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San José, Costa Rica. Lunes 21 de febrero, 2000
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Artículo de Opinión:

Acuerdos para avanzar

Si hay tantas concordancias,¿por qué no actuamos?



Fue una actividad esperanzadora; un punto de encuentro sobre acciones y soluciones, que también podría servir de impulso para deponer prejuicios, derribar barreras y alcanzar acuerdos esenciales en beneficio del país.

El pasado viernes, convocados por La Nación, un numeroso y plural grupo de políticos, académicos, profesionales y empresarios nacionales se reunió en nuestras instalaciones para dialogar intensamente sobre cuatro grandes temas: el Estado y la política, la reforma económica y fiscal, los retos de la educación y la calidad de vida de los costarricenses. Nuestra solicitud, al hacer la convocatoria, fue simple: concentrarnos en propuestas más que en diagnósticos, sin afán de llegar a conclusiones definitivas, sino de promover un pensamiento creativo que estimule las soluciones. Y el resultado fue ejemplar: además de la seriedad con que los participantes asumieron su tarea, se puso de manifiesto una gran concordancia en objetivos básicos de desarrollo, en cómo alcanzarlo y en la necesidad de hacerlo a partir de más y mejor democracia, sin temor a los acuerdos que conduzcan a una rápida y adecuada toma de decisiones.

Cualquiera que hubiera presenciado el encuentro sin tener conocimiento de lo que ocurre en el debate legislativo, en los escarceos y pugnas de partidos, en las relaciones entre estos y el Poder Ejecutivo, y de todos ellos con los grupos de presión, habría concluido que la tarea resulta sencilla, o que, al menos, el camino para las soluciones está allanado. Por desgracia no ha sido así. Hasta ahora, a pesar de las grandes concordancias sobre los temas esenciales entre nuestros principales dirigentes, la dinámica del ejercicio político y la definición de la discusión pública a partir de los extremos de diferencia, no de los centros de concordancia, ha limitado severamente nuestra capacidad de acción y de creación ante los retos y oportunidades del país.

Pareciera como si los términos del debate hubieran sido secuestrados por los grupos de interés, los intereses electorales más estrechos, la miopía personal y el simplismo, e impidieran, en contra de la real voluntad de los líderes responsables y de la población, concertar acuerdos amplios y profundos en bien del país. Si 50 dirigentes y personalidades de las más diversas orientaciones pudieron, durante nueve horas, dialogar creativamente sobre qué hacer en torno a aspectos esenciales, ¿por qué no traducir esa experiencia en acuerdos funcionales para avanzar?

El encuentro convocado por La Nación tuvo su origen en una serie de seis editoriales que publicamos del 17 al 28 de enero de este año, bajo la rúbrica general de "El avance posible", la misma que dimos a nuestra actividad. Ya en ellos mencionamos que, ante la abundancia de diagnósticos, lo que se impone es plantear soluciones. Ahora, tras la enriquecedora experiencia del viernes, hemos ratificado que también hay abundancia -y concordancia- en mucho de lo que debe hacerse. El siguiente paso, entonces, debe ser la acción política definida, valiente, visionaria y generosa, encaminada a la acción. Este imperativo demanda una gran responsabilidad de todos los sectores sociales de nuestro país, pero, especialmente, de los dirigentes políticos, porque es desde la política, desde los partidos y desde las instituciones nacionales legítimas como el bien general debe imponerse sobre el beneficio sectorial, y la amplitud de miras sobre la estrechez de objetivos. Es desde un liderazgo democrático que logre concertar acuerdos como debemos destruir prejuicios, enterrar fantasmas y abrirnos al cambio que el país requiere.

La experiencia que comentamos nos da sobradas esperanzas para esperarlo: las soluciones están a la vista, pero hay que dar el paso para impulsarlas. Como medio de comunicación, seguiremos estimulando este proceso; es parte de nuestra responsabilidad democrática. Pero también mantendremos una actitud crítica y exigente sobre quienes, de forma directa y por voluntad popular, son los llamados a la acción más de fondo.



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