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Derecha, izquierda y Caribe

Vicente y el gringo se necesitan, se odian porque se aman; se definen mutuamente

Rodrigo Alberto Barahona
Director del Hospital Psiquiátrico Latino, BOSTON

Nietzche dictó que de Sócrates había que dudar porque era feo. Ergo, Montaner es feo, y eso que no es ningún Sócrates; fascista intelectual, prepotente e insoportable, su discurso antivida desconectado al pulso latinoamericano se aproxima al racionalismo absurdo que Nietzche critica en Sócrates por preferir al mundo del más allá al del mas acá. ¿En cuál de los dos vive Montaner? Sobre Latinoamérica, se parece al delirante europeo de siglos atrás con meta final indudable: educarnos, queridos indios latinoamericanos. ¿En cuál de los dos mundos nos quiere? Latinoamérica conoce bien las condiciones generadas por los estados ultraderechistas: guerrillas de sangre fría, izquierdismo descarrilado, marxismo sin Marx. Nuestro presente socialismo sudamericano está en tensión dialéctica con la influencia arrasadora de EE. UU. ¿Como negar el cinismo y la agresividad infiltradas en los apuntamientos de Wolfowitz, Bolton y Negroponte, este último ya famoso en Centroamérica?

¿Y nuestro izquierdismo extremo, de camiseta del Che sentimental lista para tirarnos a la calle? Una imagen enigmática de nuestra historia reciente: dos estudiantes haciendo bulla con los vendedores ambulantes frente las cámaras. Activismo estudiantil callejero, a puro impulso, sin reflexión sobre las tensiones entre temas opuestos: Actuar por el mero placer de actuar equivale al montanerismo, la pereza intelectual sumada al placer de ser Montaner. Es activar ese mismo desinterés y abuso, vuelto caprichoso activismo, que los mismos vendedores josefinos reclaman al Gobierno. ¿Dónde acabó este solidarismo estudiantil? En Caccios, en las birras, sin los vendedores. ¿Y el frente unido, coherente, intelectual, de nuestra nueva generación universitaria, que no incluya la obligada referencia maoista ni confunda los chicken wings y sportsbooks con la liberación cosmopolita?

La Caribe de Ramírez. Ingeniosamente llena de trampas intelectuales, prefiero pensar que existen al propósito y que Ramírez es un hegeliano implacable. Es fácil hablar del Che/Montaner/feo/bonito; por eso, me agradó la idea del Vicente antihéroe, un tico tan falso que hasta malas palabras dice en momentos de ira: pensamos en él y sus dilemas pasionales/ideológicos sin entregarnos a la identificación fácil con un héroe espejo de nuestro ideal del yo: Sin querer ser él, lo entendemos. Sencillo, débil, complejo como todos, no es un hombre trágico; paga por sus decisiones ya que así escogió vivir. Desea a Gandoca por la misma razón que la petrolera: interés propio.

Su antítesis: el gringo feo de pesadilla izquierdista: malo, interesado en dólarres, parece al lamentable judío de la propaganda nazi y galvaniza bien las ideologías de la película. Notemos, sin embargo, el mismo racismo y miopía violenta reclamada a los petroleros infiltrada en la construcción del estereotipado gringo feo.

Vicente y el gringo se necesitan, se odian porque se aman; se definen mutuamente, aunque uno lee Galeano y el otro Montaner; viven avariciosos, deshonestos; la verdad de Caribe no está sobre las alas del pelicano limonense, sino en la sirvienta, intérprete de los inconscientes del drama pasional: Le pregunta a Vicente si prefiere pechuga o pescado, y todos sabemos lo que realmente está preguntando. Nos salva de una interpretación vaga de Caribe, con un Vicente bueno y de donde salimos sintiéndonos presa fácil de una trampa intelectual: No olvidemos que en Cuba, durante los años 59-62, el Che bonito, no el de Gael, ordenó casi 4.000 ejecuciones de prisioneros, muchos menores de edad -14 de ellas, se cree, con sus propias manos-, cifra que debería desaparecer los abusos de Abu Graib, por atroces que sean, del discurso de los encamisetados guevarianos de la avenida central.

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