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Mundial: Columna Primera fila Ridículo y rendición de cuentasJulio Rodríguez, editor de opinión y editorial De las 32 selecciones en el Mundial, 16 quedarán fuera del redil, entre ellas, Costa Rica. Sin embargo, la decepción nacional no proviene de esta realidad, que engloba aun a seleccionados de altos quilates. Nuestra frustración proviene del ridículo. Nos convirtieron en el hazmerreír del mundo. ¿Es severo este juicio? Los hechos lo confirman, aunque derrotemos a los polacos. El problema de esta selección no radicó en la desaplicación de líneas de 3 o de 4, sino de algo infinitamente peor: el desconocimiento e inobservancia de los rudimentos del futbol moderno. Eso fue lo que exhibimos ante el mundo. Ni siquiera cabe decir que el nuestro fue un futbol arcaico. Lisa y llanamente, eso no fue futbol. Olvidamos lo esencial: cuando no se dominan radicalmente los principios, y las bases son endebles, el edificio se derrumba. Este ridículo, sin embargo, no se engendró en el aire. Cabe enunciar dos causas: primera, la mediocridad del campeonato interno. Segunda, el irrespeto y sinrazón con que se destituyó a Jorge Luis Pinto para colocar a Guimaraes, tras el empate -decisivo para la clasificación- con Honduras y con Trinidad y Tobago. Ahí comenzó todo: amiguismo, improvisación, carencia de análisis, complacencia, criterios errados sobre la escogencia de los jugadores, reiteración obsesiva de las fallas del equipo, sin rectificación; declaraciones o justificaciones infantiles, y -surrealismo pura vida- un proceso sostenido, pero hacia atrás. Al menos, tenemos derecho a un trofeo: le explicamos al mundo lo que no es el futbol y cómo es posible llegar a un Mundial sin sujeción a las normas básicas de planeamiento, orden y señorío sobre las claves modernas de este deporte. Al parecer, el objetivo supremo era "ir a Alemania". Y cuantos más, mejor. Obviamente, figuran otras causas explicativas de este desbarajuste, pero, este será tema de otro día. Por ahora, un elemental sentido de responsabilidad y decencia exige rendición de cuentas cabal, de parte de los responsables de esta triste exhibición.
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