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Los políticos han fallado ¿Pueden los científicos resolver los problemas del Sur?Peter H. Raven y Alan I. Leshner La difícil situación de cientos de millones de personas cuya supervivencia individual se basa en menos de $1 al día, ha llamado nuevamente la atención de los líderes mundiales, los cuales se reunirán, a partir de mañana, en Johannesburgo para comenzar la largamente esperada Cumbre Mundial para el Desarrollo Sostenible 2002. Una vez más, se le solicitará a la comunidad internacional de científicos e ingenieros que hagan algo respecto a los problemas de las naciones más pobres erosión del suelo, contaminación y falta de agua potable para ayudar a alimentar a los pasan hambre sin dañar el medio ambiente. Pero la historia reciente muestra que no son suficientes la buena ciencia y las buenas intenciones . Al inicio de la cumbre de Johannesburgo, el diseño ambicioso de soluciones científicas que se elaboró en la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro en 1992 ha quedado en gran medida en un proyecto quimérico. Pocas de sus resoluciones fueron financiadas; muchas no se pusieron en práctica. Pero continúa siendo un documento influyente, y su demanda de ayuda a los científicos e ingenieros del mundo es difícil de ignorar. Soluciones al alcance. Las soluciones existen y muchos científicos están dispuestos a ayudar. Sin embargo, su participación será intrascendente a menos que las naciones industrializadas y desarrolladas del mundo se comprometan a cooperar en la construcción de una infraestructura científica en todas partes. Y la sociedad tanto del Norte como del Sur debe ofrecer un apoyo amplio. Hay un poderoso argumento humanitario para ofrecer tal ayuda, pero no es el único. La brecha entre las naciones ricas y pobres está creciendo. Esta alimenta la desconfianza y el resentimiento entre las personas que se van percatando, cada vez más, de las diferencias entre su forma de vida y la forma en la que se vive en el mundo desarrollado. Más aún, los peligros ambientales y los informes de enfermedades que no respetan fronteras nacionales ha demostrado claramente que ninguna nación es inmune a los efectos de lo que sucede alrededor del mundo. Por el contrario, un informe reciente de la revista Science sugiere que la destrucción de la biodiversidad causa una pérdida irreversible para nuestro futuro común y que la protección del hábitat natural en los países en desarrollo genera enormes beneficios económicos para toda la humanidad. Mientras que decenas de miles de delegados se preparan para viajar a Johannesburgo, la miseria que hace necesaria la cumbre puede parecer abrumadora. Hay ciudades en que millones de personas respiran aire que la Organización Mundial de la Salud (OMS) califica por debajo del estándar aceptable. La mala higiene es la norma para dos mil millones de personas; más de mil millones de personas no tienen agua potable. La mitad de la población mundial sufre de desnutrición, y a cientos de millones de mujeres y niños simplemente se les niega la oportunidad de recibir educación. Podemos abatir la pobreza. La ciencia ha avanzado bastante para encontrar respuestas para tales problemas, pero la mayoría de las naciones en desarrollo no tiene la infraestructura que les permitiría aplicar los avances científicos localmente y a largo plazo. Debemos ayudarlos a desarrollarse para nuestro beneficio común. El recientemente publicado genoma del arroz, por ejemplo, promete conducir al final a mejoras que podrían aumentar el rendimiento de las fuentes primarias de alimentación para cientos de millones de personas. A menos que se lleven a cabo esfuerzos explícitos para asegurar que dichos avances se traduzcan y se transfieran al mundo en desarrollo, y puedan ser aplicados en el contexto local, el conocimiento del genoma del arroz no se aplicará adecuadamente. ¿Qué contribuciones específicas pueden hacer las ciencias y la ingeniería para el desarrollo de una sociedad sostenible? El Consejo Nacional de Investigación Norte-Americano informó en 1999 de que las tecnologías existentes podían llevar a cabo tales transformaciones en el plazo de dos generaciones, sin necesidad de ningún avance dramático en nuevas tecnologías, ni cambios en la sociedad. Las mujeres pueden tener acceso a la educación y ayuda para reducir el tamaño de sus familias; y se pueden lograr mejoras en la calidad del aire y del agua, en el desarrollo y uso de energía, y en los métodos utilizados para producir productos agrícolas. Se pueden poner en práctica programas de conservación para reducir la cantidad de tierra que se convierte para uso comercial. Ayudar popular y política. El informe indica que el movilizar la ciencia y la tecnología requiere la colaboración de las comunidades científicas y políticas del mundo. Pero esto solo puede suceder si los ciudadanos del mundo adquieren el conocimiento básico importante y la capacidad técnica y social para ponerlo en práctica. Y esto, a su vez, solo podrá llevarse a cabo si existe la voluntad política no solo en los países del mundo en desarrollo, sino en los países industrializados, donde reside el 90 por ciento de los científicos del mundo. Estos países del Norte tienen una poderosa empresa científica que alimenta el bienestar económico y social. La ayuda para el desarrollo es una parte necesaria de la solución a la difícil situación de las naciones en desarrollo. Pero la experiencia de Costa Rica y de otros países con instituciones científicas respetadas muestra que el más verdadero y duradero obsequio es guiar a otras naciones a crear sus propias iniciativas. Nosotros, los científicos, sabemos lo que hay que hacer, pero necesitamos la ayuda de los habitantes de ambos hemisferios y la voluntad política que su interés inspirará.
El Dr. Raven es director del Jardín Botánico de Missouri y presidente del Consejo de la American Association for the Advancement of Science (AAAS) (Asociación Norteamericana para el Progreso de la Ciencia); el Dr. Leshner es presidente ejecutivo de AAAS. |
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