obando debutó, a sus 19 años, con el equipo florense, con el que logró, en 1979, su primer campeonato nacional.

Los dos juegos de la final, contra el Cartaginés, se quedarían para siempre en su memoria. Era su comienzo y ese comienzo traía fortuna y buenos augurios.

"En el primer partido, en Cartago, anoté un gol a los 17 segundos. En el segundo encuentro, ganamos 3 a 0, y anoté otro gol. Ahí fue cuando me di a conocer. Ese fue mi verdadero debut. Luego vino mi participación en las Olimpiadas, el Mundial de Italia y mi paso por el Saprissa."

Del Saprissa, que integró en la campaña de 1992, se regresaría al Herediano, su habitual casa, de la que solo había salido en 1984, cuando se vistió de rojo con los "diablos" norteños.

En 1997, tras una estancia de dos temporadas en Turrialba, Obando retornaría al equipo en el que se inició y en el que pretendía retirarse, y en el que su hijo, Marvin Andrés, de 17 años, ya ha jugado en la Primera División.

Esa esperanza de decir adiós con el equipo de su alma, no se le cumplió y abandonó a su querido Herediano sin que nadie lo advirtiera.

"No debo ser hipócrita, por lo que no puedo negar que mi corazón es rojiamarillo. En el Herediano me inicié y en él jugué durante 16 años en la primera categoría. Creo que triunfé en el equipo, aunque tengo que admitir que hubo gente interesada en que no me realizaran un homenaje de despedida, como a mí me habría gustado. Cuando volví al Herediano, en el 97, lo que deseaba era jugar un año más y retirarme.

"Ahora veo que me voy a ir en silencio, sin homenaje ni nada. Eso ya le pasó a otros futbolistas. Róger Róger Flores, que fue un gran jugador, se fue sin ninguna despedida y Germán Chavarría se organizó la suya. Evaristo tuvo una despedida que no estuvo a su altura; la de Carlos Santana dio lástima.

"Aquí los dirigentes le tienen pánico a las despedidas. Uno ve, por ejemplo, la despedida de Emilio Butragueño o la de Hugo Sánchez y da envidia; desde luego que hay que guardar todas las distancias del caso, pero esas despedidas sí que estaban bien hechas.

"Es doloroso saber que le he dado tanto al futbol y que no tendré despedida. Hubiera sido lindo irme en un partido a estadio lleno, para sentir que la gente todavía lo quiere a uno.

"No sé, pero el día que me vaya del futbol seguro que voy a llorar. No sé".

Un majadero

En vacaciones, Obando se integra a las Águilas de Desamparados, un equipo aficionado, en el que, entre otros, participan Sivianny Rodríguez y Eduardo Gamboa, exfutbolistas de Primera División, con quienes empieza el bombardeo, en broma, por supuesto.

"No seás majadero, ya vos estás muy viejo. ¿Cuándo te vas a retirar? Dale chance a la gente joven."

Obando sonríe, escucha y prosigue.

En los estadios, ya con ánimo de ofenderlo, los gritos surgen de la grada para ir a desgarrar la autoestima del jugador, que prefiere que esos misiles pasen de largo.

"Anciano, ¿cuándo te vas a retirar?", suelta algún aficionado, quizá el mismo que ayer, cuando Obando jugaba con la Selección de Costa Rica, lo aplaudió desde la butaca en la que ahora lo condena y excluye.

Y aunque el defensor, que un día fue mediocampista, y que antes había sido puntero izquierdo, se toma la descarga del anónimo aficionado como un simple desahogo, reitera que a un futbolista se le ha de medir por su aporte en la cancha y no por los años.

"A mí no me molesta que me digan anciano o roco. Yo no soy de esos que se acercan a la valla y ofenden desde el campo. Sin embargo, yo me siento joven a mis 39 años; bueno, el 4 de abril cumpliré 40. Anciana es una persona de 70 años, pero yo no."

El rendimiento de Obando sale en su defensa. En la actual campaña, de 28 partidos, Marvin ha intervenido en 16 con el equipo porteño.

"Juego porque todavía tengo la ilusión de hacerlo y puedo hacerlo, lo cual es un don que Dios me mandó. Soy un atleta y rindo en los partidos. Por eso, cuando pierda las ganas de seguir jugando, cogeré mis cosas y me iré."

Sencillo, directo, de estatura media y piel morena: así es Obando, oriundo de Palmar Sur, donde no ha vuelto desde que salió de esas tierras al lado de doña Blanca, la madre con quien usualmente conversa, pero no de futbol, sino de la vida, porque a ella el futbol no la apasiona y lo ve, sobre todo, para apoyar al hijo, al que también le hace sus preguntas quisquillosas.

"Siempre ve los partidos, aunque ella no es muy allegada al futbol. Muy poco hablamos de futbol. Hablamos de otras cosas. Sí me pregunta que qué pienso hacer; que si estoy cansado."

El futuro dirá

Obando confiesa que –una vez que tome la decisión de no jugar más– le agrada la idea de continuar ligado al balompié, pero aún no sabe cúando se irá ni qué hará tras el adiós.

El jugador hace cálculos y más cálculos y proyecta que quizá pueda jugar esta y otra temporada. Obando desconoce en qué momento se marchará, mas el retiro ya asoma sus fauces.

Por ahora, paralelamente al futbol, Obando maneja su taxi en las tardes, cuando el entrenamiento no fue extenuante. El permiso de taxi lo obtuvo por su participación en Italia 90.

Al principio, Obando admite que lo pensó bastante para subirse al taxi y hacer de chofer improvisado.

"Usualmente no lo manejo, porque tengo dos personas que me ayudan. Al comienzo me resultó incómodo hacerlo, porque la gente se subía y decía, mirá a Obando. Chavarría fue el que empezó con eso de manejar un taxi. Ahora, ya soy camada de los taxistas y es increíble la cantidad de anécdotas y cosas que se cuentan y que pasan en un taxi."

Además del hobbie que puede representarle el manejar el taxi durante algunas horas, Obando quiere apostarle a ser técnico de ligas menores, para transmitir su experiencia a los pequeños que esperan un día, como él, vestir la camiseta de alguno de los equipos más importantes de Costa Rica.

"Quiero ir despacio. Pretendo empezar en ligas menores para transmitir toda mi experiencia. Es muy importante que los niños tengan fundamentos. Y bueno, si alguna vez me toca dirigir en Primera, será muy lindo."

Un día, no muy lejano, ese jugador veloz y sencillo, de constancia admirable, abandonará las canchas del futbol tal y como lo hizo cuando debutó aquel 22 de julio de 1979 en Puntarenas: en silencio, solo que esta vez la lluvia del alma podría delatarlo.



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