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Cineforo La sociedad está dividida por muchas líneas y no las vamos a borrar de un solo plumazoSaúl Weisleder Allá en las décadas de 1960 y 1970, era bastante usual que se organizaran sesiones de cineforo para analizar alguna película que, ya fuera por su técnica cinematográfica o por su contenido ("el mensaje"), resultaba de interés para un sector del público. ¿A cuántos foros de este tipo asistimos los estudiantes o jóvenes profesionales de la época? Pero, con el tiempo, ha decaído este tipo de actividad. ¿Por qué? No intento responder a esta inquietud. Más bien, según explicaré, quiero sugerir que una actividad de esta índole, con la dinámica que puede generar, puede ser útil en esta etapa de nuestra convivencia. Me explico: Asistí a una función de la película Alto impacto (Crash), ganadora del Oscar a la mejor película en el certamen de este año. No era la favorita antes de la ceremonia de entrega de los premios, pero sí una de las finalistas. Ignorancia del prójimo. Me gustó la película por su manera no dogmática de tratar el tema. En ella, los personajes no son solo buenos o solo malos; el filme deja atrás ese tonto y peligroso maniqueísmo. Cada quien maneja estereotipos, prejuicios, fobias y filias. Los personajes son presa de las pequeñas o las grandes miserias humanas. A partir de incidentes "simples", como un choque de carros, o más graves, como asaltos callejeros, cada quien reacciona de un modo particular, desatando dinámicas colectivas imprevisibles. Pero, en el acontecer de las varias historias paralelas que se van contando, los personajes van descubriendo nuevos colores, nuevos matices, factores agravantes o atenuantes de la conducta "del otro". Y he aquí lo que creo más valioso del planteamiento. La película transcurre en Los Ángeles, una de las metrópolis más diversas cultural, social y étnicamente de ese complejo crisol que son los Estados Unidos, país que vive un proceso creciente de deshomogenización y, a la vez, de conflictividad. El director o el autor de la historia se apoya en ese sustrato de conflictividad y agresividad para señalar cómo la ignorancia del otro, o sobre el otro, va generando una escalada, una espiral de confrontación, la incapacidad de entender al distinto, de escudriñar en sus motivos o razones, de descubrir lo que es común y esencial, para superar diferencias que no merecen quebrar los lazos fundamentales. El tema racial predomina como fuente de incomprensión y conflicto, pero, como bien ilustra la película, no acaba ahí: es la esposa que le reclama al marido o este a ella, la madre que desconoce a su hijo y lo castiga psicológicamente, mientras "consiente" al hijo indolente que cae en el delito. Es la mujer blanca de clase alta que vive en una burbuja angustiada por nimiedades y que impone su poder arbitrariamente, hasta que descubre que es precisamente su empleada mexicana, objeto de sus furias, quien resulta ser "su mejor amiga". Tratar de entender "al otro": pobre o rico, empleado o patrono, negro o blanco, árabe o judío, distinto a nosotros, con sus problemas, prejuicios y anhelos; sus temores y ambiciones, su ignorancia o sabiduría. De eso se trata. Realidad multifacética. Y no se trata de acometer una tarea ingenuamente: la sociedad está dividida por muchas líneas y no las vamos a borrar de un plumazo. Tampoco vamos a acabar con los conflictos generados por intereses objetivamente contrapuestos. Pero a lo mejor podemos, como sociedad, identificar algunos temores sin fundamento, algunas buenas voluntades no canalizadas adecuadamente, algunos intereses similares, algún "toma y daca" legítimo. ¿Por qué no? Sería interesante que alguien organizara un cineforo sobre esta película, con la participación de algunos de los actores más conspicuos y diversos de nuestra realidad colectiva actual. Un cineforo sin arengas ni discursos, para oír y escuchar; para intentar descubrir qué del otro me es afín o simpático, qué de él puedo tomar para revisar lo que pienso. Es absolutamente necesario que nos llenemos de buena voluntad porque debemos tomar, colectivamente, decisiones sumamente importantes y estratégicas, y se percibe un ambiente de desconfianza y mutua sospecha: ¿por qué no tratar de evitar lo que es evitable? Esta vez, Hollywood no nos dio un "final feliz": nos presentó una realidad multifacética y nos invitó a rumiarla. Fueron varios finales, algunos de ellos no tan felices. Pero todos ejemplarizantes.
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