Lunes 29 de abril, 2002. San José, Costa Rica.
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Vano esfuerzo.
Ricardo Allen disputa con Gustavo Martínez la posesión de la pelota. La imagen retrata con certeza el esfuerzo que pusieron unos y otros, ayer en el Juan Gobán. Al final, el empate fue justo. (Foto: Albert Marín)

Limonense a segunda

Limonense 2 - Carmelita 2

Cuando el afán no alcanza... Fue un juego de dignidad

Roberto García H.
Para La Nación

Limón. Un balón al fondo y silencio. Solo el sordo chasquido de la esfera al estrellarse en la red se escuchó a distancia.

El arquero Hermidio Barrantes no hizo más que mirar a Marcelo Bruno elevarse en el área y enderezar un envío desde el vértice izquierdo, que sellaba el 2 a 2 en el minuto 70. Empate y lápida.

Gráfico:

  • Ficha del partido
  • Torneo de Clausura
  • Cuando el afán no alcanza. El marcador final ante Carmelita fue un tiro de gracia para Limonense, deshauciado desde hace muchas fechas por una realidad que, hasta ayer, certificó la estadística.

    La inversión del sudor tardío. El Caribe cesa su palpitar. Así lo sintió el parroquiano de ébano, instalado en las tablas semivacías del Juan Gobán, no más para decir adiós a los suyos en la conclusión de 90 minutos intensos, donde los protagonistas se vistieron de dignidad. Limonense, por su estertor de agonía; Carmelita, por el deseo de ganar.

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    Fue uno de esos encuentros que se juegan en dos escenarios al mismo tiempo. Cualquier logro de los locales se tendría que cotejar, necesariamente, con lo que pudiera hacer Osa en el estadio Fello Meza, ante Cartaginés.

    A la postre, tras el empate que lograron los de Ciudad Cortés en la Vieja Metrópoli, cualquier resultado sentenciaba a Limonense.

    Pequeño gigante

    Desde el pitazo de arranque, Jonathan Ruiz comenzó a traer de vuelta y media a los gendarmes de Carmelita.

    En una incursión por el corredor derecho sufrió una falta en el límite del área. Centró el mismo Jonathan; Mario Peralta "resorteó" de cabeza y abrió la cuenta, al minuto 18.

    Carmelita mejoró y respondió paulatinamente con fundamento en el buen hacer de Ríchard Smith en el mediocampo.

    Denis Valverde envió un balón largo, Smith ensayó un "taquito" dentro del área, encontró a Giacome y este empató las cifras, al 33'.

    Al 41í, Jerry Alpízar remató de larga distancia, la pelota se coló debajo del vértice superior derecho y llegó a los mecates. Mas, en forma inexplicable, el árbitro anuló la acción.

    Cuando se habían jugado solo seis minutos del reinicio, el guardameta local sufrió un fuerte golpe en una pierna y cedió su puesto al veterano Hermidio Barrantes.

    Al 58', Jonathan Ruiz volvió a marear a los defensores y centró hasta Mario Peralta, quien repitió la dosis y, de nuevo, petrificó a Porritas.

    Investido como la figura del encuentro, Jonathan repitió su incursión letal por el carril izquierdo, centró sesgado y Limonense desperdició una ocasión de perlas.

    La presión se hacía insostenible. Con el aliento de su gente, el fervor caribeño se volcaba insaciable en pos de asegurar la victoria.

    Entre tanto, los visitantes también barajaban sus posibilidades gracias al constante fluir de Smith, Mejías y Giacome, propietarios de la media cancha.

    A esas alturas del choque un espectador despistado hubiese creído que limonenses y carmelos libraban el bregar trepidante de una final.

    ¡Vamos, vamos! El grito de la tribuna limonense parecía redefinir también la reconciliación del fervor. El hincha, en las gradas; el peleador, en la cancha.

    Entonces sobrevino el golazo de Marcelo Bruno, quien recién había ingresado de cambio, y estableció el dos a dos.

    Pitazo final. Los verdes se descubrieron el pecho, en una señal del deber cumplido. Hubo dolor, mas no lágrimas, tras un destino suficientemente anunciado.


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