Viernes 21 de mayo, 2004. San José, Costa Rica.
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Todos quieren ser directores

• El desempleo profesional se incrementa

Carlos Viales Boniche M.B.A.


viales@racsa.co.cr

Con la apertura de nuestro proyecto “Reclutamiento Efectivo”, profundizo en un tema que ya está calando hondo en los costarricenses y que repercute directamente en su idiosincrasia Y bien lo decía “Porter” en su reciente visita: “Los ticos están cayendo en un error, se están creyendo más que los demás, su ego no los deja pensar ni actuar”.

Analizando esta situación, me enfoco directamente a la academia. ¿Qué culpa tienen nuestros jóvenes, si constantemente son golpeados publicitariamente por todas las universidades, en donde se manipula a la gente con mensajes subliminales en los cuales ponen de manifiesto el éxito profesional de sus graduados, en función de un estatus privilegiado a través de beneficios inimaginables?

“Ya no queremos ensuciarnos las manos” decía mi abuelo; y pensándolo bien tenía toda la razón. No queremos un salario menos de quinientos mil colones, no queremos un trabajo pesado, no trabajamos en horarios nocturnos, los fines de semana son sagrados.

El precio emocional. Todos quieren ser gerentes o directores, para eso estudiaron. Recuerdo, hace poco, una academia dedicada a la formación de profesionales íntegros en su ética y valores. La situación actual es diferente, es un mundo laboral turbulento, en donde se busca un desarrollo “profesional” acelerado a cambio de una inestabilidad personal, por otro lado, surgen las frustraciones, a raíz de los factores competentes en el sector laboral, que es más exigente día a día. Pretendemos ser “caciques”; aquí es donde surge el problema y no nos damos cuenta del error en que estamos cayendo. El problema se incrementa, las universidades surgen de la nada. Lo que importa es el negocio a costillas de una idiosincrasia falsa hacia las personas y todo un país. Nos estamos engañando nosotros mismos.

Este problema es integral, debe de ser declarado de “emergencia nacional” si pretendemos el desarrollo que estamos buscando. La experiencia apunta hacia una formación técnica profesional, es lo que pide el mercado a gritos.

Me culpo yo mismo al pensar en una educación “elitista y de poder económico” a mis hijos; pero, observando la desesperación de muchos profesionales sin empleo, yo me pregunto: ¿Hasta que punto podemos ostentar que la educación es sinónimo de erradicación de la pobreza?


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