
Eduardo Ulibarri
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La victoria que no fue
Eduardo Ulibarri
ulibarri@nacion.co.cr
Director de
La Nación
La Nación amaneció ayer en sus manos con un título categórico: "Bush presidente". Pero en el momento en que ustedes leían nuestro ejemplar, la realidad era otra: aún no existía un resultado definitivo sobre unas elecciones presidenciales que, desde el principio, se sabían ajustadas. Y todavía persisten grandes enigmas sobre el resultado final. Por tanto, nuestra versión no fue exacta.
¿Qué propició esta diferencia entre realidad e información? ¿Por qué, en la madrugada de ayer, optamos por un título y un enfoque que pocas horas después resultaron imprecisos? ¿Y por qué esa misma experiencia la vivieron tantos otros medios de comunicación, en Costa Rica, Estados Unidos y el resto del mundo?
En síntesis, el detonante se activó a la 1:20 a.m., cuando, por la evolución de los votos en Florida -el último estado clave por definir--, los principales medios informativos estadounidenses proclamaron a Bush como vencedor nacional. La conclusión era tan verosímil, que hasta Gore lo felicitó telefónicamente, y varios jefes de Estado comentaron su presunto triunfo. También en La Nación -al igual que en muchos otros periódicos-- consideramos que los elementos eran de sobra sólidos para proclamar un nuevo presidente y comenzar a imprimir nuestra edición.
Cuando, pocas horas después, se puso de manifiesto que los resultados de Florida no eran totalmente definitivos y que, por tanto, la victoria de Bush no se podía dar por segura, todos nuestros ejemplares estaban circulando. Ya no era posible dar marcha atrás.
Habríamos deseado presentar una información más precisa y sin fisuras de ningún tipo. Sin embargo, estábamos obligados a decidir con un límite de tiempo y unos elementos determinados, y los que teníamos a disposición en la madrugada eran suficientes para atribuir el triunfo a Bush. Actuamos con responsabilidad y sentido profesional. Pero el resultado no fue el que ustedes merecían.
Entre las enseñanzas que deja este episodio es que lo sorpresivo, imprevisto, súbito e inesperado aún son factores esenciales en periodismo, y que los hechos y la conducta humana poseen una autonomía que puede desafiar el mejor juicio o las más depuradas herramientas profesionales.
La realidad, materia prima del periodismo, algunas veces se puede percibir con sencillez, vaticinar con certeza y manejar sin mayor incertidumbre. Pero en otras ocasiones resulta excesivamente enmarañada, contradictoria, inesperada y huidiza. Esto fue lo que sucedió ayer.
Así como hemos considerado necesario rendirles cuentas de nuestra actuación, también esta experiencia nos ha servido para reflexionar intensamente en el seno de nuestra sala de redacción. Porque el apego que tenemos a los mejores valores periodísticos, la transparencia y la credibilidad siempre debe estar ligado a un sentido de humildad y a una constante voluntad de valoración y reflexión profesionales.
Es parte de nuestra responsabilidad social y de nuestro deber hacia ustedes, lectoras y lectores.
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