Lunes 1 de abril, 2002. San José, Costa Rica.
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Julio Rodríguez
julrodrig@nacion.com

Sobre un campo pagado, el 24 de marzo anterior, en este periódico, firmado por "calderonistas de hueso colorado", a favor de Abel Pacheco, contra Costa Rica, contra la verdad histórica y contra la democracia.

En el primer párrafo, anuncia el fin del Partido Liberación Nacional (PLN) en las elecciones del próximo domingo. En el segundo, exalta la invasión a Costa Rica, en 1955, y en ella a Abel Pacheco, uno de los invasores, contra el gobierno democrático de don José Figueres, y la justifica por la defensa de las garantías sociales. Se incurre así en dos falsedades monstruosas: se pretende legitimar una traición a la patria y, en segundo lugar, encubrirla con la defensa de las garantías sociales, una de las obras majestuosas del Dr. Calderón Guardia.

La invasión de 1955, desde Nicaragua, fue organizada por los dictadores Tacho Somoza y Trujillo. Si su objetivo fue defender las garantías sociales, ¿quiere esto decir que les debemos su defensa a estos execrables tiranos? Abel Pacheco dijo recientemente que participó en la invasión por la legislación social, mas, a la sazón, tenía 20 años, una edad suficiente para distinguir entre un gobierno democrático –el de Figueres– y un par de dictadores, o entre una invasión y las garantías sociales.

No es cierto, entonces, como se dice en el cuarto párrafo, que Abel Pacheco "expuso su vida por defender los ideales socialcristianos". Ofende, asimismo, la historia y la conciencia nacional calificar de "mártires" a aquellos invasores. Mártires fueron los costarricenses, campesinos o profesionales, que sucumbieron asesinados por defender a la patria. No corrompamos a nuestra juventud con estas mistificaciones.

En el tercer párrafo, se afirma que la Revolución del 48 fue "injusta" y que se luchó "contra un mal llamado Ejército de Liberación Nacional, conformado en su mayoría por mercenarios centroamericanos reclutados por José Figueres Ferrer". La guerra civil del 48 se hizo, básicamente, en defensa del derecho electoral y de nuestra democracia, y en ella murieron, de uno y otro bando, muchos costarricenses que merecen nuestro respeto y admiración.

No es decente lanzar esta tromba de odio y de mentira 15 días antes de las elecciones del próximo domingo, cuyo propósito no es destruir, como dice este manifiesto, al PLN o pisotear la historia de Costa Rica, sino fortalecer la libertad.

Esperamos que Abel Pacheco, calderonista de hueso colorado, rechace este campo pagado y, de seguido, le pida perdón al pueblo de Costa Rica por haber participado en la invasión de 1955. Así, de ganar las elecciones, tendría autoridad moral para hablar en nombre del pueblo costarricense. Lo escribo con respeto y por dignidad.


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