Jueves 10 de mayo, 2001. San José, Costa Rica.
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    338 AÑOS... La casona de Santa Rosa, construida hace 338 años, ardió sin que nada se pudiera hacer pues no había agua ni bomberos cerca. Era la 1:25 a. m.

    Autoridades presumen mano criminal

    Golpe a la historia: ardió la casona

    Gobierno promete reconstrucción

    Vanessa Loaiza e Ivannia Zeledón
    vloaiza@nacion.com
    Redactora y Corresponsal de La Nación

    El principal monumento histórico de Costa Rica ya no existe. La casona de Santa Rosa, donde en 1856 campesinos armados gestaron la expulsión de los filibusteros que invadían Centroamérica, ardió en llamas ayer en la madrugada.

    El 80 por ciento de la estructura, construida hace 338 años con madera, teja y bahareque, se quemó y aunque no hay nada claro sobre las causas, las autoridades presumen que hubo mano criminal.

    Gráfico:
  • Destrucción histórica

    Además:
  • Estaba desprotegida
  • Rudo golpe a la identidad
  • El fuego empezó a la 1:25 a. m. al parecer en una pequeña bodega en la que guardaban utensilios de limpieza, ganchos, cera y escobas.

    La primera persona que se percató fue el guarda nocturno del parque, Ricardo Ponce.

    Poco antes de ver el fuego, escuchó una explosión. Por más que corrió para alertar al grupo de atención de incendios en Pocosol, a 7 kilómetros del parque, y a los bomberos de Liberia, cuando los dos equipos llegaron poco se podía hacer.

    La falta de fuentes de agua cercana e instrumentos para contrarrestar el incendio favorecieron que el fuego se expandiera a sus anchas.

    La casona está en el Parque Nacional Santa Rosa, de 37.117 hectáreas terrestres, ubicado al noroeste de Guanacaste. En ella se libró la única gesta militar que conmemora el país cada 20 de marzo: la Campaña Nacional de 1856. En ella surgió el único héroe nacional, Juan Santamaría.

    Precisamente, el año pasado, el Área de Conservación Guanacaste (ACG), fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

    ¿Fue provocado?

    Desde temprano, los agentes del Organismo de Investigación Judicial empezaron a indagar si hubo mano criminal, lo cual presumen jerarcas del Gobierno.

    El director del ACG, Gerardo Barahona, explicó que en el sitio no había instalaciones eléctricas o materiales inflamables que provocaran chispas.

    Pero, la segunda vicepresidenta de la República y ministra de Ambiente, Elizabeth Odio, dijo que en ocasiones anteriores han tenido problemas con cazadores furtivos y piromaníacos que han incendiado parte del bosque.

    No descarta que algunos de ellos hayan actuado ahora "por venganza", ya que son reprimidos cuando en su afán de cazar venados y otras especies son sancionados por los guardaparques.

    Uno de los vigilantes del sitio, que prefirió reservar su identidad, dijo que dos turistas inglesas que estaban alojadas en el campamento cercano a la casona, escucharon un vehículo que salió a toda velocidad del parque poco después de la explosión.

    En el escombreo, se demostró que esa detonación la causó un antiguo explosivo, que data de los hechos bélicos de 1955 –administración Figueres– y que estaba guardado en la casona.

    Pero, se presume que el fuego que se generó en el sitio lo activó. Las esquirlas se pueden ver en diversas partes de la hacienda.

    Promesas...

    Y ahora, ¿qué? Elizabeth Odio fue enfática en que la reconstrucción debe empezar cuanto antes.

    Reconoció que el ACV, a la que pertenece el Parque Nacional Santa Rosa, cuenta con muy poco equipo para atender un incendio.

    Además, la casona, como muchos otros monumentos históricos en el país, no cuenta con un seguro contra riesgos.

    La Ministra explicó que la falta de recursos le impide al Ministerio del Ambiente asegurar las estructuras declaradas patrimonio nacional.

    Pero, las promesas comenzaron a emerger ayer mismo. Los ministros de Educación, Guillermo Vargas; de Cultura, Enrique Granados, y Ambiente, Elizabeth Odio, empezaron a recuperar planos y fotografías de la estructura para iniciar la reconstrucción.

    Hoy, técnicos del Ministerio de Cultura, investigarán qué partes de la casona deben reconstruirse y cuáles se pueden recuperar.

    Odio confirmó que el Presidente de la República autorizará un presupuesto extraordinario para la reedificación. Y, el diputado y precandidato socialcristiano, Abel Pacheco, anunció que presentará un proyecto de ley para dotar de recursos el proyecto.


    Estaba desprotegida

    Carlos Arguedas C.
    carguedasc@nacion.com
    Redactor de La Nación

    Santa Rosa. Las paredes de bahareque humeantes, las gruesas vigas de cedro y guanacaste convertidas en carbón, las bayonetas y los sables de bronce ahumados, las vasijas quebradas... todo generan un sentimiento de desolación y tristeza.

    Se está ante una cruda realidad: la histórica casona de Santa Rosa se quemó, pero ¿había un plan para enfrentar un incendio en ese monumento histórico?

    En el parque Santa Rosa ayer nadie pudo dar una respuesta convincente sobre las medidas de protección.

    Gerardo Barahona, director del Área de Conservación Guanacaste (ACV), dijo que la casona tenía a su alrededor una ronda para cortar el fuego. Sin embargo, eso serviría ante un incendio forestal, porque evitaría que las llamas alcanzaran las paredes de madera. Barahona aseguró que dentro de las instalaciones no había fuentes que pudieran desatar el fuego.

    Además, en las cercanías del parque, en el puesto de control en Pocosol, a siete kilómetros de la casona, se cuenta con una tanqueta extintora, que llegó al lugar 10 minutos después de la alerta.

    Asimismo, un guarda recorre las instalaciones del parque durante la noche, con la indicación de no dejar que alguien se acerque a la casona.

    Lo cierto es que, al parecer, nadie se imaginó que aquellas viejas tablas podrían ser fácil presa de las llamas, porque ayer en la mañana las personas no conocían sobre previsiones concretas para combatir una deflagración.

    "Cuando llegué y vi las llamas me devolví para avisar por radio a los encargados de vigilancia de fuego que están en Pocosol, y después me puse a llamar por teléfono a los bomberos (de Liberia) y a avisar a otra gente", explicó el vigilante Ricardo Ponce Montes.

    Otros guardaparques que dormían en el área administrativa, situada a unos 500 metros de la casona, también llegaron al sitio a la 1:45 a. m., pero se sintieron impotentes, pues el fuego abarcaba toda la parte alta.

    Ellos no pudieron hacer nada, porque en el lugar no hay hidrantes ni fuentes de agua. El único extintor que apareció estaba quemado entre las bayonetas y los sables en el cuarto de las armas.

    El trabajo que realizaron los encargados de apagar el incendio fue extraordinario, porque evitaron que las llamas abarcaran las construcciones más recientes.

    No sucedió lo mismo con la casona.

    Todos aquí piensan que se perdió parte del ser costarricense, pero más aún del guanacasteco.

    Aunque se inició una investigación para determinar si el incendio fue provocado, flota en el ambiente nacional la sensación de que se pudo salvar algo más con medidas de seguridad adecuadas.


    Rudo golpe a la identidad

    Emilia Mora
    emora@nacion.com
    Redactora de La Nación

    En los momentos más difíciles, en los ratos amargos que el país tuvo que sobrellevar en su lucha contra el filibusterismo, Santa Rosa brilló siempre como una antorcha de libertad.

    Cuando el desaparecido historiador costarricense Rafael Obregón Loría escribió esas palabras en su libro Costa Rica y la guerra contra los filibusteros, jamás pudo avizorar que la casa de la vieja hacienda ganadera se convertiría en una antorcha... pero de un fuego que la destruiría casi completamente.

    La antiquísima casona –de madera, teja y bahareque– data de 1663, y fue testigo de la prueba más grande a que ha sido sometida la independencia y soberanía nacionales.

    Entre sus paredes, ahora reducidas a cenizas, los filibusteros de Walker hallaron refugio para atrincherarse en marzo de 1856, mientras llevaban adelante su proyecto expansionista y esclavista que tenía como objetivo a toda Centroamérica.

    Y desde sus corrales de piedra comenzaron las tropas costarricenses su fulminante ataque que, en apenas 14 minutos, echaron del país a los invasores, para siempre.

    El parque nacional Santa Rosa –en el sector noroeste de Guanacaste– está preñado de historia. Allí también fueron derrotadas las fuerzas de oposición que en 1955 ingresaron al país, procedentes de Nicaragua, con el propósito de derrocar al gobierno de José Figueres.

    Grave pérdida

    El fuego de ayer en la madrugada se llevó para siempre una parte muy importante de esa historia, coincidieron los expertos, y nada podrá recompensar ese daño al patrimonio histórico-cultural.

    "Es uno de los golpes más duros y bajos que se le puede dar a la identidad histórica del costarricenses. Santa Rosa significa mucho para dejarla perecer. Que esto sirva para tomar conciencia y darle el lugar que se merece como santuario histórico", dijo el director del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, Raúl Aguilar.

    Para la historiadora Elizabeth Fonseca, el siniestro representa "una de las mayores tragedias para la historia arquitectónica nacional" y una fuerte llamada de atención a las autoridades nacionales para que den el valor que merecen esos sitios culturales.

    Similar opinión externó su colega Juan Rafael Quesada, quien consideró que desgraciadamente los gobiernos, en general, nunca han demostrado interés por el patrimonio histórico y cultural.

    "Cualquier acción para investigar y reparar el daño hecho, cueste lo que cueste, está plenamente justificada," añadió.

    Testigo de una gesta

    El valor de la vieja casona de la hacienda lo destacó Obregón cuando también escribió: "La acción valiente de nuestros soldados en Santa Rosa perdura y perdurará en la historia de Costa Rica. Según todos los testimonios, en 14 ó 15 minutos se escribió una de las páginas más brillantes de nuestra historia patria".

    Así se refería a la gesta heroica del 20 de marzo de 1856.

    La casa, que albergó a los propietarios y también a los peones de la hacienda, echa raíces hasta la segunda mitad del siglo XVII.

    Después de la campaña Nacional 1856-1857, se realizan –1895– trabajos de transformación de la estructura. En 1919 se construye el balcón y en marzo de 1971 se integra al parque nacional, creado en ese año.

    Empero, para especialistas como Raúl Aguilar, la casona no recibió el adecuado mantenimiento y cuidado que, como sitio histórico, se merecía.

    Colaboraron en esta información Carlos Arguedas, enviado a la zona, y Doriam Díaz, redactora de La Nación.


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