Lunes 8 de marzo, 2004. San José, Costa Rica.
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Estado social y reaccionarios

• Ejes del Estado social: salud y educación, no los teléfonos o los seguros

Rodolfo Saborío Valverde

En los últimos días, el estandarte del Estado social ha sido desempolvado por los nuevos reaccionarios. Recuerdo que, en mis años de universidad, muchos jóvenes idealistas soñábamos con transformar la sociedad y, por razones equivocadas o no, sentíamos que el camino más corto pasaba por el cuestionamiento de las bases mismas del statu quo. Todo lo que se opusiera al proceso de construir una sociedad más solidaria y justa, según las definiciones esquemáticas a las que inclinan a veces los ímpetus de juventud, era inmediatamente considerado como reaccionario. La entronización de la cleptocracia en Costa Rica desde los años setentas no era la mejor fuente de inspiración para que las nuevas generaciones creyeran en el sistema.

La institucionalidad costarricense ha avanzado en los últimos 30 años, a tal punto que los niveles de transparencia y control recíproco de los poderes hacen cada día más difícil a los políticos tradicionales servirse descaradamente del poder público. A pesar de décadas de improvisación y latrocinio, decenas de miles de buenos costarricenses han bregado incansablemente para sostener a flote el andamiaje asistencial que ha hecho de este un país muy diferente de otros.

Movilidad en jaque. Se puede afirmar que los servicios de educación y salud son la pieza clave sobre la que se sustenta el Estado social costarricense. Sin embargo, no cabe duda de la necesidad de revisar profundamente los esquemas organizativos, dentro de los cuales se brindan esos dos servicios esenciales. Durante mucho tiempo la educación pública fue el camino por excelencia para la movilidad social. Hoy, el primer indicio de la movilidad social es no tener que hacer uso de la deteriorada educación pública. La salud pública enfrenta una situación similar.

La intervención del Estado en el subsidio de la vivienda, la eliminación de las desigualdades, el fomento a las cooperativas, microempresas y pequeñas empresas y la conservación del ambiente son componentes del Estado social también necesitados de ajustes importantes, orientados esencialmente a disminuir el enorme costo de administración que hace que la mayoría de los recursos se queden en el camino y no lleguen a los beneficiarios.

Si hay algo que se pueda afirmar entonces del Estado social costarricense es que se encuentra necesitado de transformaciones urgentes para lograr que los servicios sean de mayor calidad, más eficientes, libres del clientelismo politiquero que todavía los aqueja y que recuperen su vocación esencial: ser pieza clave del desarrollo con equidad.

Múltiples diferencias. Estamos lejos, entonces, de alcanzar un nivel aceptable de Estado social ya que son muchas las deficiencias institucionales y las desigualdades sociales a las que debemos encontrarles solución. Es en ese contexto donde los nuevos reaccionarios vienen a ser quienes se aferran a un modelo institucional inoperante y urgido de reformas profundas, con tal de mantener sus privilegios y seguir medrando a la sombra de estructuras administrativas insensibles a los fines sociales que deberían estar cumpliendo.

No es cierto que el Estado social se afecte porque se permita que los costarricenses tengamos acceso a nuevas alternativas de servicios de valor agregado en telecomunicaciones. Tampoco es cierto que el Estado social se afecte porque los ciudadanos tengan la posibilidad de elegir entre distintos operadores de seguros. Reducir el Estado social a dos actividades públicas empresariales es un sinsentido mayúsculo y un desconocimiento del significado histórico de esa noción.

Defendamos el Estado social perfeccionando los servicios asistenciales básicos, procurando que todos los costarricenses tengan acceso a servicios de educación y salud de calidad, que puedan aspirar a tener una vivienda digna, que cada quien pueda desarrollar a plenitud su potencialidad en cualquiera de las inagotables facetas que permite la creatividad humana. Defendamos el Estado social haciéndolo cada día mejor, pero, por favor, no hagamos demagogia en su nombre.


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