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/LA NACIÓN

Cleptocracia en acción

No podemos permitir que nos sigan robando el país

Rodolfo Saborío Valverde
www.saboriocoto.com

Hace ya ocho años, en el artículo titulado “El país tomado” (Página quince, 6/9/96), sostenía yo lo siguiente: “Nuestro país ha venido siendo tomado poco a poco, en una forma tan envolvente que, de repente, con dificultad subsisten espacios en la vida nacional donde las oficialidades hayan dejado algo sin repartirse”.

Me refería, por supuesto, a la forma sistemática en que el bipartidismo se ha venido repartiendo desde hace 30 años todos los altos nombramientos públicos, el acceso al crédito público, las adjudicaciones de las grandes adquisiciones del Estado, innumerables sistemas de subsidios diseñados para la rapiña, todo con la compra simultánea de las conciencias de los gremios sindicales a cambio de convenciones colectivas abusivas, la tolerancia de la ineficiencia y la indolencia que permite el compartir el pillaje de las arcas públicas.

Durante muchos años, la prensa seria y profesional ha afrontado grandes dificultades para cumplir con su papel de fiscalizador de los asuntos públicos, llegando al extremo de que la represión penal judicial se ejercía en contra de los periodistas y no en contra de los malhechores. A esta situación me referí en el comentario “Más impunidad, menos libertad” (1°/11/00), cuando sostuve: “Cada vez que un politicastro logra salirse con la suya evadiendo la justicia, somos menos libres”.

Trascendente actitud. Afortunadamente, tenemos ahora como jerarca del Ministerio Público a una persona que entiende que no podemos permitir que nos sigan robando el país, y ha establecido, como una de sus prioridades, la lucha contra la corrupción.

Esa actitud es más trascendente en la medida en que llega cuando los órganos primarios de control de la Hacienda Pública, la Asamblea Legislativa y su auxiliar la Contraloría General de la República, han dado muestras de un absoluto fracaso, como los hechos se encargan de atestiguar día con día.

Estamos, sin duda, en un punto de inflexión, a partir del cual nuestro país no volverá a ser el mismo. Sin embargo, el bipartidismo cleptócrata sigue vivo, y en los últimos meses ha dado signos de vigencia imponiendo nombramientos de altos cargos públicos a diestra y siniestra.

Todavía sigue siendo válida la pregunta que formulamos con motivo de las anteriores elecciones en el comentario “Oportunidad para el ciudadano” (5/1/02): “¿Qué pasa con los ciudadanos que están cansados de que nuestra democracia haya terminado siendo una cleptocracia y que creen que con su voto todavía tienen una oportunidad de cambiar esa situación?”. Con motivo de ese mismo proceso electoral, afirmé en el comentario “Bipartidismo agotado” (25/1/02): “La experiencia inmediata le dicta al ciudadano que el bipartidismo es malo, es corrupción, es pobreza, es despilfarro de recursos, son servicios de mala calidad, es el reino de los privilegios para unos pocos”.

Intereses corporativos. La política no permite vacíos, y esto de alguna manera deberá reflejarse en la recomposición del espectro partidario. Debemos procurar que los espacios que están llamados a fomentar el civismo y la participación honrada en la política, no sean tomados por los intereses corporativos, que tantos años han medrado a la sombra del bipartidismo.

No será fácil ponerle término a la cleptocracia. Hará falta que surjan verdaderas opciones políticas que no sean el fruto de un descontento pasajero ni del llamado de un líder ocasional. Para señalar el camino, hace falta una concepción clara de los cambios institucionales que deben introducirse para corregir el rumbo. Cambios en el sistema electoral, en la organización de los poderes estatales y en la gestión y operación de los servicios públicos, un verdadero potenciamiento de los gobiernos locales con transferencia de recursos y funciones para acercar el poder a los ciudadanos; en fin, reformas efectivas para conducir al país por caminos de bien común y dejar atrás este oscuro capítulo de nuestra historia.

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