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/LA NACIÓN

Laberinto fiscal

Chapuza legislativa en beneficio de los grupos de interés

Rodolfo Saborío Valverde
www.saboriocoto.com

No cabe duda de que las finanzas públicas se encuentran cada vez más cerca del colapso y que es necesario elevar los niveles de recaudación; de lo contrario, nos enfrentamos al riesgo inminente de un fuerte aumento de la inflación, mayor deterioro de los servicios públicos y reducción al mínimo de la inversión pública. Dentro de ese escenario, propiciado por décadas de irresponsabilidad en el manejo de la Hacienda Pública, es entendible la urgencia por adoptar medidas correctivas que al menos nos alejen temporalmente del precipicio.

Pese a su altisonante denominación, el llamado Pacto Fiscal y Reforma Fiscal Estructural no puede ni remotamente ser considerado como solución a las deficiencias que aquejan el manejo general de las finanzas públicas.

Nivel de endeudamiento. El nivel de endeudamiento público es de tal dimensión que los supuestos ingresos que se afirma generará la reforma a duras penas bastarán para disminuir la presión sobre las tasas de interés y mantener por un tiempo más la impresión artificial de que el país marcha bien desde el punto de vista macroeconómico. Recordemos que más del 50% del presupuesto se financia con deuda, y con la reforma esta situación no va a cambiar ni en el corto ni en el largo plazo.

El texto actual del proyecto, que ha sido objeto de múltiples modificaciones dentro y fuera de la Asamblea Legislativa, sigue conteniendo importantes deficiencias, producto de la improvisación y la entrada en juego de los grupos de interés que tan a gusto se mueven hoy en el Congreso.

La única justificación que se ha dado para introducir la renta mundial consiste en el interés por gravar las manifestaciones de riqueza de algunos costarricenses que disfrutan de niveles de vida que no corresponden a su poco o inexistente aporte tributario. Ante la incapacidad del Estado para aplicar mecanismos de renta presunta ya vigentes, basada en el consumo y nivel de vida de los “no contribuyentes”, se recurre a un complejo sistema para el que no existe ni la más mínima capacidad técnica para administrarlo. La puesta en práctica de la renta mundial implica más costos que beneficios, sin que signifique que se cierren los portillos para los evasores.

Amalgama de mociones. Lo que comenzó como una propuesta tributaria técnica ha degenerado en una amalgama de mociones promovidas por los grupos de interés, al punto de que en la última versión se mantienen sistemas y tasas diferenciadas según el tipo de actividad y múltiples excepciones, con nombres y apellidos, a la aplicación del impuesto sobre el valor agregado. En este último, cabe cuestionarse seriamente la operatividad de la introducción de un complejo sistema de devoluciones en cadena, el cual presupone la existencia de una administración eficiente y libre de corrupción, lo cual lamentablemente no es el caso hoy.

La incorporación masiva de mociones ha conducido, además, a que el texto de la reforma se degrade, en una carrera por incorporar reformas a múltiples leyes que tienen poca o ninguna relación con la materia o que por su especialidad requieren un debate mucho más amplio.

Un ejemplo mayúsculo de esta chapuza legislativa es la regulación de la rendición de cuentas y de la planificación, en una serie de normas muy alejadas de las posiciones más avanzadas sobre la materia, pifia imperdonable cuando se trata de temas vitales para la modernización institucional y el desarrollo nacional.

Reforma de emergencia. Si a lo anterior agregamos los malabarismos procedimentales que han convertido la tramitación del proyecto en un parto de los montes, no puede menos que concluirse que lo más sensato sería promulgar una simple reforma de emergencia, aumentando las tarifas actuales (por ejemplo pasar el impuesto de ventas al 15% con ampliación de su base y elevar las tarifas del impuesto de renta de las personas físicas y jurídicas), y desistir de engañar al país haciendo creer que con el manido pacto fiscal se van a solucionar todos los problemas nacionales.

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