
MINA GENETICA.
Path Sanne, un cuidador de un zoológico privado en Camboya, muestra dos cachorros de tigres, genéticamente idénticos. Según algunos críticos, el genoma está por convertirse en un "código de barras" guardado en una oficina de patentes.
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¿Bien público o patentable?
Genes: el tesoro del siglo XXI
Juan Ramón Romero / Agencia EFE
Washington. La polémica sobre los átomos que caracterizó al siglo XX dejó paso a la denominada guerra de los genes, cuya propiedad y usos enfrenta a los poderes públicos y privados y determinará quién controla el negocio del siglo XXI.
Los mandatarios de Estados Unidos, Bill Clinton, y del Reino Unido, Tony Blair, pidieron el libre acceso científico a los nuevos descubrimientos del genoma humano y evitar que la secuencia del ADN pueda ser patentada.
La Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos, sin embargo, respondió que "los genes y otros descubrimientos del genoma siguen siendo patentables" según recoge un comunicado que pone los principios del libre comercio por encima de cualquier otra consideración.
Clavos de oro
En el fondo, lo que está en juego es uno de los negocios más rentables del futuro, el de la biotecnología porque, cuando se conozca la secuencia completa de los genes, se abrirá un mundo de posibilidades en el tratamiento de enfermedades como el cáncer, la diabetes o el mal de Parkinson.
Los cerca de 100.000 genes que se encuentran en el ser humano poseen todas las instrucciones necesarias para crear un ser vivo y determinar desde el color de los ojos y el cabello, a las funciones nerviosas y sexuales o las enfermedades que padece.
Al genoma o conjunto de esos genes se le ha llamado "El libro de la vida".
El pasado jueves, la revista Science anunció el logro de la secuencia completa del genoma de la mosca de la fruta, en un paso decisivo para que se consiga, quizás para el 2002, el mapa completo del genoma humano, formado por más de 3.000 millones de pares de bases, los nucleótidos (adenina, citosina, guanina y tianina) que se entrelazan en espiral.
La empresa Celera Genomics está en el centro de esa polémica porque su tecnología y recursos avanzados pueden aventajar a los científicos de los institutos públicos de Estados Unidos e Inglaterra, comenzaron a descifrar a comienzos de los años 90. Pero Celera, presidida por Craig Venter, busca ganancias con la patente de algunas secuencias genéticas.
Para los críticos, el futuro del genoma es convertirse en un código de barras, guardado en el cajón de una oficina de patentes.
Bruce Alberts, presidente de la Academia Nacional de las Ciencias norteamericana, y el premio Nobel Aaron Klug, quien preside la Royal Society británica, afirman que las intenciones de Celera Genomics podrían chocar con la esencia de la ley de patentes.
Pero la respuesta de la Agencia de Patentes y Marcas es drástica: en la medida en que "cumplen los criterios estatutarios de utilidad, novedad y no obviedad, genes e invenciones del genoma que eran patentables la semana pasada lo siguen siendo ahora".
En el otro lado, Francis Collins, director del Instituto Nacional de Investigaciones del Genoma Humano, anunció que un borrador del mapa del genoma estará listo en algunos meses.
Para Collins "esta información debe ser puesta a disposición del dominio público para que todos puedan usarla libremente".
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