
MUY SEGURO. George W. Bush ayer se sentía "presidente electo" y planeaba anunciar nombramientos de colaboradores para su próximo gobierno.
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Candidatos a la espera
EFE.
Nashville y Austin.
Claramente respaldado por su victoria en el voto popular, el demócrata Albert Gore esperaba ayer, más relajado que nunca, el veredicto final de las insólitas elecciones estadounidenses.
El vicepresidente de Estados Unidos y su rival, el republicano George W. Bush, estaban pendientes de que el recuento final en el estado de Florida decida quién ha ganado, lo que demorará por lo menos siete días más.
Ambos se juegan la presidencia, pero Gore logró más de lo que muchos esperaban: venció a su rival por un estrecho margen de poco menos de 200.000 votos y sumó más sufragios que el actual presidente, Bill Clinton, en 1992 y 1996.
Aunque confiaba en obtener la victoria, Gore no se calificó a sí mismo como el ganador de los comicios presidenciales a diferencia de su rival republicano y se ha tomado con humor y filosofía "lo impredecible" que es la vida, declaró ayer Clinton.
En sus primeras palabras tras las disputadas elecciones, el miércoles, Gore se mostró relajado y pidió una rápida solución, "sin apresurarse en el juicio".
No obstante, ayer, a medida que la diferencia entre él y Bush se reducía en el decisivo estado de Florida (nota aparte), usó un discurso más decidido, e impugnó los resultados en dicho estado.
Pese a que aún no hay nada definido, los cuarteles centrales de campaña de Gore en Tennessee, cerraron sus puertas.
Bush se mantenía ayer confiado, aunque inquieto por las noticias que llegaban de Florida. Pese a ello comenzó a actuar como un presidente electo y alistaba nombramientos para el próximo gobierno.
"Seguimos confiando en que, cuando todos los votos de Florida hayan sido recontados, confirmarán que él (Bush) ha ganado el estado y ha sido elegido presidente", declaró ayer en la mañana Karen Hughes, portavoz de la campaña republicana.
Mientras, Bush preparaba el anuncio de algunos nombramientos, como el del general retirado Colin Powell como secretario de Estado, indicaron fuentes de la campaña republicana.
El gobernador de Texas se reunió en su mansión oficial con sus más directos colaboradores en la campaña: Don Evans, Karl Rove y Karen Hughes, para discutir y avanzar esos planes.
Estas acciones de Bush han sido criticadas por el presidente de la campaña demócrata, William Daley, quien cree que Bush y los suyos se han precipitado al "intentar coronarse vencedores".
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